Por Javier Pardo de Santayana

(Greta Thunberg afea a los líderes mundiales sus políticas nada sostenibles. Viñeta de Nieto en ABC el pasado dñia 25)
No se trata de subrayar simplemente el caos político que estamos viviendo y contemplando aquí en España, sino sobre todo de hacer ver el desvarío mental en que nos desenvolvemos. Pues no es preciso buscarlo para encontrarlo diariamente.
Carlos Herrera acuñó no hace mucho aquel recuento de sinrazones y sandeces que cada día suelen venir a nuestro encuentro, preguntándose cuál era la última cosecha nacional de tontos. Mas, como puede constatarse, la sinrazón – rayana a veces en la estupidez – ya superó nuestras fronteras y se extiende imparable fuera de ellas.
Ahí tenemos, sin ir más lejos, el caso del flamante y joven presidente canadiense, que se ha rebajado a entonar el mea culpa por el ridículo pecado de haberse disfrazado de hombre de color tiznándose la cara, cosa que sucedió hace la friolera de veinticinco años, o sea cuando él era todavía un jovenzuelo. Se trataba de vestirse de genio de la lámpara: sí; de ese que que ha aparecido ahora en la película “Aladin” (o sea el “Aladino» nuestro de toda la vida, sólo que en inglés), y que Willy Smith, de color él mismo, representa al parecer con éxito. ¿Es concebible una mayor estupidez que ésta de nuestros amigos canadienses rasgándose las vestiduras por tan grave pecado?
Por otra parte – también en territorios de tradición inglesa – vemos un caso tan flagrante como el del propio Primer Ministro del Reino Unido de la Gran Bretaña, que montó un tango yéndose nada menos que a su Majestad la Reina para saltarse los procedimientos democráticos y acabar recibiendo un duro vapuleo de su propia Justicia. Cosas veredes…
Y observaremos asombrados acontecimientos tan chuscos y tan sorprendentes como el hundimiento de una poderosa empresa de viajes – no sé si incluso la mayor del mundo – que se produce tan de repente que nos llega sin noticia previa. Con la – a la vez conmovedora y chocante – imagen de unos pasajeros que hacen colecta para pagar a la azafata…
¿Pues qué me dicen del retorcimiento hasta grotesco de la figura de una niña con problemas mentales para que actúe como la voz de una humanidad doliente a la vez que despiadada, y amenazada por nosotros mismos hasta el punto de ponernos en el trance de desaparecer como los dinosaurios del pasado? ¿Es que a nadie le da vergüenza ajena esta aprovechamiento de la debilidad ajena?
Mas no es preciso recurrir a países más o menos lejanos como estos, porque aquí mismo seguimos teniendo a chorros los ejemplos sin que a nadie se le enrojezca ni tan siquiera el rostro. Por ejemplo, unos políticos de corto alcance en todos los sentidos, que pretenden mejorar sus sueldos convenientemente, van a ampliar el propio nombre del partido pasando de la mención de “Madrid” a la del “país” así, sencillamente, sin darse cuenta que cuando se dice “país” lo que hace uno es referirse a la noción de “territorio” para diferenciarlo de la “Nación” – la gente – y del “Estado” – que es una organización para la convivencia. Así que a mí me viene a tiro el preguntar a estos señores y señoras si con lo de “Más País” vienen o no con ansias imperiales.
Luego está esta situación tan chusca como incomprensible por la cual si se meten en tu casa cuando te hallas ausente ya no puedes volver a entrar en ella y tienes que movilizarte y gastar tu dinero en abogados para que se marchen de ella los intrusos: ahí está el caso de esos desgraciados propietarios que para dormir tuvieron que utilizar sus coche. ¡Ole las leyes bien hechas! (desde luego no con la cabeza digo yo y cualquiera). Como esa gente que para guardar la droga en un lugar seguro recurre a los parques infantiles: que fíjese a qué punto hemos llegado de falta de respeto a la propiedad no ya privada sino íntima. Y ahí tienen ustedes a ese niño de chupete, intoxicado como resultado de esto. Y a ese muchacho de dieciséis años que se deshace de su hijo tirándolo al río para que se ahogue si no lo estaba ya por causa de los golpes, circunstancia aún por confirmar a estas alturas, pero que en todo caso me lleva a considerar que si la madre lo hubiera abortado simplemente no sólo no habría habido pegas para eliminarlo, sino que, recibiría la felicitación y el pláceme de mucha gente por haber demostrado ser dueña de su propio cuerpo.
Así que, a partir de la imposición de la “moral” fijada por la “corrección política» por todos los medios disponibles; una moral según la cual sólo es correcto lo que el partido desea difundir en beneficio propio, no es de extrañar lo que nos trae el noticiario diariamente. Hasta hemos visto que los malos son los buenos.
Luego veo a mi propio párroco agobiado porque ademas de sus obligaciones pastorales, ya de por sí numerosas y difíciles de atender por la falta de clérigos, ha de cumplir con múltiples y hasta ahora innecesarias obligaciones administrativas derivadas de que aquí nadie se fía del vecino; glorioso resultado del comportamiento de una sociedad desorientada que ha perdido la guía de la la razón y de la lógica. Y, por supuesto, de la fe cristiana. Hasta para la catequesis de la primera comunión deben hacerse documentos oficiales que ya son completamente imprescindibles. Y ojo con las fotografías de los niños y padres, porque requieren ya consentimiento previo y por escrito.
Y mientras ocurren todas estas cosas, un representante del Estado no sólo anima a sus esbirros y a sus organizaciones revolucionarias disfrazadas de entes culturales o sociales a “seguir apretando” al gobierno de la nación de que depende, sino que insiste incluso, con la mayor chulería imaginable, en desobedecer las decisiones judiciales que le instan a cumplir con nuestras leyes, que curiosamente coinciden con las suyas.
Lo malo es que las voces que se oyen sacan partido a la mentira y así alentamos un futuro de falsedades y vacíos. Menos mal que quienes los promueven no sienten el menor rubor por decir una cosa y la contraria, así que cabe esperar que cualquier día les de por volver a la sensatez y recuperen la conciencia – desde luego sin gran remordimiento por su parte – por una simple razón de conveniencia propia.
Sí; quizás llegue un momento en que los muchas pamplinas pretendidamente éticas, y los retorcimientos de la realidad que hoy observamos sin mover una ceja, nos hagan sonrojarnos y entonar el mea culpa.