25 años D.O. “Cigales”. 23. Los viñedos viejos en la elaboración de tintos. I

Por José María Arévalo


( Vides cerca de La Legua. Acuarela de J. M. Arévalo. 36×43) (*)

“Los viñedos viejos y su papel en la elaboración de los vinos tintos” es el título del artículo de Tomás Jurío Sanz, el tercero del apartado IV “El vino en la D.O, Cigales: elaboración y comercialización” del libro conmemorativo “La comarca vitivinícola de Cigales: viñedos, bodegas y vinos. 25 años de la D.O. Cigales” que venimos reseñando en estas páginas. Jurío Sanz es ingeniero agrónomo de la bodega Finca Museum, enólogo, máster en enología y viticultura.

Después de una introducción, incluye los apartados “Situación del viñedo en la D. O. Cigales, 2016 vs. 1991”, “Cuándo podemos considerar a un viñedo viejo”, “Mirando en el interior de la cepa”, “El viñedo viejo y su papel en el vino tinto” y una conclusión. A lo largo de ellos, en una muy interesante disertación, Tomás Jurío promueve proteger la diversidad del material genético que tienen las viejas cepas, dejando a un lado intereses vitivinícolas particulares; aunque es lo cierto que la labor de proteger y conservar la biodiversidad genética sin contar con la ayuda de las administraciones públicas, es una labor ímproba. Finalmente entiende que si queremos conservar nuestro patrimonio vitícola deberemos reivindicar un tipo de vinos diferentes: nunca podremos darle valor al viñedo viejo si con sus uvas pretendemos elaborar vinos jóvenes.

Reproducimos hoy la introducción y en próximas semanas completaremos el resto del artículo.

INTRODUCCIÓN

“Desde hace unos pocos años atrás, en este apasionante mundo del vino y de la viticultura se viene hablando y escribiendo mucho sobre «viñas viejas». Sin embargo, si antaño nadie se planteaba está cuestión ¿por qué ahora sí? ¿Quizá ahora nos hayamos dado cuenta que la calidad de los vinos procedentes de las uvas de estas cepas viejas es posiblemente superior? ¿Quizá es que en la actualidad, dada la escasez de estos viñedos, poseerlos sea un factor diferenciador de cara al marketing y la publicidad?.

Lo que sí parece evidente es que nos encontramos ante una gran paradoja, cincuenta años atrás nadie en este país hablaba de viña vieja, simplemente se plantaban, se cuidaban, se sacaba rendimiento de ellas y cuando su rendimiento era escaso o su uva de mala calidad por encontrarse la cepa anciana o enferma se repetía el ciclo. Además, se tendía a plantar el viñedo en tierras pobres, pedregosas, laderas, dicho de otro modo en tierras difíciles; y la razón de esto no era otra más que la viña puede vegetar correctamente en este tipo suelos, y otros cultivos como cereales, hortícolas, etc. no podían hacerlo. Desde entonces hasta hace escasamente unos pocos años el vino que se consideraba «mejor» generalmente era el de la cosecha más antigua, sobre todo si la añada era calificada como excelente, dejando los vinos jóvenes para el día a día y siempre considerados de menor calidad.

Nadie en ese tiempo se planteaba la edad del viñedo entre otras cosas porque había mucho viñedo viejo y el vino era algo de consumo habitual, entraba en la alimentación diaria, y por ello los grandes vinos eran los de guarda que habían pasado por barricas, los hoy casi olvidados y denostados «grandes reservas». Actualmente los gustos del consumidor han cambiado y la moda es otra, lo que demandan los consumidores son vinos jóvenes, la «fruta» está muy de moda, y curiosamente por otro lado se vende y se habla de «viña vieja». Cabe preguntarse para qué queremos la viña vieja si lo que queremos es fruta, esta es la gran paradoja.

Lo que parece bastante probable es que el motivo principal de hablar y vender vinos de uva procedentes de «viña vieja», no tiene como objeto proteger la diversidad del material genético que tienen estas viejas cepas, que bajo mi punto de vista debería de ser lo más importante dejando a un lado intereses vitivinícolas particulares. Sin embargo, esta labor de proteger y conservar esta biodiversidad genética sin contar con la ayuda de las administraciones públicas, es una labor ímproba.

En España a mediados de los años setenta del siglo pasado se comenzó a desarrollar tímidamente procesos de selección clonal, que posteriormente, y sobre todo alrededor de los noventa, se generalizó. Esta selección se ha ido desarrollando sobre variedades que comercialmente más interesaban, introduciendo a su vez variedades y clones foráneos. En base a esto podría considerarse de forma general que los viñedos españoles y por tanto los de la D. O. Cigales con menos de veinticinco o treinta años son viñedos de clones determinados dentro de su variedad, apareciendo a su vez en nuestros campos viñedos de variedades foráneas. Creo conveniente aclarar que por variedad entendemos el conjunto de individuos que tienen iguales características morfológicas y su comportamiento es muy similar, y por clon se entiende todos aquellos individuos que son genéticamente idénticos y que por tanto proceden de un solo individuo origen que previamente ha sido seleccionado de acuerdo a alguna característica que ha interesado.

Por otro lado nos encontramos en la D. O. Cigales con variedades no autorizadas en su reglamento pero que llevan más de 60 años en su territorio, y que fueron plantadas no como viñedo único, sino intercaladas entre otras variedades consideradas en su momento más importantes, o bien que venían por descuido entre los manojos de los viveros. Algunas de estas variedades son clairette, calagraño, palomino, cañorroyo, moscatel blanco, garnacha blanca, mencía, garnacha peluda, garnacha tintorera, gran negro, bobal, moscatel tinto, ete., variedades que por su escaso valor comercial, por ser minoritarias y por la implantación de variedades foráneas, en definitiva por las modas, se han ido olvidando.

En base a lo anteriormente expuesto y de forma general podemos concluir que las uvas de viñedos de menos de veinticinco-treinta años serán más homogéneas y sus vinos más actuales, y las uvas procedentes de viñedos más antiguos serán menos homogéneas y los vinos por tanto tendrán otras características diferentes, sobre todo sensoriales.”

En próximo artículo abordaremos el primer apartado “Situación del viñedo en la D. O. Cigales, 2016 vs. 1991”, del magnífico estudio de Tomás Jurío Sanz.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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