Por Carlos de Bustamante

( Acuarela de Danny Quirk en paisajesybodegonesaloleo. blogspot.com) (*)
Termina al fin lo que el relator recuerda más destacado de lo vivido en este período de nuestro protagonista. No obstante les comunico nuevamente que no descendí o elevé a otros pormenores, aunque digo mal, porque en él de éstos hubo pocos y muchos “pormayores”. De unos y otros les dije repetidamente, creo, que tal vez hace algunos años ya fueron pormenorizados en “Boanerges (hijos del Trueno)”; en “Castilla tierra viva; o en “Buscando mis amores” artículos, les dije, que debidamente ordenados llegaron a ser el argumento de sendas novelas (no venales) que sólo tienen el protagonista y sus amigos o más allegados familiares.
Vamos pues a continuar en este último artículo del largo período (transcurrido en un verbo para confidente y para quien le confió sus a venturas y desventuras). Será, pues, la última y como les he dicho, posiblemente la más importante de las virtudes humanas de cuantas vivió y aprendió en el domicilio paterno-materno y principalmente luego en la incomparable escuela que es la milicia en las Academias primero y con la enseñanza posterior a los soldados de reemplazo que instruyó tanto en territorio africano como en distintos destinos peninsulares durante 23-24 años. Los mismos que transcurrieron con los empleos de teniente y capitán. Servicio (de “servir”) que continuó en los sucesivos como jefe de instrucción o mando de unidades hasta el cometido de gobernador militar de Palencia.
Tras el excesivo preámbulo, toca el turno a la virtud anunciada que a juicio de quien se lo dice, repito, es una de las más, si no la más, importante de las virtudes tanto castrenses como de similar necesidad en la vida civil. Me refiero a la FIDELIDAD. Hago constar previamente, que si, como les he dicho, el niño, adolescente, joven… las aprendió y le fueron inculcadas en la familia primero y en los centros académicos luego, donde este servicio de transmitirlas adquirió mayor y más importante relieve fue, en el fundamental Servicio de darlas plena importancia en compartirlas con los soldados de las sucesivas “quintas” que voluntariamente le fueron encomendadas.
De no ser con este fin difícilmente daría cumplimiento a las exigencias de su vocación. La que bueno es recordar que por ella, la profesión adquiere sentido pleno de Servicio a la Patria representada en los hijos de ella que ejercieron este derecho y deber durante el Servicio Militar por entonces obligatorio. Forja de los mejores soldados del mundo y de ciudadanos de España luego con virtudes indelebles.
Fidelidad he dicho. La que tuvo su inicio en el juramento a la Bandera tras la instrucción básica de Reclutas en los campamentos y ya Soldados tras el juramento en los acuartelamientos propios de cada Arma o Cuerpo. Para los antiguos les recuerdo la fórmula que de Reclutas pasaron a serles propio el honroso título de Soldados de España:
«Soldados (o Caballeros Cadetes): “¿Juráis a Dios y prometéis a España, besando con unción su Bandera, respetar y obedecer siempre a vuestros jefes; no abandonarles nunca y derramar, si fuera preciso, en defensa del honor e independencia de la Patria y del orden dentro de ella hasta la última gota de vuestra sangre?” Después del atronador y unánime “¡¡Sí, juramos!!”, el Páter añadía: «Si así lo hacéis la Patria os lo agradecerá y premiará Y si no, que Dios os lo demande como indignos hijos de Ella.
Ciego sería quien leído o recordado el juramento y posteriores palabras del Páter, puesto que su presencia era consecuente con el juramento al Dios de los cristianos y que lo es también aun de los que crean en otras divinidades, no viera en ellas el compromiso de Fidelidad a la Patria y al Testigo referido en el solemne juramento.
Para centrarnos aún más en la importancia de la virtud dicha, digo a continuación cómo define la RAE ésta virtud de la fidelidad:
Fidelidad. Del lat. fidelĭtas, -ātis.
1. f. Lealtad, observancia de la fe que alguien debe a otra persona.
2. f. Puntualidad, exactitud en la ejecución de algo.
Vosotros, mis amigos y probables únicos lectores, me diréis si en el juramento dicho no está contenida y comprometida la última e importante virtud de la fidelidad. Y por si quedase alguna duda, mírenme, por favor, los sinónimos de fidelidad. Os lo facilito:
Sinónimos: fe, fidelidad, lealtad, rectitud. Juramento, promesa, compromiso, rectitud, palabra, voto, testimonio, fe, ofrenda., nobleza, franqueza, amistad, adhesión, cumplimiento, devoción, honradez, observancia.
Por si lo dicho no bastase, me pete recordar hogaño a los que se declaren voluntariamente cristianos, aquello que aprendimos antaño en el Catecismo del P. Astete o Ripalda:
“El que jura o hace voto o promesa de hacer alguna cosa buena, está obligado a cumplirla; y el no cumplirla o dilatarla notablemente exponiéndose a no cumplirla, peca mortalmente siendo la materia grave”.
Díganme entonces si lo que añadió el Páter inmediatamente después del juramento, es o no materia grave.
DISCURSO DE FRANCO A LOS CADETES DE LA ACADEMIA MILITAR DE ZARAGOZA.
El 14 de junio de 1931, con motivo del cierre de la Academia.
Caballeros cadetes: Quisiera celebrar este acto de despedida con la solemnidad de los años anteriores, en que, a los acordes del Himno Nacional, sacásemos por última vez nuestra bandera y, como ayer, besarais sus ricos tafetanes, recorriendo vuestros cuerpos el escalofrío de la emoción y nublándose vuestros ojos al conjuro de las glorias por ella encarnadas; pero la falta de bandera oficial limita nuestra fiesta a estos sentidos momentos en que, al haceros objeto de nuestra despedida, recibáis en lección de moral militar mis últimos consejos.
Tres años lleva de vida la Academia General Militar, y su esplendoroso sol se acerca ya al ocaso. Años que vivimos a vuestro lado educándoos e instruyéndoos y pretendiendo forjar para España el más competente y virtuoso plantel de oficiales que nación alguna lograra poseer.
Intimas satisfacciones recogimos en nuestro espinoso camino cuando los más capacitados técnicos extranjeros prodigaron calurosos elogios a nuestra obra, estudiando y aplaudiendo nuestros sistemas y señalándolos como modelo entre las instituciones modernas de la enseñanza militar. Satisfacciones íntimas que a España ofrecemos, orgullosos de nuestra obra y convencidos de sus más óptimos frutos.
Estudiamos nuestro Ejército, sus vicios y sus virtudes, y corrigiendo aquellos, hemos de acrecentado éstas al compás que marcábamos una verdadera evolución en procedimientos y sistemas. Así vimos sucumbir los libros de texto, rígidos y arcaicos, ante el empuje de un profesorado moderno, consciente de su misión y reñido con tan bastardos intereses.
Las novatadas, antiguo vicio de Academias y cuarteles, se desconocieron ante vuestra comprensión y noble hidalguía.
Las enfermedades venéreas, que un día aprisionaron, rebajándolas, a nuestras juventudes, no hicieron su aparición en este cuerpo, por la acción vigilante y adecuada profilaxis.
La instrucción física y los diarios ejercicios en el campo os prepararon militarmente, dando a vuestros cuerpos aspecto de atletas y desterrando de los cuadros militares al oficial sietemesino y enteco. Los exámenes de ingreso, automáticos y anónimos, antes campo abonado de intrigas e influencias, no fueron bastardeados por la recomendación y el favor, y hoy podéis enorgulleceros de vuestro progreso, sin que os sonrojen los viejos y caducos procedimientos anteriores.
Revolución profunda en la enseñanza militar, que había de llevar como forzado corolario la intriga y la pasión de quienes encontraban granjería en el mantenimiento de tan perniciosos sistemas.
Nuestro Decálogo del Cadete recogió de nuestras sabias Ordenanzas lo más puro y florido, para ofrecéroslo como credo indispensable que prendiese vuestra vida, y en estos tiempos en que la caballerosidad y la hidalguía sufren constantes eclipses, hemos procurado afianzar nuestra fe de caballeros manteniendo entre vosotros una elevada espiritualidad.
Por ello, en estos momentos, cuando las reformas y nuevas orientaciones militares cierran las puertas de este centro, hemos de elevarnos y sobreponernos, acallando el interno dolor por la desaparición de nuestra obra, pensando con altruismo: se deshace la máquina, pero la obra queda; nuestra obra sois vosotros, los 720 oficiales que mañana vais a estar en contacto con el soldado, los que los vais a cuidar y a dirigir, los que, constituyendo un gran núcleo del Ejército profesional, habéis de ser, sin duda, paladines de la lealtad, la caballerosidad, la disciplina, el cumplimiento del deber y el espíritu de sacrificio por la Patria, cualidades todas inherentes al verdadero soldado, entre las que destaca como puesto principal la disciplina, esa excelsa virtud indispensable a la vida de los ejércitos y que estáis obligados a cuidar como la más preciada de vuestras prendas.
¡Disciplina!…, nunca buen definida y comprendida. ¡Disciplina!…, que no encierra mérito cuando la condición del mando nos es grata y llevadera. ¡Disciplina!…, que reviste su verdadero valor cuando el pensamiento aconseja lo contrario de lo que se nos manda, cuando el corazón pugna por levantarse en íntima rebeldía, o cuando la arbitrariedad o el error van unidos a la acción del mando. Esta es la disciplina que os inculcamos, esta es la disciplina que practicamos. Este es el ejemplo que os ofrecemos.
Elevar siempre los pensamientos hacia la Patria y a ella sacrificarle todo, que si cabe opción y libre albedrío al sencillo ciudadano, no la tienen quienes reciben el sagrado depósito de las armas de la nación, y a su servicio han de sacrificar todos sus actos.
Yo deseo que este compañerismo nacido en estos primeros tiempos de la vida militar, pasados juntos, perdure al correr de los años, y que nuestro amor a las armas de adopción tenga siempre por norte el bien de la Patria y la consideración y el mutuo afecto entre los compañeros del Ejército. Que si en la guerra habéis de necesitaros, es indispensable que en la paz hayáis aprendido a comprenderos y estimaros.
Compañerismo que lleva en sí el socorro al camarada en desgracia, la alegría por su progreso, el aplauso al que destaca y la energía también con el descarriado o el perdido, pues vuestros generosos sentimientos han de tener como valladar el alto concepto del honor, y de este modo evitaréis que los que un día y otro delinquieron abusando de la benevolencia, que es complicidad de sus compañeros, mañana, encumbrados por un azar, puedan ser en el Ejército ejemplo pernicioso de inmoralidad e injusticia.
Concepto del honor que no es exclusivo de un Regimiento, Arma o Cuerpo; que es patrimonio del Ejército y se sujeta a las reglas tradicionales de la caballerosidad y la hidalguía, pecando gravemente quien crea velar por el buen nombre de su Cuerpo arrojando a otro lo que en el suyo no sirvió.
Achaque este que, por lo frecuente, no debo silenciar, ya que no nos queda el mañana para aconsejaros.
No puedo deciros, como antes, que aquí dejáis vuestro solar, pues hoy desaparece; pero sí puedo aseguraros que, repartidos por España, lo lleváis en vuestros corazones, y que en vuestra acción futura ponemos nuestras esperanzas e ilusiones; que cuando al correr de los años blanqueen vuestras sienes y vuestra competencia profesional os haga maestros, habréis de apreciar lo grande y elevado de nuestra situación: entonces, vuestro recuerdo y sereno juicio ha de ser nuestra más preciada recompensa.
Sintamos hoy al despediros la satisfacción del deber cumplido y unamos nuestros sentimientos y anhelos por la grandeza de la Patria gritando juntos: “¡Viva España!”.
Si de aquí no se deduce la virtud de la fidelidad, “que venga Dios y lo vea” (con perdón). Y continuará.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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