Por respeto a su memoria, no hagan trampas

Por Javier Pardo de Santayana

( Viñeta de Nieto en ABC el pasado 27 de septiembre )

Pocas veces se ha visto cosa igual. Tal es el desbarajuste mental de nuestros días, que la lógica se ha ido de paseo y mucha gente osa contradecirla incluso en público, lo cual se hace evidente en el decir de los políticos, que parecen estar convencidos y tranquilos de que no les pillarán en sus incongruencias. Y que si les pillaran siempre podrán salir del paso desapareciendo por un tiempo, haciéndose el longuis, o sacando un tema nuevo. O resucitando otro que sea antiguo, o cualquier otra triquiñuela del estilo. Tal es el miedo que tenemos ya al vecino, sobre todo si es él el que controla los medios de la agitación y de la propaganda – lo que se llama la “agitprop” – que nos están modelando la memoria.

Podríamos poner muchos ejemplos, mas sacaré sólo a colación uno reciente. Una señora que ocupa un puesto relevante en la política ha osado hacer ver a su oponente algo que, en efecto, parece necesario recordar de cuando en cuando: se la ha ocurrido mencionar a los voluntariamente olvidadizos que ejercen ahora de ideólogos unas palabras que han levantado ronchas en una sensibilidad desarrollada por los dictados de la “corrección política”: ese corsé merced al cual han conseguido decir lo que les peta sin que nadie les ponga colorados. Han impuesto, por tanto, el mismo truco de aquel rey que iba desnudo pero pasaba por vestir un manto regio.

Así que cuando la citada gobernante recordó a sus señorías que aquellos adorados precursores suyos, cuando no antecesores familiares, se dedicaron en su día al poco noble deporte de quemar templos católicos, sus interlocutores pusieron el grito en el cielo – con perdón – recriminando sus palabras sin mas razón que la de que “de eso no debía hablarse porque resucita viejos odios”. Caramba, pues qué finos se nos han vuelto ahora… Ellos, que han establecido nada menos que una “memoria histórica” que es cualquier cosa menos eso, ya que lo que se propone es conseguir que las generaciones nuevas desconozcan los pecados de sus antecesores. Esto es, que nunca se hable más de lo que que fue un ambiente insoportable que hizo reaccionar a más de media España.

Yo mismo leí aquel lema y varios otros parecidos sólo hace un par de años en las paredes de la iglesia de mi pueblo actual de residencia, o sea que lo de recordar tiempos pasados es algo más que unas pintadas. Por cierto hace tan solo un par de días que me informó una feligresa de que también el retablo de este templo sufrió un destrozo brutal el año 36. O sea que el odio deicida alcanzó hasta a un humilde pueblo como éste.

Además, hablando de recuerdos y verdades conviene resaltar que ya es archiconocido que la política aludida por sus fervores incendiarios profanó una capilla con los pechos al aire al grito convertido en lema de “arderéis como en el treinta y seis”; expresión ésta bastante poco democrática y pacífica, pero que al parecer casaba bien con el citado gesto de mala educación y peor gusto consistente en desnudar sus atributos físicos en el interior de un templo y sin pedir permiso. Por otra parte debemos aceptar que la mención resultaba especialmente idónea y oportuna teniendo en cuenta el interés mostrado según parece por esa “memoria histórica” dentro de la cual no se supone relevante el hecho del asesinato, por ejemplo, de siete mil religiosos y monjas dedicados a la caridad y la oración, o la reclusión de tanta gente como estuvo tres años en prisión o fue apiolada por sentirse monárquica o por ser clasificada como “señorito” al llevar zapatos de verano y eso que coincidía en sus ideas. Que de ambos casos tengo ejemplos familiares, como también de  la aniquilación de una familia entera.

O sea que, efectivamente, mejor es ser prudentes y no hablar más del tema en lo posible si no es estrictamente necesario, es decir, respetar el espíritu llamado de la Transición Política, que por cierto nos aportó un gran prestigio en todo el mundo sin necesidad de hacer trampas como ahora. O ya puestos, eliminar la estatua de Largo Caballero, aquel amante de la democracia pero sólo si ganaban los de su propia cuerda, que alió a un partido respetable como el suyo con unos comunistas que a la sazón estaban decididos a dominar el mundo y que más tarde afortunadamente fracasaron.

Así que aplaudiré la idea de no resucitar nuestras rencillas y diferencias de opinión y de evitar sacar a colación aquellos temas que puedan enfrentarnos. Pero no me parece especialmente inteligente, y menos justo y razonable, el diseñar una “memoria histórica” que sea sólo de revancha y sólo olvide las causas del conflicto, el terror de las checas y de los milicianos, las trampas en las elecciones y los crímenes – como el asesinato del jefe de la la oposición o la entrega a Moscú del oro del Banco de España – para crear un mecanismo que nos amenace con poco menos que encerrarnos por comentar aquella paz en que estuvimos mientras la mayor parte del planeta estaba en guerra, o por citar la utilidad del aprovechamiento y el control de los recursos naturales, o por recordar lo que fue una legislación social que luego sería precursora de los avances laborales de los que actualmente disfrutamos, o por registrar la creación de una extensa clase media y el encauzamiento de ésta hacia un futuro de normalización política. Cosas que acabarían avalando las principales potencias democráticas.

Así que lo que me parece incluso obsceno es rasgarse las vestiduras por recordar un hecho reprobable como es la obsesión contra los templos, cristianos por supuesto. Fervor éste renovado en nuestros días aun sabiendo que jamás podrá olvidarse la realidad de los siete mil religiosos asesinados por el odio: todo un récord de maldad y de carencia de respeto al prójimo. Como lo fue  aquel ambiente insoportable y sucio que llevó a morir “por Dios y por España” a muchos jóvenes patriotas.

PS: He aquí las últimas palabras que dirigieron a su madre dos hermanos de 19 y 17 años respectivamente, sobrinos de un tío mío de Valladolid y estudiantes los dos de Medicina. Reproduzco las palabras de ambos. Las del mayor: “ Queda tranquila, madre. Cuando el peligro nos cerque, diremos: Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío”. En cuanto a las del menor, serían éstas: “Y si muero, decid tan solo: Dios lo ha querido así; bendito sea”.

 

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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