Crónicas de agosto: Aventura hacia el sol

Por Javier Pardo de Santayana

( Sonda Parker orbitará la atmósfera del Sol)

Hasta ahora no he oído a nadie comentarlo. Y supongo que alguien lo habrá hecho, pero no creo que se haya convertido en tema de conversación corriente. Empeñados como estamos en dimes y diretes y en protestar y en insultar al prójimo – en disfrazar la realidad para sacar provecho del engaño – las grandes hazañas de la Humanidad poco interés parecen despertarnos.

El tema del que hoy escribo es sin embargo uno de los empeños más osados de la raza humana, ya que si para ésta el problema principal es el misterio con que topamos tan pronto tenemos uso de razón, no va mucho a su zaga el del conocimiento de nuestra propia circunstancia; esto es, del marco físico en el que nos encontramos insertados: nuestra condición indudable de terrícolas. Y en este marco difícilmente podrá dejar de interesarnos cualquier información que se refiera a la estrella de la que depende nuestra vida.

Así el sol – tan lejano y tan cercano que lo sentimos en nuestra propia piel – es una gran incógnita de la que desconocemos casi todo. Y eso que suponemos que ha de llegar un día en que se apague y “se termine el mundo”.

Pues bien, la gran noticia de hoy es, nada menos, que este mes de agosto – hoy mismo para ser precisos – abandonó el planeta un artefacto que se dirige al sol directamente. Osada pretensión por cierto, puesto que, para empezar, la sonda que enviamos tendrá que soportar unas temperaturas tan extremas que bien pudieran ser insoportables.

Mas no se preocupe, improbable lector mío; que al parecer ese problema también acabará siendo superado. En efecto, los técnicos nos dicen que un escudo térmico mínimo para las dimensiones del espacio – de dos metros y pico de diámetro tan sólo – protegerá los aparatos de tal forma que una temperatura exterior de más de quince mil grados se convertirá en unos soportables treinta. Lo cual me incita a cavilar un rato sobre el hecho de que este mundo en que vivimos contiene todo cuanto precisamos, sorprendente realidad corroborada por la experiencia propia. Así, en contraposición con lo observado en este experimento, también encontramos solución a otro problema exactamente opuesto, esto es, a defendernos de temperaturas extremadamente bajas.

Y la pregunta surgirá inmediatamente: ¿No podría haber ocurrido que esta Tierra, limitada en recursos necesariamente, careciera de sustancias disponibles para superar algún problema clave? Téngase en cuenta que en su planeta el hombre sólo encontró tres cosas – la tierra, el aire y el agua, y si me apuran, también quizás el fuego – que de entrada no revelaban las inmensas posibilidades que encerraban. Así que, no habiendo otra cosa más a mano, tuvo que aprovechar su inteligencia para procurarse cuanto necesitaba extrayéndolo de estos simples recursos esenciales.

Por ejemplo, necesitaba una sustancia flexible que botase, o que flotara, o que volara, y consiguió encontrarlas; precisaba de algo de extrema dureza para romper o perforar substancias resistentes, y también lo obtuvo; quería reflejar la luz, o las imágenes, y a su disposición lo encontraría. Tal como también encontraría todos los principios que le permitirían vencer cualquier enfermedad posible… Nada crearía el hombre nunca aunque se le ofreciera la posibilidad de acceder a sustancias externas a su entorno, mas bajo una apariencia de simplicidad escénica tenía a su disposición todo cuanto pudiera serle necesario. Sólo descubriría que con su trabajo y con su inteligencia podía lograr estos milagros aparentes.

Incluso para viajar por el espacio, es decir, ya fuera de su “zona de confort” como hoy suele decirse, sería capaz de superar los retos. Porque el proyecto obliga a producir velocidades de vértigo y a modular los movimientos de la nave a distancias casi inconcebibles. Y para conseguirlo tendrá que hacer llegar sus órdenes a través de distancias siderales y obtener datos sin que las extremas condiciones del entorno distorsionen la precisión de las operaciones y los cálculos. Estamos hablando, nada menos, de velocidades de 700.000 kilómetros por hora y de un entorno de vientos solares cuyas características nos son aún desconocidas. O de una corona solar que alcanza temperaturas de millones de grados mientras la superficie de la estrella permanece tan sólo a cinco mil quinientos.

Todo esto, si no falla nada, podrá conseguir el ser humano con la Sonda Solar Parker sin utilizar otros medios que los que le son proporcionados, “gratis et amore”, por el ameno paisaje de este bello planeta en que vivimos.

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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