Para que lo trabajara y custodiase. 29. Patatales. Y 3

Por Carlos de Bustamante

( Acuarela de Jesús Meneses del Barco en jesusmenesesdelbarco.blogspot.com) (*)

Habrán seguido mis amigos y probables únicos lectores cómo en el título anterior del cultivo de patatas, el amo de turno en la Dehesa de Peñalba se dejó llevar por la codicia del dinero dejando en el olvido lo que por la formación recibida era un error mayúsculo.
El recuerdo de los Evangelios y de la santificación del trabajo, quicio donde se apoya la espiritualidad del Opus Dei que el santo de lo ordinario vio un 2 de octubre de 1928, hizo que reaccionara a tiempo volviendo a lo que nunca debió olvidar y que le hizo confidencia al chaval que le acompañaba con expresiones tan peregrinas como “¡a vivir que son dos días!”.

Y para que no cupiera duda del importante error cometido con su avaricia, recordó casi a la letra lo que había leído varias veces en lo escrito por san Josemaría y que le llevó al total arrepentimiento:

“¿Qué importa tropezar, si en el dolor de la caída hallamos la energía que nos endereza de nuevo y nos impulsa a proseguir con renovado aliento? No me olvidéis que santo no es el que no cae, sino el que siempre se levanta, con humildad y con santa tozudez. Si en el libro de los Proverbios se comenta que el justo cae siete veces al día, tú y yo —pobres criaturas— no debemos extrañarnos ni desalentarnos ante las propias miserias personales, ante nuestros tropiezos, porque continuaremos hacia adelante, si buscamos la fortaleza en Aquel que nos ha prometido: venid a mí todos los que andáis agobiados con trabajos y cargas, que yo os aliviaré. Gracias, Señor, quia tu es, Deus, fortitudo mea, porque has sido siempre Tú, y sólo Tú, Dios mío, mi fortaleza, mi refugio, mi apoyo”.

“Si de veras deseas progresar en la vida interior, sé humilde. Acude con constancia, confiadamente, a la ayuda del Señor y de su Madre bendita, que es también Madre tuya. Con serenidad, tranquilo, por mucho que duela la herida aún no restañada de tu último resbalón, abraza de nuevo la cruz y di: Señor, con tu auxilio, lucharé para no detenerme, responderé fielmente a tus invitaciones, sin temor a las cuestas empinadas, ni a la aparente monotonía del trabajo habitual, ni a los cardos y guijos del camino. Me consta que me asiste tu misericordia, y que al final hallaré la felicidad eterna, la alegría y el amor por los siglos infinitos”.

Acto seguido y antes de acudir al Dios que perdona por el sacerdote en el Sacramento de la confesión, circulaba por su mente la brisa suave del bellísimo canto que aprendió de adolescente, seguramente de un gran santo y antes gran pecador y que creo haber mentado en un artículo sobre alfalfares: “Tarde te amé” … etc.

Pero ¿no nos escribías, viejo “carca”, del gran batacazo que se dio el amo de turno con una siembra exagerada de patatas en el gran cacho de los Carrizales? ¿Se puede saber de una puñetera vez, que `demontres” le pasó? Es que `entodavía´ nos `manga´ usted un 4º sobre patatales, que nos `escuajeringa´.

-`¡Áhura´, ‘jeringar´!; ¡que `nian´ respirar le dejáis `áuno´!, contestó con cierta sorna el amo en la misma jerga de palabras , ¡ay!, ya perdidas.

Llegó el otoño…; `sigún´ amarilleaban las hojas en los álamos de la ribera, verde de plata vieja antes, a oro mugriento ahora, `asín´ las matas de patata, otrora verde intenso y turgentes por la abundancia de clorofila, morían en agonía lenta, implacable. Pero con el fruto generoso abajo. Maduro.

`Páice´ que igualito a lo que pensó el amo de turno en la Dehesa, lo hicieron multitud de labradores deseosos de resarcirse de las innumerables inversiones que exige el regadío. Pero ¡ay!, que fue tal la cantidad de ofertas recibidas por los mayoristas, que los precios, tan prometedores antes de pingües ganancias, cayeron en picado; se desplomaron. No había mayorista que quisiese patatas a ningún precio. Antes de tropezar de nuevo en la misma piedra -`áhura´ en el sentido contrario que hubiera sido la desesperanza- otra vez le ` vinon´ a las mientes las palabras que escuchó de viva voz del santo de lo ordinario: “¿Estás sufriendo una gran tribulación? —¿Tienes contradicciones? Di, muy despacio, como paladeándola, esta oración recia y viril: «Hágase, cúmplase, sea alabada y eternamente ensalzada la justísima y amabilísima Voluntad de Dios, sobre todas las cosas. —Amén. —Amén. «Yo te aseguro que alcanzarás la paz”.

Con esa paz y como en competiciones deportivas, el amo siguió sacando patatas “a ritmo” con toda la maquinaria recién adquirida.

A cada pasada del `Fergusón´ por el cacho, la cosechadora remolcada arrancaba sin dificultad dos surcos a la vez de las Red-Pontiac (patatas como las de `reñón´, recuerden) humanizando un trabajo realmente penoso. `Deseguida´ llenó los almacenes. A tope. Sin salida aún la muy abundante cosecha, tuvo que vaciar de ganado las cuadras enormes, para convertidas en almacén, esperar a que, pasada la avalancha primera de oferta, subiera siquiera un poco la demanda; y con ella, los precios de venta. Tal era el ritmo que imprimían los tractores con las nuevas New Hollan (cosechadoras), que fue preciso `dar bando´ en Traspinedo, para incrementar al doble la cuadrilla de mujeres encargadas de recoger y envasar en sacos las grandes `chasconeras´ de patatas que vertían sin cesar los increíbles artilugios.

Al tiempo de estar cuasi llena la cuadra, almacén improvisado, el otoño daba `las últimas boqueadas´. `Nian´ `hiciendo´ horas el personal sacando patatas a azadón a la vez que las máquinas, daban fin a la fenomenal cosecha bajo la tierra de los Carrizales. Y el `ivierno` estaba ya a la vuelta de la esquina. Y, con él, los hielos; el enemigo público número uno que son éstos para los patatales.

Fue un 31 de octubre. En los Carrizales no quedó ni una patata enterrada para el `rebusco´. Pero ¡ay!, que sobre el cacho destacaba el rojo-morado de `mu bien´ de las patatas que la cuadrilla no dio abasto para recoger y envasar. Con la climatología aún suave, durmieron el día festivo de Todos los Santos sobre el cacho que las dio vida.

La noche fue fresquita, tirando a muy fría. Sin perder la paz, pero sí preocupado y antes de que llegara el personal al `corte´, el amo de turno inspeccionó detenidamente las patatas aún por recoger. Receloso, aunque el aspecto era de estar sanas como una manzana…sana, pidió opinión a Rufo el cachicán y a cuantos por viejos-mayores- podían ser más sabios. Por unanimidad el veredicto fue de no haber sufrido daño alguno cuantas patatas durmieron a la intemperie, puesto que aún fría la noche, ninguno opinó que hubiese helado. Antes del almuerzo, miles de toneladas de patatas estuvieron a buen recaudo en la cuadra-almacén con puertas y ventanas perfectamente cerradas y selladas.

Pasó el `ivierno´ extremadamente crudo con hielos y nieves en abundancia. Y, sin adquirir precios desorbitados, el mercado de patatas `páice que al inicio de la primavera se animó una miaja´. El amo acordó con un mayorista de confianza un precio más que aceptable para toda la cosecha superiormente almacenada y desocupada de los sacos en un montón descomunal.

Un olor nauseabundo al abrir las puertas, fue el toque de alarma de la impresionante tragedia: miles de toneladas de patatas podridas, contagiadas por las últimas que se vertieron encima y contra todo pronóstico heladas.

La exigencia del guion y las circunstancias hacen que, con las disculpas previas a mis amigos y probables únicos lectores, escriba “tal cuál” la entrevista que tuvo el amo de turno el mismo día en que descubrió la tragedia:

El señor Eufemio -`áhura el `Engañabaldosas´- trabajó en la Dehesa durante cincuenta o más años, hasta que sufrió un accidente vascular cerebral. Engañando baldosas… subió, oportuno, `en cá el amo´.

– “Estaba ó tan cojonudo, hasta que me dio el patatús éste… y ¡se jodió el patatal”. Así fueron sus oportunos buenos días por todo saludo.

Con ánimos animosos, y si Dios es servido, otro cultivo… mañaaana.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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