Cuento de Navidad

Por Javier Pardo de Santayana

( Retablo de los Reyes Magos, de Alonso Berruguete, en la Iglesia de Santiago, de Valladolid) (*)

Bien pudiera ser propiamente un cuento, pero es una historia cierta. La leí hace unos días y me impresionó por ser real y también pertenecer a nuestros días. El protagonista es un periodista al que supongo joven, ya que la historia incluye a una hija suya que esperaba la llegada de los Reyes. Pocos días antes se conocía la noticia de que el presidente norteamericano había chafado los sueños de otro niño que tenía siete años y al que se permitió preguntar con cierta sorna si todavía creía en Santa Claus. Como si hacerlo resultara algo ridículo… ¡Pues vaya con el presidente!

No; aquí la historia es radicalmente diferente. Dice que el periodista descubrió que una hija suya, en vez de consultar a alguno de sus padres como fue siempre costumbre en las familias españolas, había acudido directamente a Google para preguntar sobre los Reyes Magos. En efecto, lo que había hecho la niña fue que, en vez de preguntar a sus progenitores tal como éstos hicieron en su día con los suyos, había buscado la información directamente en una fuente que creyó de garantía. Menos mal que la muchacha no debió pasar de la constatación de que Sus Majestades eran, efectivamente, mencionadas, y que esto fue para ella suficiente.

Con todo, lo que el periodista constató, ciertamente indignado, fue el gran peligro que supone el hecho de que hasta los más pequeños puedan y sepan buscar contestación a las preguntas que les surgen fuera del ámbito de sus educadores naturales. Así que nuestro hombre cerró el ordenador de golpe y se dispuso a “desfazerse del entuerto”.

La historia sigue con nuestro protagonista poniéndose manos a la obra. ¿Que cómo? Pues escribiendo una página web dirigida a nuestros niños en que les dice cosas parecidas a las que dirían sus padres y sus madres para informarles sobre las razones que avalan la asentada tradición con que la Iglesia nos recuerda al empezar el año la visita de Sus Majestades al Divino Niño. Sí; ahora los más pequeños podrán ver determinadas imágenes y textos que le informan sobre hechos hasta ahora no publicados y contrastados por la historia pero que avalan la realidad de una tradición tan querida y tan antigua como ésta. Por ejemplo sobre la expedición de Álvaro de Mendaña – recuerden: el marido de Isabel de Barreto, la primera mujer que fue Almirante – en busca de la tierra de los Magos.

Sí señores: aquella misma tarde el periodista, cuyo nombre es perfectamente conocido, inició la redacción de una página web con el objeto de que lo primero que un niño pueda encontrar si quiere superar sus dudas o simplemente saber más sobre los Magos buscándolo en el ordenador directamente, lo que se encuentre ya en primera instancia responda a la ilusión que espera y necesita.

He aquí, por tanto, una historia de amor y sutilezas, de acercamiento al alma de los niños, de cariño también por nuestras más sentidas tradiciones. Una historia de ilusiones y de ensueños que va más allá de una particular familia para albergar en un inmenso abrazo incluso a nuestros propios nietos.

Sí: este es el Cuento de Navidad del que al principio les hablaba: un cuento que contiene el retrato de una gran persona y un relato tan real como entrañable. Un panorama que completaremos con una precisión interesante: que nuestro periodista y amoroso padre sufraga con cerca de treinta euros mensuales de su propio bolsillo el coste de su generosa iniciativa.

PS: No creo que sea inconveniente el advertirles de los muchos peligros que se ciernen sobre esta tradición tan entrañable y española, asediada por otras de origen extranjero como la del omnipresente Santa Claus, conocido también como Papá Noel, un personaje difícilmente compatible con la presencia de los Reyes Magos, que nos meten por los oídos y los ojos siguiendo la invasión de otros idiomas y costumbres. O a través de esa publicidad que ahora nos cerca por todos los medios disponibles. Fíjese usted hasta qué punto, que las famosas cabalgatas de la Noche de Reyes, que nunca me gustaron porque introducían confusión y desconcierto en las delicadas mentes infantiles, empiezan ya a parecerme convenientes. Al fin y al cabo – más allá de fantasías que no vienen a cuento – gracias a ellas Sus Majestades tendrán cada año la última palabra.


(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
http://c2.staticflickr.com/8/7871/45682396035_9098c2245b_o.jpg

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