El “Día del Soltero”

Por Javier Pardo de Santayana

( 11.11, el Día del Soltero en China)

Escribo estas notas el día de San Valentín. Recordarán mis improbables lectores que no tenía raigambre aquí en España, por lo cual me fue desconocido durante gran parte de mi vida. Al no pertenecer a nuestro acervo cultural, la gente siempre lo tomó como algo ajeno si es que de verdad alguno llegara a conocerlo. Supongo que la idea sería norteamericana como casi todas, así que fastidiaba que nos lo endilgasen sin pedir permiso.

Y en efecto, la costumbre venía del otro lado del océano tal como pude comprobar personalmente en una de mis estancias en el país de origen. Entonces vi cómo maestros y maestras animaban a sus alumnos a que dibujaran pequeños corazones rojos y frases cariñosas destinadas a alguna niña mona o viceversa; y ahí ya se podía distinguir quién era quien. En efecto, había muchachos que dedicaban con descarado desparpajo sus dibujos, pero también alguno que escurría el bulto si podía. Desconozco lo que sucede ahora que ya hemos adoptado esta costumbre en nuestras aulas, mas no me extrañaría que nuestros sucesores resulten más osados que nosotros.

Pero volvamos al tiempo en que San Valentín entró en España, y recordemos también cómo lo hizo, pues tanto éxito obtuvo que consiguió romper todos los moldes. La causa principal, una película alusiva. ¿Quién no recuerda las bellezas del momento – como Concha Velasco y mi vecina Katia Loritz – el rostro angelical de George Rigaud o la imparable simpatía de un Tony Leblanc en plenitud de facultades iluminando con su garbo la pantalla? Y por encima de todo, la canción, tan pegadiza que todos acabamos entonándola. De todo ello sacaría partido el Corte Inglés para hacer caja, pues ¿qué importaba que la cosa viniera o no de fuera, si al final acabaría convirtiéndose en pesetas?

Así que ahí tienen usted toda España dándole vueltas al magín para buscar algo que regalar a alguien, fuera éste un novio o una novia, un padre o una madre, una mujer o su marido, una abuelita o un venerable abuelo, un amigo fuerte o simplemente un ligue. El día de los enamorados quedaría para siempre entre nosotros.

Lo cual me induce a plantear esta pregunta: ¿Ocurrirá lo mismo aquí en España si nos presentan el día “del soltero” como el que con tal pasión festeja China? ¿Cuánto tiempo tardará en cuajar entre nosotros? Pues no le extrañe a usted que corra el riesgo de equivocarme contestando “más bien poco” o “está al caer, supongo”. Porque según, nos cuentan, en China la celebración viene desde hace tiempo recaudando cantidades asombrosas de dinero con una particularidad, y es que las compras se efectúan mediante transacciones digitales que superan los mil millones de envíos anuales. Y eso que la cosa no empezó hasta los noventa.

Sucedió, según nos cuentan los que saben de esto, como reivindicación de un puñado de “corazones solitarios” y en una universidad determinada, con la intención de suscitar – supongo – la conmiseración de los casados y quizás incluso de jóvenes necesitadas de cariño: un sentimiento derivado también hacia el “orgullo” seguramente como último recurso; como una forma de evitar el desencanto. Lo dice alguien que, como yo, mantuvo el celibato demasiado tiempo mas no sintió necesidad imperiosa de hacer de aquello un gran alarde.

El caso es que la invención de un día dedicado a los solteros tuvo su origen allá por los noventa en pos de un sentimiento que, efectivamente, adquiriría los ribetes de “orgullo”, y así se acabaría convirtiendo, como otras iniciativas conocidas – y cuántas van ya a estas alturas – en nuevo estímulo para el consumo comercial, como lo fue el “Black Friday” o el “Cyber Monday” por ejemplo. Y que en menos de un par de años – casi inmediatamente – se ha impuesto ya en las grandes superficies y en las organizaciones comerciales.

Así que nos están volviendo locos con las rebajas que se suceden y solapan sin dar tregua, hasta el punto de que a la vista de como está el cotarro a ver quien se cree que aquí sigue la crisis.

PS: Un detalle que me gusta del “Día del Soltero” chino pero que me parece escasamente conocido, es ese símbolo que juega con las cifras. Consiste en aprovechar la forma de los números que corresponden al once de noviembre, fecha de la celebración del “Día” – 11 del 11: 1111 – para imaginar un conjunto de árboles sin hojas: una especie de bosque convertido en rasgos sugerentes: algo así como un bosque de palabras.

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