Año de nieves, año de bienes

Por Javier Pardo de Santayana

( Nieve en el Tomillar. Acuarela de J M. Arévalo) (*)

Los españoles solíamos hablar del “buen tiempo” y del “mal tiempo”. Pero nos cambian estas cosas y nos hacen andar algo confusos.

Para los españoles el “buen tiempo” siempre se ha ligado al sol. Pero mucho sol tampoco es demasiado bueno, así que reina una sequía que, para mayor abundamiento, relacionamos con el cambio climático del que tanto se habla, o sea de esa plaga bíblica que pone en peligro la supervivencia de la especie humana en el planeta Tierra. La conclusión es que deseamos fervientemente un cambio drástico que haga caer la lluvia y sobre todo la codiciada nieve: esa especie de reserva concentrada de agua.

En esas estamos. Pero los meteorólogos ya no hablan de “mal tiempo” sino de tiempo “adverso” porque están revolucionando su terminología, supongo que para precisar mejor conceptos. Así también la “gota gorda” de Mariano Medina pasará a llamarse nada menos que “ciclogénesis explosiva”, que suena a gran catástrofe, o también “bomba meteorológica”, que nos hará pensar en algo aún mas gordo. Y las temperaturas estarán en el “rango” – y no “en el orden” – de los catorce grados, que de esta forma suena como más norteamericano.

Bueno, admitamos que la gran nevada que hoy comienza a teñir de blanco mi jardín es una manifestación de “tiempo adverso”. Admitamos también que para quienes hace tan sólo unos días disfrutaban del “buen tiempo” en nuestras playas a pesar de ser el mes de enero ahora puedan considerar que el actual tiempo es malo. Mas no me digan que estando como estábamos amenazados por una catástrofe de tuberías secas y de sembrados calcinados; cuando ahorramos el agua a base de duchas cortas y de artificios para limitarla en los retretes, la llegada – ¡por fin! – no sólo de las lluvias sino sobre todo de la nieve, debiera ser calificada de forma más positiva de la que percibo.

Fíjense ustedes mi sorpresa: cuando yo esperaba oír alborozados gritos de alegría en los telediarios, la favorable noticia del cambio de tiempo nos ha llegó una vez más como motivo de disputa partidista y de desprestigio del gobierno. Amén, naturalmente, de como tema interesante, pero no claramente ligado a su carácter de necesario alivio de una situación insostenible. Como si se tratara de un hecho maldito, la generosa llegada de la nieve está siendo tratada en los medios españoles como un problema para la circulación rodada con atención preferente a la exigencia.

Se dirá, por ejemplo, que “aún falta lo peor” entendiendo por tal que aún caerá más nieve. ¿Pero no quedamos en que esto era el desideratum? ¿No estábamos ya perdiendo la esperanza? ¿No nos mostraban a diario el fondo desierto de unos embalses secos para hacernos ver lo mal que estábamos? Porque a mí me parece que lo normal sería que la llegada de las primeras nieves apreciables hubiera sido acogida con exclamaciones de alegría y comentarios sobre el hecho de que lo tantas veces anhelado se estaba produciendo de verdad. Y que lo normal sería también que la llegada de la gran nevada hubiera sido comidilla diaria de unos ciudadanos encantados de salir de una situación desesperada.

Pues ya ve usted que no. Que lo que hacemos por ahora es mantener el tono de fastidio y exigencia, y lamentarnos de la pertinaz sequía o de las dificultades que encontramos para desplazarnos. Y si persiste la nieve mucho tiempo, de las dificultades que comporta para la vida disria. La cuestión es quejarse de algo y si es posible echar la culpa a alguien.

Espero que para cuando se publiquen estas líneas se haya ya producido el gran milagro: esto es, un cambio de tono generalizado. Por lo pronto, aun en este ambiente dominado por los listillos de los móviles que saben de todo sin saber de nada, oigo de cuando en vez la voz de la sabiduría de los viejos campesinos españoles: esos ancianos de la boina y la cachaba que libres de la petulancia de los “urbanitas» aun dicen cosas sensatas como las del niño que vio que el rey iba desnudo. Suelen salir en la televisión unos segundos para, sorprendidos por tanto revuelo como ven alrededor, decirnos que en el pueblo siempre nevó en invierno.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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