Las Batuecas-Sierra de Francia. 2. Tierras de María

Por Carlos de Bustamante

(La Virgen Negra)

Lo sabía. Pero nada tan agradable como comprobar “in situ” esta formidable realidad. España entera es tierra de María. `Pueblo por pueblo y villa por villa´…

En ambas mesetas; en los valles; en las montañas.  Y allende los mares donde España llevó la civilización y la Buena Nueva.

La que es Madre de Dios, Madre de la Iglesia y Madre nuestra, ha sido y es celebrada, cantada en todo tiempo y lugar. Por reyes, nobles y plebeyos; juglares y pueblo llano. En oraciones aprendidas desde niños; en canciones litúrgicas en iglesias y monasterios; en cantigas y melodías gregorianas por monjes y eremitas. En las fiestas de pueblos y ciudades. En las celebraciones de patronas e infinidad de conmemoraciones marianas; en romerías y rosarios a de la aurora; en el lugar de apariciones, leyendas y milagros.  Desde uno a otro confín del mundo.  En todas las advocaciones se canta o reza a María. Desde los tiempos más remotos: “Como cedro del Líbano crecí, como ciprés de los montes del Hermón. Crecí como palmera en Engadí, como jardín de rosas en Jericó, como noble olivo en la planicie, como plátano crecido junto al agua en las plazas. Santa María hizo que en torno suyo floreciera el amor a Dios. Lo llevó a cabo sin ser notada, porque sus obras eran cosas de todos los días, cosas pequeñas llenas de amor”.

Oraciones públicas y privadas; de santos: “Mira la estrella, invoca a María” -oración de san Bernardo-:

¡Oh! tú, quien quiera que seas, que te sientes lejos de tierra firme,

arrastrado por las olas de este mundo, en medio de las borrascas y tempestades, si no quieres zozobrar, no quites los ojos de la luz de esta estrella. Si el viento de las tentaciones se levanta, si el escollo de las tribulaciones se interpone en tu camino, mira la estrella, invoca a María.

Si eres balanceado por las agitaciones del orgullo, de la ambición, de la murmuración, de la envidia, mira la estrella, invoca a María. Si la cólera, la avaricia, los deseos impuros sacuden la frágil embarcación de tu alma, levanta los ojos hacia María. Si perturbado por el recuerdo de la enormidad de tus crímenes, confuso ante las torpezas de tu conciencia, aterrorizado por el miedo del Juicio, comienzas a dejarte arrastrar por el torbellino de tristeza, a despeñarte en el abismo de la desesperación, piensa en María. Si se levantan las tempestades de tus pasiones, mira a la Estrella, invoca a María. Si la sensualidad de tus sentidos quiere hundir la barca de tu espíritu, levanta los ojos de la fe, mira a la Estrella, invoca a María. Si el recuerdo de tus muchos pecados quiere lanzarte al abismo de la desesperación, lánzale una mirada a la Estrella del cielo y rézale a la Madre de Dios. Siguiéndola, no te perderás en el camino. Invocándola no te desesperarás. Y guiado por Ella llegarás al Puerto Celestial.

Que su nombre nunca se aparte de tus labios, jamás abandone tu corazón; y para alcanzar el socorro de su intercesión, no descuides los ejemplos de su vida. Siguiéndola, no te extraviarás, rezándole, no desesperarás, pensando en Ella, evitarás todo error. Si Ella te sustenta, no caerás; si Ella te protege, nada tendrás que temer; si Ella te conduce, no te cansarás; si Ella te es favorable, alcanzarás el fin. Y así verificarás, por tu propia experiencia, con cuánta razón fue dicho: “Y el nombre de la Virgen era María”.

Estamos en las Batuecas. También tierra de María. Y la historia o leyenda es muy bella: Como cada mañana y antes o después de recibir el tratamiento de las aguas termales en la Abadía de los Templarios, las camareras hacen las camas, limpian la habitación y con simpatía realmente extraordinaria, informan a los clientes de lo más notable de la comarca o de cuantos asuntos pidamos antecedentes. María-camarera- es de Cabaco; un pueblecito que conoció tiempos mejores al agrego de la Sierra y Peña de Francia.  Con tan sólo hoy una veintena de vecinos. Interesado por cuanto se refiere a la Virgen, María la camarera nos relató lo que a ` grosso modo´ pongo en conocimiento de mis amigos: diz que una doncella de nombre Juana, conocida como la doncella santa de Sequeros, (su lugar de nacimiento), murió muy joven. Diz -continuó la camarera María-, que cuando ya la iban a enterrar, y ante el asombro de todos los asistentes al sepelio, Juana se incorporó en el ataúd. Con voz sonora y   bien timbrada, anunció a los aterrados presentes, que, no tardando, encontrarían una imagen de la Virgen. Señora de las Batuecas, de la Peña y sierra de Francia.  Imagen que, si era debidamente venerada, alcanzarían de Ella grandes favores de los que se beneficiaría toda la comarca y cuantos habitasen en ella. Diz María la camarera, que pocos años después de este anuncio milagroso, vino en peregrinación a la Peña el monje francés Simón Rolan.  Y no vino por capricho ni casualidad, sino porque recibió una llamada de lo Alto de que así lo hiciera.

Con voz temblorosa por la emoción, diz María la camarera que entre peñascos de la cima -peña que, en increíble coincidencia llevaba el nombre del país del que era el monje- encontró la muy bella imagen resguardada entre los riscos de la cumbre misma de la peña de Francia. Oquedad que fue refugio seguro cuando España fue invadida por los del islam y arrasaron todo signo cristiano de éstas y demás regiones españolas.

Desde el año 1434 en que el monje francés Rolando descubriera la Virgen Negra, miles de peregrinos acudían al cerro de la Peña para venerar a la Señora aún sin casa propia. Muy pronto la piedad popular le dio cobijo en un templo; el que lo fue tan tosco y pobre que el rey Juan II de Castilla mandó construir el que sería definitivo y acorde con el honor que merecía tan honorable Señora. Para su cuidado y custodia, erigió un monasterio que ocuparon los dominicos.

Bien por confiados, o por la enorme devoción de un descuidero, o bien por ambas razones apuntadas, la imagen desapareció un 17 de mayo de 1572.

Durante 17 años nadie supo de su paradero.  Hasta que, cumplidos, misteriosamente un día fue devuelta al pedestal sobre el que era tan querida y venerada.   Pero en tan lastimoso estado que acordaron los buenos frailes tallar una nueva; condicionando al escultor a que introdujera en su interior los restos de la primitiva imagen. Así se hizo y así se conservan. Nuevo templo.  Nueva imagen. Y vieja en ella; pero siempre, nueva devoción que se extendió, además de por tierras charras que la tienen por patrona, por toda España, América e incluso otros continentes.

Recibe nuestras noticias en tu correo

Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

Lo más leído