Por José María Arévalo

( La Anunciación y la expulsión de Adán y Eva del jardín del Edén’, después de la restauración. c. 1425-26. Temple y oro sobre tabla de Fra Angelico, en el Museo del Prado 190,3 x 191,5 cm ) (*)
Además de “Velázquez, Rembrandt, Vermeer. Miradas afines”, que puede verse hasta el 29 de septiembre, y que ya hemos comentado en artículo anterior, el Museo Nacional del Prado ofrece este verano otra estupenda exposición, hasta el 15 de septiembre, “Fra Angelico y los inicios del Renacimiento en Florencia”, que gira en torno a la obra de Fra Angelico, de hacia 1425-26, “La Anunciación y la expulsión de Adán y Eva del jardín del Edén”, más conocida como, simplemente, “La Anunciación de Fra Angelico”, que se exhibe en toda su plenitud tras su reciente restauración. Incluimos foto de la obra ya restaurada, y otra de antes de su restauración cuando expliquemos los detalles de ésta, tras la reseña de la exposición en su conjunto: también incluye la Virgen de la Granada, incorporada a la colección del Prado en 2016, y otras 40 obras de Fra Angelico, así como, hasta un total de 82 piezas, de otros pintores contemporáneos como Masaccio, Masolino o Filippo Lippi y nuestro Pedro Berruguete, de escultores como Donatello o Ghiberti y del arquitecto Brunelleschi.
Me dio un vuelco el corazón cuando me llegó la noticia de la restauración, porque en los años sesenta yo me pasaba horas estudiando frente a esta maravillosa obra, sentado en El Prado, a donde me iba a preparar exámenes cuando ya no aguantaba más en la biblioteca del Colegio Mayor donde vivía, el Moncloa, en el mes de mayo en el que todas las horas eran pocas para memorizar los esquemas que ya tenía hechos del programa de Derecho Civil de Federico de Castro, el coco de la carrera, cuyo famoso Compendio había que saberse casi de memoria. Así que yo creo que aprobé a la primera gracias a Fra Angelico y el fresquito que hacía en la sala de El Prado. Si entonces la belleza del cuadro me daba ánimos para seguir estudiando, no les cuento mi impresión ahora que ha recuperado todo su colorido y fuerza expresiva.
En esta extraordinaria exposición, en la que participan más de 40 prestadores de Europa y América, comisariada por Carl Brandon Strehlke, conservador emérito del Philadelphia Museum of Art y reconocido experto en Fra Angelico y otros maestros del Renacimiento florentino, y que cuenta con el patrocinio de la Fundación Amigos del Museo del Prado, se investiga el valor artístico del primer Renacimiento florentino, en torno a 1420 y 1430. Seguimos la web del museo y el artículo de Javier López Iglesias y Luis Domingo en Hoyesarte.com.
FRA ANGELICO (Vicchio di Mugello, Florencia, H. 1395 – Roma, 1455) Guido di Pietro se trasladó en fecha incierta a Florencia con su hermano Benedetto, ingresando ambos en el taller de manuscritos de la parroquia de San Miguel Visdomini. Benedetto se formó como copista, y Guido como iluminador, lo que explica su ulterior maestría en obras de pequeño formato. En 1417 figuraba como pintor y ciudadano florentino en la Confraternidad de San Nicolás de Bari, y en 1418 cobraba por un retablo desaparecido para San Esteban del Puente en Florencia. En 1423 había profesado ya como dominico en el convento observante de Santo Domingo en Fiesole y tomado el nombre de Fra Giovanni da Fiesole.
El nombre de Fra Angelico, como ha pasado a la historia, aparece por primera vez catorce años después de su muerte en referencia a su profunda espiritualidad, ampliamente destacada por su primer biógrafo, Antonio Manetti, hacia 1494-1497. Entre 1420 y 1432 Fra Angelico compaginó la iluminación (Misal, Ms. 558, Museo di San Marco, Florencia) con obras de altar para Santo Domingo y otras fundaciones de la orden, aplicando a éstas el preciosismo y delicadeza de la miniatura, como se aprecia en La Anunciación (Prado) o La Coronación de la Virgen (Musée du Louvre, París).
Realizadas en un momento crucial para el arte florentino, estas obras delatan la confluencia en Angelico de muy variadas influencias, desde el gótico internacional de Lorenzo Monaco -en cuyo entorno cabría situar su primera formación- al arte «revolucionario» de Masaccio, sin olvidar el elegante y refinado artificio de Gentile da Fabriano. El año 1432 marcó un punto de inflexión en su carrera, al pintar para el Arte de’Linaiuoli un tríptico cuya tabla central, de grandes dimensiones, muestra a la Virgen con el Niño entronizados (Museo di San Marco, Florencia). Acabado en 1436, el tríptico señala la madurez artística de Angelico y su rotunda decantación por las propuestas más avanzadas, curiosamente representadas por artistas de la generación anterior; de hecho, su concepción espacial y la monumentalidad de las figuras lo aproximan más a Masaccio (fallecido en 1428) y a escultores como Ghiberti (1378-1455) que a sus colegas coetáneos. El tríptico Linaiuoli suscitó el interés de dos poderosos patronos rivales: Palla Strozzi, para quien pintó una Deposición (Museo di San Marco, Florencia), y Cosme de Médicis, que le encargó la decoración del convento de San Marcos en Florencia, un proyecto colosal que realizó entre 1440 y 1445 y que comprendía tanto los altares como la pintura al fresco de las principales estancias del edificio, incluyendo cuarenta y tres celdas. Esta enorme tarea solo pudo llevarse a cabo gracias a la existencia, perceptible ya desde inicios de la década de 1430, de un amplio y bien organizado taller entre cuyos miembros figuraría Benozzo Gozzoli, su discípulo más destacado.
Con la elección como papa en 1446, con el nombre de Eugenio IV, de Antonio Pierozzi, antiguo prior de San Marcos, Fra Angelico se trasladó a Roma, donde estuvo pintando durante cuatro años en el Vaticano. Solo se conserva uno de sus trabajos romanos: el ciclo de frescos con las vidas de san Esteban y san Lorenzo en la capilla privada de Nicolás V (1448-1449), que evidencia su profunda asimilación de la obra de Masaccio en la capilla Brancacci (Santa María del Carmen, Florencia). Tras una breve estancia en Orvieto, regresó en 1450 a Florencia para asumir el priorato de Santo Domingo en Fiesole, trabajando de nuevo para Cosme y Pedro de Médicis. Su último encargo fue la desaparecida decoración al fresco del claustro de Santa María sobre Minerva, principal fundación dominica en Roma, donde siguió un programa iconográfico concebido por fray Juan de Torquemada, a quien Fra Angelico conocía desde la estancia del prelado español en Florencia en la década de 1430. (Falomir, M.: Enciclopedia Museo Nacional del Prado, 2006, Tomo II, pp. 383-384).
FLORENCIA
Fra Angelico nació cuando estaba a punto de iniciarse el siglo XV. Hacia 1420, siendo ya un pintor formado, tomó los hábitos de la orden dominica. «Por esa condición de religioso los historiadores del arte le han tratado a veces como una figura al margen de sus contemporáneos», comenta el comisario de la muestra.
Miguel Falomir, director del Museo del Prado, recuerda que Fra Angelico se formó como artista en una Florencia en la que los encargos públicos de escultura y arquitectura conseguidos por Brunelleschi, Donatello y Ghiberti hicieron que se volviera la vista a la Antigüedad clásica en busca de inspiración.
Y aunque Fran Angelico fue aprendiz en el taller del benedictino Lorenzo Monaco, quien cultivaba un estilo gótico refinado y elegante, se entregó sin reservas al nuevo lenguaje artístico y, al igual que su maestro Monaco, ingresó en una institución religiosa, San Domenico de Fiésole, convento en el que tomó los hábitos.
Ser fraile no le impidió colaborar cercanamente con otros artistas, y pudo mantener un gran taller que proveía de pinturas tanto a iglesias como a importantes mecenas privados de la ciudad y de fuera de ella. Este proyecto trata de reconsiderar la cronología de sus trabajos más tempranos, en los que se observa un carácter innovador equiparable al de Masaccio.
La Anunciación
Entre los retablos que pintó para su convento estaba el de La Anunciación, hoy en el Prado, en la que se demuestra su activa participación en el renacimiento de las artes que se produjo en Florencia, pues junto a Masaccio, más joven que él, inventó una nueva manera de ver que dominaría el arte occidental hasta la época moderna.
Datada a mediados de la década de 1420, La Anunciación es el primer altar florentino de estilo renacentista en el que se utiliza la perspectiva para organizar el espacio y en el que las arquerías góticas se abandonan a favor de formas más ortogonales, de acuerdo con las consignas preconizadas por Brunelleschi. Debido a su condición de fraile, su capacidad para manejar la luz, el espacio en perspectiva y la narración se ha visto a menudo eclipsada por sus méritos como pintor teológico.

( La Virgen de la granada, Hacia 1426. Temple sobre tabla de Fra Angelico, en el Museo del Prado. 87 x 59 cm) (*)
La Anunciación, recientemente restaurada, llegó a España en 1611, siendo probablemente la primera pintura suya en abandonar Italia, mientras que la Virgen de la granada fue adquirida por el XIV duque de Alba en 1817, cuando se estaba redescubriendo el valor artístico del primer Renacimiento florentino.
Se entrelazan así en esta exposición dos relatos: Florencia vista por Fra Angelico y Fra Angelico visto con ojos españoles. Junto a ella se incluyen otras dos de sus pinturas recientemente incorporadas a la colección del Museo: la donación el Funeral de San Antonio Abad, que acompañó a la adquisición de la Virgen de la Granada, ambas obras procedentes de las colecciones del duque de Alba.

( Funeral de san Antonio Abad, 1426 – 1430. Temple sobre tabla de madera de chopo, de Fra Angelico, 19,7 x 29,3 cm. ) (*)
Junto a esta obra maestra se incluyen otras obras florentinas cuyas restauraciones se han llevando a cabo en Italia gracias a la aportación económica de Friends of Florence y American Friends of Prado Museum, como Virgen con Niño, y querubín de Michele da Firenze, propiedad del Museo Nazionale del Bargello; la terracota de Donatello Virgen con Niño en trono, con dos ángeles y dos profetas, del Museo di Palazzo Pretorio; o Trinidad de Gherardo Starnina en la Collezione Chiaramonte Bordonaro.
RESTAURACIÓN DE ‘LA ANUNCIACIÓN’ DE FRA ANGELICO
La colaboración con el Prado de Friends of Florence y American Friends of the Prado que aportaron 150.0000 euros, ha permitido acometer la restauración de La Anunciación, así como de otras obras ajenas al Prado que también forman parte de la exposición.
Datada a mediados de la década de 1420, La Anunciación es el primer altar florentino de estilo renacentista en el que se utiliza la perspectiva para organizar el espacio, y en el que las arquerías góticas se abandonan a favor de formas más rectangulares, de acuerdo con los diseños que Brunelleschi perseguía en sus innovadores planteamientos arquitectónicos de San Lorenzo y Santo Spirito.

( La Anunciación y la expulsión de Adán y Eva del jardín del Edén’, antes de la restauración. c. 1425-26. Temple y oro sobre tabla de Fra Angelico, en el Museo del Prado 190,3 x 191,5 cm) (*)
Objetivos
El principal objetivo de esta restauración, realizada por Almudena Sánchez en el Prado –que cuenta con la Fundación Iberdrola España como miembro protector–, ha sido la recuperación del rico y brillante colorido y de la intensa luz que envuelve la escena, elementos característicos de esta pintura y de toda la obra de este artista, que con el paso del tiempo habían quedado velados bajo capas de suciedad y polución.
También han sido necesarios, por un lado, la limpieza de la capa gris de suciedad que oscurecía la superficie y, por otro, la eliminación de los repintes de óleo procedentes de antiguas intervenciones, concentrados en la unión de dos de los cuatro paneles de madera que forman el soporte de la pintura para ocultar una fractura.
En el pasado la obra tuvo problemas estructurales al producirse la separación de los paneles segundo y tercero coincidiendo con la figura del ángel, que quedó dividida en dos. La inestabilidad que provocó en la capa pictórica ocasionó pérdidas a lo largo de la línea de unión de los dos paneles. Esto dio lugar a diversas intervenciones de restauración, de las que solo se tiene constancia documental de la última, realizada en el Prado por Jerónimo Seisdedos entre 1943 y 1944. Su finalidad era reparar los daños y asegurar la conservación de la obra, sin embargo, en algunas de las más antiguas, además de restaurar las pérdidas que se habían producido en ambos lados de la unión, fueron repintadas amplias zonas, afectando fundamentalmente a la figura del ángel y al manto lapislázuli de la Virgen. Estos repintes se degradaron con el paso del tiempo, pasando a ser manchas en la superficie que alteraban la imagen de la obra e impedían entender la composición original del artista.
Los repintes aplicados en toda la grieta dejaron ocultos elementos completos de la composición. Desde el borde superior de la obra cubrían gran parte de la arquitectura, y en el ángel, cambiaban la forma del ala, el brazo y la túnica rosa, continuando hasta el borde inferior de la pintura. Hay que destacar la antigua intervención que cubría el ala delantera del ángel, que ocultaba su forma original y la transformaba radicalmente, creando una evidente asimetría con su pareja. Mientras que el ala trasera era curva, la del primer término aparecía recta y sinuosa, siguiendo la forma vertical de la pérdida de oro que había provocado la fractura de los paneles.
Al eliminar el repinte del ala quedaron al descubierto elementos originales de oro que aportaron la información necesaria para su restitución. Primero apareció una partícula que marcaba el punto de arranque del ala desde su base, y en segundo lugar, según se avanzaba en la eliminación del repinte fue apareciendo la incisión original en el oro que mostraba con exactitud la curva del ala diseñada por Fra Angelico. Recuperar el dibujo del ala original del arcángel Gabriel constituye uno de los momentos de mayor transcendencia de todo el proceso de restauración, por el gran protagonismo de esta figura en la escena y la situación de este elemento recuperado en el centro de la composición.
Luminosidad
La disponibilidad de nuevos métodos de limpieza, producto de las últimas investigaciones en el campo de la restauración, ha permitido llevar a cabo la limpieza que exigía la obra con plenas garantías. La eliminación de la densa capa de polución intensamente adherida a la superficie se ha logrado mediante el empleo de un gel de silicona, que actúa como vehículo del medio acuoso protegiendo la pintura, al tiempo que permite actuar sobre la capa de suciedad removiéndola hasta su total eliminación.
Por otro lado, los repintes, muy antiguos y realizados al óleo, han exigido una actuación lenta y prolongada, con la que se ha logrado su eliminación de forma progresiva hasta la plena recuperación de la pintura original.
Con la limpieza, la obra de Fra Angelico ha recuperado la luminosidad original, prácticamente desconocida hasta ahora. Una luz con la que crea y modula el volumen de cada elemento de la composición. Una luz casi sobrenatural que inunda el pórtico con un resplandor sin que se produzcan sombras, a diferencia de la habitación del fondo iluminada de forma natural por la luz que entra por la ventana y se refleja en la pared. La eliminación del velo gris, también ha dejado al descubierto el preciosismo de la técnica del gran maestro y los maravillosos colores de lapislázuli, laca roja o verde malaquita.
Las siguientes fases de la restauración han consistido en el estucado de las faltas de color para nivelarlas a la superficie, y la reintegración cromática de las mismas, primero con acuarela y finalmente con pigmentos al barniz. Este proceso ha exigido una gran minuciosidad en su ejecución dada la característica técnica de Fra Angelico, elaborada con gran sutileza y precisión, propios del artista miniaturista que fue en los inicios de su carrera.
La buena conservación de esta pintura ha permitido que hayan llegado hasta hoy elementos muy frágiles de la composición, elaborados con un pincel de muy pocos pelos y sin apenas materia pictórica, como las pestañas de la virgen o del ángel, la barba de Adán o las minúsculas letras del libro apoyado sobre el manto de la Virgen.
LA EXPOSICIÓN
Recogemos ahora la información que proporciona la web del museo sobre las salas en que la muestra está dividida.
SALA 1
Se desconoce la fecha de nacimiento de Fra Angelico, cuyo nombre real era Guido di Pietro. Hacia 1408-10 entró como aprendiz en el taller de Lorenzo Monaco, donde aprendió enseguida a imitar el elegante estilo gótico de su maestro, quien a su vez lo había aprendido de Agnolo Gaddi. Al mismo tiempo que se convertía en el más valioso colaborador de Monaco, la pintura florentina –incluida la de Starnina, que había trabajado en España más o menos una docena de años– estaba cambiando por la influencia del proyecto en el que por entonces estaba trabajando Ghiberti, los relieves en bronce para las puertas del baptisterio. Que Fra Angelico estaba finalmente emprendiendo un camino personal lo demuestra un documento de 1417 en que se recoge su afiliación a una hermandad religiosa en la que figuraba como pintor de profesión. Hay también algunas indicaciones de que se estableció con un taller propio antes de profesar, hacia 1420, en el convento de San Domenico de Fiésole, donde tomó el nombre de Fra Giovanni. Fra Angelico es el apodo que se le puso después de su muerte por haber destacado como pintor religioso.
SALA 2

( Historias de los padres del desierto, h. 1419 – 1420. Temple y oro sobre tabla de Fra Angelico en la Gallerie degli Uffizi de Florencia. 75 x 207 cm) (*)
Ilustra este apartado con una foto del cuadro de Fra Angelico “Historias de los padres del desierto”. “En las primeras décadas del siglo XV Florencia era un hervidero de nuevo arte público. Ghiberti estaba trabajando en las puertas del baptisterio, y Brunelleschi en la cúpula de la catedral, así como en los proyectos del hospital de los Innocenti y la iglesia de San Lorenzo. La escultura monumental conquistaba espacios en la catedral, el campanile y Orsanmichele. La excitación que todo ello provocaba se ilustra aquí en los relieves de terracota de Donatello, destinados a residencias privadas. Fra Angelico estaba muy al tanto de lo que sucedía a su alrededor, y sus primeros cuadros independientes de la Virgen con el Niño indican que había estudiado aquellas obras. Por otra parte, sus Historias de los padres del desierto son una reinterpretación de otra pintura anterior, que probablemente estaba en Santa Maria Novella, donde residió durante más de un año el nuevo pontífice, Martín V, lo que hizo de Florencia un verdadero centro internacional de las artes y de los estudios humanistas.
SALA 3
Influido por la nueva energía de la vida religiosa en Italia durante el pontificado de Martín V, quien unificó la Iglesia tras décadas de papas rivales, Fra Angelico ingresó en el reformista convento dominico de Fiésole. Es posible que las cinco tablas de la parte inferior del retablo mayor de su iglesia las pintara una vez terminado el noviciado, en el que tuvo que memorizar los Salmos y otros textos litúrgicos. Pero el nuevo fraile no perdió el contacto con el mundo artístico florentino. Se enteró de que a finales de la década de 1420 había llegado a la ciudad el pintor más famoso de Italia, Gentile da Fabriano, cuyas suaves carnaciones, delicado empleo ornamental del oro e interés por la forma en que la luz cae sobre las figuras y los objetos tuvieron una profunda influencia
sobre nuestro artista. Este se benefició también de sus conversaciones con Lorenzo Ghiberti, quien afirma en su autobiografía que facilitaba a los pintores modelos en cera y arcilla.
SALA 4

( La Coronación de la Virgen de Fra Angelico y la Adoración del Niño con seis ángeles, h. 1429. Temple y oro sobre tabla, en el Museo di San Marco de Florencia. 77 x 43 cm) (*)
Incluye este apartado la tabla de Fra Angelico “La Coronación de la Virgen y la Adoración del Niño con seis ángeles”, y el comentario: “La riqueza de Florencia dependía de su banca y de su industria textil. Los pintores respondieron rápidamente a los nuevos terciopelos florentinos, con hilos de oro y plata, que se exportaban a toda Europa. Sobre todo Fra Angelico y Masolino tendieron a recogerlos en sus obras. Análogamente, en la década de 1420, la escultura admitió el color, y la viva interacción entre la Virgen y el Niño cobró más protagonismo al policromarse los relieves de terracota.
SALA 5

( La Anunciación, 1420 – 1425. Óleo sobre tabla de Robert Campin, en el Museo del Prado. 76 x 70 cm) (*)
Junto a la foto de La Anunciación de Fra Angelico, explica: “El retablo de la Anunciación del Prado, uno de los tres que pintó Fra Angelico para San Domenico de Fiésole, se instaló en el cancel (elemento arquitectónico en el lado del Evangelio del altar) que dividía la zona de los frailes de la de los fieles. Aquí se exponen por separado la escena principal y la predela, que se compone de cinco escenas. Lo acompañan otras obras casi coetáneas, entre ellas el vigoroso San Pablo de su colega Masaccio, con el que intercambiaba ideas constantemente. En un ejemplo de la Europa del norte, la Anunciación de Robert Campin, se emplea el simbolismo arquitectónico para indicar la transición entre la ley hebrea y la llegada del cristianismo. Del mismo modo que Campin recurrió a los edificios góticos de su época, Fra Angelico se basó para la casa de la Virgen en la arquitectura florentina contemporánea, con precisas representaciones de las plantas en el jardín que recuerdan a los tratados de botánica tardomedievales. El retablo de Fra Angelico estaba en el centro de ceremonias litúrgicas diarias como la que se ve en el cuadro de Berruguete sobre la aparición de la Virgen a una comunidad de dominicos.

( Aparición de la Virgen a una comunidad de dominicos, 1493 – 1499. Óleo sobre tabla de Pedro Berruguete, en el Museo del Prado. 130 x 86 cm.) (*)
SALA 6
La Florencia del Renacimiento tenía mucho de teatral. Los pintores respondían al espectáculo diario de sus procesiones, rituales y representaciones religiosas concibiendo sus composiciones como si estuvieran dirigiendo a actores en la escena. A veces se utilizaban pinturas como telones de fondo de determinadas ceremonias. El relicario de la Coronación de la Virgen que pintó Fra Angelico se llevaba hasta el altar mayor de Santa Maria Novella en las grandes festividades. El gran grupo de la Crucifixión en siluetas lo realizó para una organización juvenil en la que se recitaban las plegarias ante él. En los últimos años de la década de 1430 Fra Angelico pintó al fresco escenas similares en las celdas del reformista convento dominico de San Marco.
SALA 7

( Cristo en la cruz, h. 1493 – 1498. Óleo sobre tabla de Pedro Berruguete, en la Diputación de Segovia.191 x 136 cm) (*)
Ilustra el comentario a esta sala con el “Cristo en la cruz” de Pedro Berruguete y explica: Algunas de las obras que se exponen en esta sala ponen de manifiesto la excelencia del Fra Angelico narrador de historias, pero como se puede apreciar en otras pinturas su reputación posterior se basó en gran medida en su capacidad para crear imágenes dotadas de un profundo sentimiento religioso. Y eso es lo que trataron de imitar otros artistas como el italiano Antoniazzo Romano y el castellano Pedro Berruguete a finales del siglo XV. El tapiz que procede de la catedral de Zaragoza se realizó en la manufactura que creó en el Vaticano el papa Nicolás V, gran mecenas de Fra Angelico. Los tejedores venidos de la Europa septentrional emplearon todos sus conocimientos técnicos para traducir al medio textil las ideas de Fra Angelico. El paño fue adquirido por un clérigo español en Roma.
OBRAS DE FRA ANGELICO
Las obras de Fra Angelico en la exposición son, además de La Anunciación y La Virgen de la granada: “La Virgen y el Niño entronizados con los santos Antonio Abad o Romualdo, Juan Bautista, Pedro y Pablo, y Cristo como Varón de Dolores con la Virgen Dolorosa y san Juan Evangelista” c. 1411-12; “San Miguel Arcángel retira las aguas para que pase una mujer que ha dado a luz durante su peregrinación a Mont-Saint-Michel, y san Miguel Arcángel y el toro del monte Gárgamo” c. 1417; “La Virgen y el Niño con cuatro ángeles” c. 1417-19; “La Virgen y el Niño entronizados con dos ángeles” c. 1420; “Historias de los padres del desierto” c. 1419-20; “La Crucifixión” c. 1418-20; “La Virgen y el Niño con doce ángeles” c. 1421-22; “San Nicolás de Bari. Tablas del retablo mayor de San Domenico de Fiésole” c. 1419 y c. 1421-22; “San Miguel Arcángel. Tablas del retablo mayor de San Domenico de Fiésole” c. 1419 y c. 1421-22; “San Alejandro. Tablas del retablo mayor de San Domenico en Fiésole” c. 1419 y c. 1421-22; “San Rómulo. Tablas del retablo mayor de San Domenico en Fiésole” c. 1419 y c. 1421-22; “La Virgen María con los apóstoles, doctores de la Iglesia y santos monjes. Tablas del retablo mayor de San Domenico en Fiésole” c. 1419 y c. 1421-22; “Cristo glorificado. Tablas del retablo mayor de San Domenico en Fiésole” c. 1419 y c. 1421-22; “Los precursores de Cristo (patriarcas y profetas) con mártires y vírgenes. Tablas del retablo mayor de San Domenico en Fiésole” c. 1419 y c. 1421-22; “Dieciocho beatos dominicos. Tablas del retablo mayor de San Domenico en Fiésole” c. 1419 y c. 1421-22; “Diecisiete beatos dominicos y dos terciarios dominicos. Tablas del retablo mayor de San Domenico en Fiésole” c. 1419 y c. 1421-22; “El arcángel Gabriel. Tablas del retablo mayor de San Domenico en Fiésole” c. 1419 y c. 1421-22; “La Virgen Anunciada. Tablas del retablo mayor de San Domenico en Fiésole” c. 1419 y c. 1421-22; “La beata Margarita de Hungría y santa Cecilia” c.1421-22; “Santa María Magdalena, Cristo como Varón de Dolores y san Juan Evangelista” c.1421-22; “Santa Catalina de Alejandría y santa Inés” c.1421-22; “La Virgen de la Humildad con cinco ángeles” c. 1425; “El Nacimiento y los Desposorios de la Virgen, la Visitación, la Natividad, la Presentación de Jesús en el templo y la Dormición de la Virgen” c. 1425-26; “Cabeza y torso de san Francisco de Asís” c. 1427-30; “Cristo crucificado con san Nicolás de Bari y san Francisco de Asís” c. 1427-30; “La Coronación de la Virgen y la Adoración del Niño con seis ángeles” c. 1429-31; “El apóstol Santiago el Mayor liberando al mago Hermógenes” c. 1427-28; ”La visión de santa Lucía”; “Cristo muerto” c. 1432; “Funeral de san Antonio Abad” c. 1430-35; “San Antonio Abad rechazando el oro” c. 1430-35; “Los Desposorios de la Virgen” c. 1435-40; “La Dormición de la Virgen” c. 1435-40; “El nacimiento de san Nicolás de Bari, su vocación y sus obras de caridad” c. 1437-38; “La Crucifixión con la Virgen y san Juan Evangelista”, c. 1455, manufactura romana según un diseño del taller de Fra Angelico; “La Virgen y el Niño con cuatro ángeles” del mismo año; y “Santo Domingo y la estigmatización de san Francisco de Asís” c. 1430
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(*) Para ver las fotos que ilustran este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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