Discusiones inútiles

Por Javier Pardo de Santayana

( Viñeta de Anthony Garner en El Periódico el pasado día 22 de agosto) (*)

Imagínese a una policía que se encuentra sola en un pasillo con un norteafricano que irrumpió en la comisaría enarbolando un gran cuchillo, y que él exclama el consabido grito de “Alá es grande”. Vamos, que la situación es como de blanco y en botella… Pues observe usted ahora cualquier tertulia en la radio o en la televisión, y cuente el tiempo empleado por los periodistas o comentaristas para discutir sobre si fue lícita o no la reacción de la señora, que consistió en defenderse a tiros de pistola. La discusión se centrará en que, según parece, el asesino en ciernes tenía un problema relacionado con su propio sexo, asunto que hoy exige una comprensión muy matizada, y de la que, por lo que se ve, careció la policía en cuestión, puesto que ni se la ocurrió preguntar al susodicho a cuál de las siglas de “los distintos géneros posibles” se consideraba por ventura adscrito.

La cuestión debatida sería si la señora pudo o no pudo optar por otra solución distinta a la de usar su arma; por ejemplo – supongo – dejarse acuchillar por el intruso. Pero no sé muy bien a qué podrían referirse; si a la opción de conversar amablemente con el individuo en lugar de utilizar su munición reglamentaria, es decir, haber sondeado previamente las razones de un comportamiento tan alejado del código de la ciudadanía.

En todo caso tendrían que andarse con mucho ojo para no hacer alusión en el debate a la condición de mujer de la implicada: nada de referirse de una u otra forma a un sentimiento de indefensión en razón de su “género”; nada que pudiera ser interpretado como velada alusión a la debilidad del sexo femenino. Con lo cual no trato de decir que las tertulias observadas condenaran del hecho a la autoridad armada; sólo me extraña que el asunto diera lugar siquiera a cualquier duda. Vamos, que para mí no había discusión posible sobre la licitud de la defensa a tiros.

Algo bastante parecido ha sucedido con las declaraciones del Presidente de la Generalidad, considerado como un nazi por nuestro presidente del Gobierno, y mire usted si, siendo socialista, lo de nazi no es una expresión definitiva. Pues bien, ahora desde su alto cargo y responsabilidad aquel señor anuncia su decisión de llevarse por delante nada menos que al Estado (!) siendo así que es él quien lo representa en Cataluña. Y, sin embargo, el gobierno amenazado asegura que se trata tan sólo de palabras, así que pelillos a la mar. Pero tampoco se quedan aquí mudas las tertulias, que se complicarán la vida dando vueltas sobre si esa contradicción difícilmente digerible debe ser o no tomada en serio para que actúe la justicia. O sea que amenazar con destruir una nación – y hacerlo por boca de uno de sus representantes – es como hablar del tiempo que hace o de los resultados del Rayo Vallecano: algo que tiene a la mayoría de la gente sin cuidado. Y sin embargo el caso es claro para cualquiera que tenga uso de razón, así que poco debiera discutirse sobre la incapacidad manifiesta para el puesto que ocupa el individuo que pretende destruir lo que tiene encomendado defender. Y que lo que él anuncia, además de referirse a su intención futura se refiere también a algo que ya sucede, lo que es impresentable a todas luces y digno de ser juzgado como un crimen contra los ciudadanos españoles.

También es hoy objeto de debate la pretensión de sacar a un antiguo jefe del Estado de su tumba. Y digo que éste no es un tema del que debieran ocuparse los políticos: que abrir tumbas y sacar de paseo a los difuntos no me parece un ejercicio propio de un gobierno y menos si se hace sin pedir permiso a las familias. Sólo demuestra su incapacidad para hacer otras cosas de mayor enjundia y es una forma de encubrir una debilidad evidente. Pero el hecho es que también aquí nos tienen discutiendo innecesariamente los unos con los otros, que en eso sí que parece que el gobierno está empeñado: en resucitar las dos españas y hacer que las generaciones nuevas crean que los perdedores eran unos santos y quienes se les opusieron, asesinos; que nunca sepan que comunistas y anarquistas – que de demócratas debían tener poco puesto que se llevaron por delante al Jefe de la Oposición y falsificaron el resultado de las elecciones – más los imprescindibles “tontos útiles”, se cargaran nuestra convivencia y arremetieran contra una mayoría de cristianos que sufrió la mayor matanza de la Historia, que de todo eso sé porque yo mismo lo he vivido.

Y como no hay más forma de dar vueltas a la cosa sin crear un ambiente de confrontación entre los españoles – contradiciendo así unas pretendidas intenciones de ”normalización” que no de “pacificación” o “entendimiento” – las razones oficiales manejadas se reducen a una nueva versión de la agitprop que consiste en fomentar la discusión sobre algo que deberíamos ver ya como una parte de la Historia en la que culminó la decadencia, y que – después de dos guerras mundiales en los que España se mantuvo en paz – concluiría felizmente con una transición que se juzgó modélica.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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