Mi relación con el espacio

Por Javier Pardo de Santayana

 

 (1969, el hombre llegó a la Luna )

Un mensaje del editor del blog me informa que durante unos días no estará disponible para recibir artículos, así que me planteo la forma de mantener la continuidad de mis colaboraciones adelantando varias en muy poco tiempo. De ahí surgió mi idea – que ahora mismo estoy poniendo en práctica – de basarme en una solución relacionada con un proyecto que ya tengo entre mis manos.

El caso es que el año pasado se inició en la casa montañesa de mis padres un remedo de corte familiar de la universidad santanderina de verano al que en su día no pude asistir. Tan sólo se leyó una poesía mía. Pero pretendo entrar en juego este verano, y a tal efecto he ya desarrollado un par de temas que ahora podría aprovechar de alguna forma.

Empezaré por uno de ellos, que podría encajar perfectamente, dado que uno de mis sobrinos nietos trabaja como ingeniero aeronáutico en la Agencia Europea del Espacio y ya el “curso” pasado participó transmitiendo su experiencia. Claro que mi colaboración sería la de un simple interesado por el tema, pero aún esto podría ser interesante, por cuanto el destino quiso ir más allá de lo que se entiende como algo razonable y me puso en contacto muchas veces con esa historia de sueños realizados. Me excusaré para empezar si es que repito algunas cosas ya contadas en el blog.

Comenzaré diciendo que no veo en principio razón alguna para que el destino me hiciera como hizo conectar con personajes y sucesos relacionados intensamente con el tema, así que siempre lo consideré fruto de la suerte o del destino.

Para empezar tendré que situarme en mi primer destino de teniente, o incluso antes, porque fui enviado a realizar un curso en Estados Unidos incluso antes de incorporarme a mi primer destino. Y eran ya tiempos de pugna entre los grandes bloques encabezados por este país y por la Unión Soviética. Así que supongo que me fascinaría aquella pugna por ser los primeros en las hazañas espaciales, y que sería fruto de esto que se me ocurriera, junto con algún otro teniente, la descabellada idea de construir un cohete que remedase los de aquella época, algo de lo que aún tengo constancia fotográfica.

Pero el primer hecho relacionado ya directamente con la conquista del espacio tuvo lugar en San Antonio de Tejas. Era el año 60 y Yuri Gagarin había adelantado a los norteamericanos. Por otra parte luchaban por la presidencia del país John F Kennedy y Richard Nixon, que hicieron allí – frente al hito simbólico del fuerte de El Álamo – escala en su campaña electoral. Y  así podría ver y oír como el futuro presidente anunciaba al mundo su decisión de poner en la Luna a un norteamericano antes de acabara aquella década.

Y aún no había sucedido nada de esto cuando con ocasión de otro curso en Norteamérica conviví literalmente con el equipo que desarrollaba el proyecto del famoso Apolo; aquel que alcanzaría por fin nuestro saténite. Tan es así que desde mi aula de clase podía oír el sonido del motor cohete, y hasta tendría la ocasión de visitar los lugares donde éste se sometía a prueba. Además, como mi improbable lector quizá recuerde, tuve relación o amistad con gente de la NASA, y nuestro oficial de enlace tendría la ocasión irrepetible de asistir al encuentro entre el famoso doctor Wehrner Von Braun – creador de la V2 en la GM 2 – con el mismísimo Walt Disney. Entonces conocí y charlé en un largo paseo vespertino con el profesor d´Oró, único español  en la NASA, e hice amistad con dos personajes singulares: George Ordway y Harry Lange, asesores respectivamente norteamericano y alemán del responsable del proyecto, que se trasladarían más tarde a Hollywood para rodar con Kubrik un filme de culto: nada menos que “2001 Una odisea del espacio”. También sé que el alemán intervendría años más tarde en la ambientación de “La guerra de las galaxias”, cuyos personajes serían incluidos, en un rasgo de humor, entre los retratos de los profesores de mi propio curso. De mi interés por el espacio en dicha época dan fe la colección que conservo de revistas especializadas así como de la del “Nacional” Geographic”, del que fui socio durante un largo tiempo.

Y aún podría añadir otra curiosa circunstancia: un amigo artillero y compañero mío, con el que coincidiría en la creación del primer grupo de misiles como ingeniero de armamento, se contagiaría del ambiente y además de crear la estación espacial de Villafranca del Castillo acabó siendo nombrado Director de la Escuela Europea de Astronautas.

Mas esto no es fue todo, pues todavía hay que anotar por lo menos otras dos ocasiones importantes. La primera tendría lugar – durante un fin de semana – en una visita en la que acompañé a nuestro Jefe de Estado Mayor del Ejército a una visita a Estados Unidos, con la increíble suerte de que unas tormentas retrasarían el lanzamiento en Cabo Cañaveral del primer transbordador espacial (Space shuttle”) y nos permitirían asistir a él con la mayor comodidad. Sería el “Columbia”, aquel que tras muchos años de servicio se destruyó en su entrada en nuestra atmósfera pereciendo todos sus tripulantes.

La segunda se produciría cuando  me solicitaron que acompañara juntamente con mi esposa a un destacado astronauta norteamericano, que resultó ser uno de los grandes. Se trataba de la visita a España, para rendir pleitesía a nuestro Rey, de los llamados “Granaderos de Gálvez”, relevantes norteamericanos que desde la ciudad de Houston se esfuerzan por resaltar la importancia que el insigne español tuvo en la lucha por la independencia del país. Una importante ciudad costera del estado de Tejas – Galveston – sería bautizada con su nombre. El caso es que uno de los miembros del citado club no hablaba nada de español y necesitaba quien le acompañara. Y éste era precisamente el antedicho, que había sido nada menos que segundo piloto en la misión histórica “Apoyo-Soyuz”, uno de los proyectos más ambiciosos del programa espacial, ya que en él se realizaría la unión de una nave rusa y otra norteamericana. Pero también sería comandante de otras cuatros misiones, una de ellas con la “Columbia”, cuyo primer lanzamiento, según dije, yo mismo había presenciado. Con ella situó dos satélites en órbita, mientras que con la cuarta transportó el observador conocido como ASTRO 1 formado por tres telescopios ultravioleta y uno de rayos X. Y aún hubo otra como comandante de un “Challenger” en la que se realizó el primer paseo no pendiente de línea alguna y se conseguiría superar diversos desperfectos regresando así a la Tierra sano y salvo. De este astronauta extraordinario conservo varias fotos suyas y de sus vehículos firmadas y dedicadas, así como también dos parches de su traje de vuelo.

Para finalizar señalaré otra casualidad que sigue viva y pertenece felizmente a nuestros días. El caso es que, como ya he dicho en el comienzo de este artículo, uno de mis sobrinos-nietos forma parte ya desde hace tiempo del grupo de ingenieros que, como parte de la Agencia Europea del Espacio, anda empeñado en las misiones más interesantes. Así lo fue, por ejemplo, con motivo de la misión “Rosetta”, donde desempeñaría un papel clave. Recordará mi improbable lector que se trataba de hacer aterrizar un artefacto sobre la superficie de un cometa, misión casi imposible que no se había siquiera intentado todavía y que constituiría un éxito notable del esfuerzo europeo en la difícil conquista del espacio.

Con lo cual es de esperar que en el futuro aún pueda añadir algunas líneas a esta historia ya casi interminable.

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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