Para que lo trabajara y custodiase. 21. Centenales

Por Carlos de Bustamante

( Eras. Acuarela de Jesús Meneses del Barco en jesusmenesesdelbarco .blogspot.com) (*)

Terreno arenoso. Aparentemente estéril. Pero no; quien creó la naturaleza toda, las aves, la vegetación, los mares y todos los seres vivientes en ellos, mandó al hombre recién creado, someterlos para su servicio, y a la tierra para que la trabajara y custodiase. De esta forma, y por este mandato divino el hombre hizo posible que, aún lo aparentemente estéril, si no terreno feraz, de alguna manera fuera productivo. Ora con majuelos, ora con avenales, la Dehesa de Peñalba La Verde incrementó sus verdores con arenales tupidos de exuberantes centenales.

Cuando el amo de turno lo visitó en el “invierno” recién estrenado, quedó absorto ante lo que contemplaban sus ojos: lo que fuera sólo arena baldía, por el mandato divino eran ahora una inmensa alfombra de color tan verde e intenso, que difícilmente pintor alguno pudiera plasmarlo en lienzo o papel “aparente”. Y cuando en derredor del centenal en yerba la vegetación toda hibernaba en apariencia muerta por el hielo intenso, las plantas de centeno hacían del terreno yermo un césped tupido, hermoso. Plantas agradecidas en su humildad que, cuanto más intensa era la helada, más se abrazaban las raíces al terreno a la espera de lluvias tempranas o tardías que hicieran al centenal exteriormente vigoroso.

Ensimismado en el espectáculo de lo que conocía sólo como un desierto, se le `vinon´ a las mientes la comparanza que creyó adecuada:

“Que tu vida no sea una vida estéril. —Sé útil. —Deja poso. —Ilumina, con la luminaria de tu fe y de tu amor”. Porque aquel terreno antes reseco y estéril, con el centeno, más que iluminado, fue útil; dejó el poso de un prado verde, fecundo. Viniera o no al caso, él lo pensó así. Y por la transformación de lo estéril en promesa de `cerial´, de alguna manera se le antojó pintiparado:

“Borra, con tu vida de apóstol, la señal viscosa y sucia que dejaron los sembradores impuros del odio. —Y enciende todos los caminos de la tierra con el fuego de Cristo que llevas en el corazón”.

Y eso, porque con amor a la tierra, trabajo y custodia, por baldía que pareciese, también podía transformar un arenal feo y sucio en cuasi Edén de delicias. Centenal bellísimo.
En primavera, vería colmado su asombro.

No sé si ustedes/vosotros habéis comprobada que, si se escarba un poco en la arena, enseguida sale húmeda. Si a esto le añadimos lo que caviló el amo de turno, encontrarán como él la explicación del porqué contemplaba ahora, en primavera, un centenal que era una hermosura:

“No se veían las plantas cubiertas por la nieve. —Y comentó, gozoso, el labriego dueño del campo: «ahora crecen para adentro.» —Pensé en ti: en tu forzosa inactividad… —Dime: ¿creces también para adentro”?

Así el que fuera sólo prado, gracias a lo que creció para adentro, se mecía ahora -mar con sólo borreguillos de neblina- en ondulaciones suaves que incitaban a la meditación sosegada.

El mismo espectáculo a los pocos días; pero aún sin observarlo, se estaba produciendo en el centenal de tallos fuertes, altiricones, el cuasi milagroso proceso de la polinización. Y con él las espigas larguiruchas y vacías, fueron adquiriendo peso y volumen y sin abandonar la característica de aparente vacío con el grano ahora cuajado, las hacía mirar hacia abajo, a la tierra que las vio nacer.

Nuevamente se le `vinon´ a las mientes nuevas sentencias, basadas en la atenta contemplación del cacho de la Arena:

“No eres humilde cuando te humillas, sino cuando te humillan y lo llevas por Cristo”.

El centeno, grano por entonces de utilidad sólo para pienso del ganado, es hoy pan negro y altamente cotizado por el alto contenido en fibra y otros componentes todos favorables para consumo humano. La aparente pobreza, por arte de birlibirloque, -nada de casual- es riqueza y motivo de nuevas bendiciones.

Finalizados los comentarios sobre el `cerial´ iniciaré, si Dios es servido, otros nuevos propios de los cultivos más intensivos en el regadío de la labranza familiar ya conocida: Dehesa de Peñalba `La Verde´.


(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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