Por Javier Pardo de Santayana

( Camino de Belén, con Zamora de fondo. Acuarela de Manuel Prieto de felicitación de las Navidades) (*)
No sé, improbable lector mío, si usted es consciente de que está viviendo una revolución. La llaman “digital”. Dicen que es la tercera, o sea que vino después de la agrícola y de la industrial. Lo que sí le sonará probablemente será lo de “digital”, que tan bien casa con lo que constantemente vemos: es decir, con que la gente no para de dar a las teclas con inusitado frenesí. O sea que nuestros dedos sirven hoy para casi todo: calentar el café o encender la calefacción, hablar con la familia, viajar hacia donde uno quiere ir, lavar los platos o la ropa, saber qué tiempo hace, grabar un video o una fotografía, y hacer casi todo cuanto se precisa. Lo cual es cierto hasta tal punto que no me extrañaría que con el uso y el paso del tiempo se produzca una transformación de nuestros propios dedos, que se acomodarían para acertar mejor y no errar como sucede con frecuencia.
Pero a lo que voy, que es que, aunque fuéramos conscientes de lo que esto supone en nuestras vidas, no nos daríamos demasiada cuenta del ritmo impresionante con que se están produciendo los avances anejos a esta actividad casi frenética cuyos resultados debieran asombrarnos: basta con fijarse en algunos de los saltos más significativos de esta creciente actividad de carácter digital que está asociada, por ejemplo, a los medios de transporte. Le diré a usted que mis propias abuelas vivieron aún el tiempo de las diligencias y del comienzo del ferrocarril, y que nosotros mismos vimos cómo el hombre ponía su pie en la luna o cómo nos liberamos del cable del teléfono que ahora ya nos sirve para todo: para decir cuál será el tiempo que va a hacer mañana, iluminar a guisa de linterna, funcionar como despertador o como cámara, y una interminable serie de cosas diferentes.
Mas a lo que de verdad quisiera ahora referirme es a algunos aspectos concretos del progreso que nos asombran a pesar de estar ya perfectamente acostumbrados a disfrutar de éstas y otras transformaciones de por sí asombrosas. Ejemplos para mí todavía más contradictoriamente sorprendentes por afectar a unos sistemas que tuve la ocasión de conocer a fondo.
Uno de ellos es el de la presentación de imágenes en las pantallas. Cuando estudié electrónica, y lo hice en el país más avanzado del planeta y en relación con un sistema tan complejo como los misiles antiaéreos, tuve ocasión de aprender cómo funcionaba tan novedoso mecanismo. Y curiosamente es por ello precisamente por lo que me resulta aún más difícil entender cómo funciona ahora. Por ejemplo, no entiendo cómo pueden sobreponerse las imágenes permaneciendo sin embargo intactas, como sucede en ese ordenador que tiene usted sobre la mesa. Quiero decir con esto que si el hecho de conocer aquel procedimiento gracias al cual ya resultaba sorprendente la perfección con que aparecían las imágenes – la existencia de un flujo de electrones modulado por la información en su camino hacia una pantalla recubierta de material sensible – más sorprendente es aún admitir la superposición simultánea de imágenes que no se anulan entre sí ni se distorsionan mutuamente.
Algo parecido puedo comentar respecto al aprovechamiento de satélites para facilitar nuestros movimientos y viajes, pues, aun teniendo en cuenta el estado del arte en nuestros días, si nos sorprende que puedan orientarnos respecto a las rutas que podemos seguir para llegar a un lugar determinado – más todavía lo hace que una dulce voz femenina pueda “guiar” simultáneamente y con el detalle y la oportunidad con que lo hace a todos esos millones de vehículos que en cualquier momento del día se desplazan siguiendo itinerarios diferentes. Y el hecho de que lo haga con la exactitud y naturalidad con que lo hace. Con la dificultad añadida de rectificar en caso de que resulte necesario sus certeras u continuas indicaciones cada vez que un obstáculo o incidente obliga a improvisar un cambio.
¿Y qué me dicen de esas voces femeninas que responden a cualquier consulta y de cualquier tipo que ésta sea? Lo cual me trae a la memoria una experiencia antigua: cuando un vecino y amigo mío, pionero entonces de la ciencia informática, se me acercó para informarme de que acababa de conocer un sistema de archivo selectivo que permitía manejar con eficacia la información acumulada en los archivos. Fue cuando propuse al jefe del que dependía entonces que entrásemos en tal sistema para adelantarnos en el empleo de las nuevas técnicas, algunas entonces incipientes. Y así se hizo. Pero esto no fue todo, porque algún tiempo después mi amigo volvería a llamar para ofrecerme ver el resultado del sistema, y con él otro programa que respondía a cualquier pregunta que le hiciéramos. La realidad es que tenía la habilidad de mantener una conversación escrita a partir de cada intervención de su contacto, del cual tomaba las palabras para confeccionar una contestación idónea, con lo cual aquello parecía eternizarse. Así que opté por cerrar mi conversación con aquella inteligencia artificial aconsejándola “irse al demonio” (“go to hell” en inglés), a lo que entonces, para mi sorpresa, el sistema contestó aquello de “you go first”, o sea “usted primero” en castellano.
Pero hoy la señorita Siri, como las señorita Alexa, o la que tan gentilmente dirige nuestras rutas, no sólo nos contestan con su agradable voz – siempre con el mismo soniquete – sino que ni se las ocurre tomarnos el pelo como aquel viejo sistema, hoy ya obsoleto.
PS: Con todo, lo más asombroso de estos ejemplos que he tenido la audacia de exponerles es que cualquiera de ellos, como tantos otros increíbles avances tecnológicos que cambian cada día nuestras vidas y que en otros tiempos de la historia hubieran sido tenidos por acontecimientos memorables, son tomados ahora con la mayor naturalidad del mundo: es decir, sin ser siquiera objeto de tema de conversación o comentario por parte de una “ciudadanía” que sólo reacciona para quejarse de algo, que es como decir de casi todo.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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