Triple dosis de realidad

Por Javier Pardo de Santayana

( Restos del monumento antiguo al Sagrado Corazón de Jesús del Cerro de los Ángeles) (*)

¡Vaya racha! Así como quien no quiere la cosa, en pocos días se han acumulado recuerdos de acontecimientos significativos de lo que era España en mis tiempos de niño, y esto ha ocurrido por pura casualidad según parece. A algunos de ellos ya me había referido cuando aún surgieron los siguientes.

El primero tuvo lugar con ocasión de unos retiros espirituales a cuya finalización fui invitado. Se trataba de asistir a una misa vespertina que se celebraba en una iglesia de Madrid para mí desconocida. Entonces me impresionó la imagen que presidía el frontispicio; la de un grupo de religiosos mártires oblatos asesinados el año 36 por milicianos de la Segunda República Española. Sólo unos días después se trataría de algo parecido: la retransmisión televisiva de la beatificación de un conjunto de monjas concepcionistas a las que en las mismas fechas dieron alevosa muerte los mismos asesinos o sus compadres comunistas.

Como es natural, la no intencionada coincidencia de las dos celebraciones – un retiro de varones cristianos y la beatificación múltiple de unas desgraciadas religiosas mártires – me impresionaría tanto que las hice objeto de un articulo que titulé “Casos vivos de memoria histórica”. Quizás usted mismo lo leyera. Pues bien, fíjese usted si no es casualidad que una semana más tarde tuviera la ocasión de contemplar en vivo y en directo la retransmisión de otro acto religioso que vendría a poner una vez más sobre la mesa la realidad de la espantosa persecución que aquí en España sufrimos los cristianos por el sólo motivo de serlo: el horror de la muerte violenta permitida o alentada por unos gobernantes cuyos sucesores alardean hoy, sin embargo, de demócratas.

En esta tercera ocasión se trataría de un gesto significativo y memorable: la renovación pasados los cien años del acto por el cual Su Majestad Alfonso XIII, en nombre de los españoles, consagraría nuestra nación a la misericordia del Sagrado Corazón. El lugar sería el Cerro de los Ángeles, enclavado en el mismo corazón de España, donde se había erigido previamente un Santuario coronado por la imagen. Ahora se trataba de recordar el hecho una vez transcurrido un siglo del acontecimiento, pero con una variación significativa: en esta celebración del centenario serían simplemente los cristianos españoles – representados por los asistentes al evento – quienes reafirmaran su agradecimiento a Jesucristo por el regalo de la Fe. Y así se hizo distribuyendo el texto que en su día leyó personalmente el Rey de España.

Emocionante celebración, por tanto. Y he de decir que lo fue, efectivamente, pero no sólo por lo que dirían las palabras, sino también por el trasfondo de lo que cuidadosamente se omitió. Pues no podemos olvidar el hecho de que en esta celebración del siglo XXI la imagen que presidió el acto no era la original como podría darse por supuesto, ya que la primera fue literalmente fusilada por un piquete revolucionario y luego destruida por las hordas en un gesto de odio a la fe y a los cristianos. Importante detalle que no sería recalcado ni en el acto ni en la retransmisión televisiva por mucho que se tratara de un hecho más que de interés para los medios – no todos los días se quiere fusilar y destruir a Dios -, supongo que por evitar cualquier salida destemplada que acabara acusando a los propios cristianos perseguidos de aprovechar la ocasión para poner las cosas en su sitio.

Porque es evidente que con la Ley de la Memoria Histórica alguien ha pretendido minimizar – por no decir esconder – las culpas de sus antecesores, y hacer de paso que las generaciones nuevas desconozcan las verdaderas realidades de la Historia. Entre ellas, aquella insoportable de odio a la fe y de persecución a muerte de muchos españoles de bien, como, por ejemplo, la que algunos de los que entonces emigraron describieron como aquel “régimen absolutamente soviético”, aquella “olla de grillos rabiosos”, aquel “peligro constante”, o aquel ”infierno de Madrid”. En fin, lo que empujaría al exilio, entre otros, a Juan Ramón Jiménez, Pedro Salinas, Ramón Carande, Ortega y Gasset, García Morente, Marañón, o Clara Campoamor, por citar solamente algunos personajes significativos que no merecen dudas al respecto (ver mi articulo “Pues estamos buenos” de 19 de marzo de 2019).

A menos, claro está, que uno pertenezca a esa caterva de rufianes que justifican cualquier animalada siempre que se oriente a destruir España, su historia y su cultura.


(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
http://live.staticflickr.com/65535/48211809062_5390d62dd4_b.jpg

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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