Por Javier Pardo de Santayana

(Entradas que se han efectuado en este blog la semana pasada, información que nos ofrece Google Analytics a los editores tras la reciente reforma de la presentación del blog)
Les seré sincero. De entrada los cambios sufridos por la presentación de nuestro blog me han despistado y me han envuelto en dudas respecto al camino que he de seguir para poder ver mis artículos a la debida hora y siguiendo un proceso relativamente lógico. Todo ello – entiéndalo usted, improbable lector mío – teniendo en cuenta que mi tendencia es suponer que todo está perfecto y que solo a mi torpeza es achacarle el caos en el que ahora me veo sumergido.
De entrada ya no me salen los artículos como antes, es decir en el día esperado, sino casi veinticuatro horas más tarde. Además, lo que me aparece en la pantalla si hiciera lo que hacía habitualmente es una especie de muestra de lo que debe ser el texto entero pero que es sólo el principio: tal como si la voluntad de quien así nos lo presenta fuera de que el lector interesado abriera boca.
Pero démoslo por bueno con la sola suposición de haber seguido el procedimiento ahora deseable. Así que, buscando simplemente una salida, picaré – no sé si éste es o no el término adecuado – en el título del artículo propio más reciente: aquel que se desea publicar, con el resultado de – oh milagro – ver surgir de no sé dónde todo el texto completo juntamente con la ilustración prevista. Eso sí, con una especie de acompañamiento abrumador y variopinto de imágenes e historias ajenas totalmente al tema que buscamos, la mayor parte de las cuales se refieren a noticias pícaras o censurables de jóvenes más o menos famosillas que muestran casi siempre algún rincón de su atractiva anatomía como gancho. Tampoco faltarán seguramente cotilleos cuya intención bien podría consistir en desviar la atención del lector de su inicial proyecto de leer el artículo del día; intención que probablemente conseguirán la mayor parte de las veces a menos que el protagonista de la búsqueda se haya propuesto blindarse a cualquier otro propósito.
Supongamos, que pese a todo lo dicho y avisado seguimos en la idea de dejarse de pamplinas y curiosidades y poner nuestra atención sin dar más vueltas a lo que nos transmite el foramontano que entra en turno. Pero veamos lo que ocurre si deseamos incluir un comentario. Porque entonces caeremos en la cuenta de que no recodaremos como antes dónde hacerlo. Quizás exista el sitio, mas no nos parece ya evidente, así que para encontrarlo haremos un esfuerzo de imaginación para recuperarlo. Con lo cual, tras un esperanzado esfuerzo no recompensado por la suerte, acabo por renunciar a comprobarlo.
Pero a estas alturas de la complicada operación en que me veo inmerso caigo en la cuenta de que se ha hecho ya bastante tarde, y como estoy seguro de que esta situación es fruto de mi inepcia y ando extrañado por la tardanza en conseguirlo lo que pretendo, pico sin demasiado orden en distintas partes que ahora me cuesta recordar cuando de pronto me sorprende ver aparecer el título buscado en cabeza de la lista de artículos mostrados por el blog. Sí, efectivamente, por fin se trata del artículo del día aunque esto ocurre ya a altas horas de la tarde o casi ya de noche. Y como con tanta búsqueda empiezo ya a tener cierto sentido de cómo va la cosa, pico ya en él directamente para hacerlo surgir completo e ilustrado.
Así terminaría la historia de mi pequeña odisea personal en la persecución de un algo que desde antiguo creía dominado, si no fuera porque al final se me ha ocurrido, pobre de mí, insensato, responder al atractivo de la ilustración que nuestro director del blog elige cada día y que tiene tras de sí todo un esfuerzo de imaginación y búsqueda, intentando ampliarla para mayor disfrute de su color y de su imagen. Pero no veo ya cómo hay que hacerlo; como tampoco sé que habré de hacer para buscar como solía determinados números pasados mediante el usual procedimiento de señalar los años y las fechas: nueva ilusión que, atrasado e ignorante como soy, sencillamente se me escapa.
Así que sintiéndome torpe, atrasado, incapaz de seguir los perfeccionamientos aportados por los imparables avances tecnológicos, ayuno de esos recursos impalpables asumidos ya desde las guarderías por generaciones sucesivas que cogen las cosas al vuelo aunque se las digan en inglés y con acento de Vallecas; aún aferrado a los principios de aquella lógica sencilla que mamé desde el colegio de mis queridas monjas teresianas. Y consciente también de mi incapacidad para desenvolverme en este nuevo mundo de las “fake news”, los “memes”, las fotos del plato de tortilla y las peleas por imponer la imagen y el golpe de efecto de las cosas, confieso que ya no puedo hacer sino pelearme como pueda con el frondoso envoltorio en el que hoy aparecen, sí, nuestros artículos, evitando a toda costa ser arrastrado por el aluvión de incitaciones gráficas descritas: imágenes y títulos más o menos curiosos o atractivos como las que hoy rodean nuestro hueco. O prescindiendo de algunas otras posibilidades a las que se nos había indebidamente acostumbrado.
PS: Supongo que a mi compañero Carlos Bustamante, ilustre vallisoletano que compartió conmigo colegio y relaciones de familia en los años treinta del pasado siglo le sonará este título con el que comparo mis vicisitudes blogueras de comienzos del siglo XXI. (Juan Pérez Zúñiga: “Los Viajes Morrocotudos” ilustrados por el inolvidable Joaquín Xaudaró)
Nota del editor: Para ver la entrada al artículo del día, si no sale a primera hora, hay que pinchar en la foto de la calle Santiago de Valladolid que aparece a la derecha; y para ver la foto en tamaño mayor –si a final del artículo no damos un link para ello- se puede agrandar la pantalla pinchando Control/+ varias veces.