Por Javier Pardo de Santayana

(«La libertad guiando al pueblo», de Eugène Delacroix )

Andrés Amorós, historiador, ensayista y crítico taurino y literario, publicó el 30 de noviembre una Tercera de ABC – “Sí tiene letra” – que se refiere al Himno Nacional. Lo cual me da pie para tratar del caso, pues, efectivamente, esa letra no se utiliza ahora por tiquismiquis derivados de la omnipotente “corrección política”, y así ante el sonido de nuestro himno nacional – la marcha de granaderos – permanecemos mudos o lo tarareamos  mediante una letra ficticia que no es sino un chunda, chunda como el que se suele utilizar con cualquier canción cuya letra de verdad se desconoce.

Y sin embargo, como sostiene razonadamente el autor del mencionado artículo, tenemos incluso varias letras. Una de ellas escrita por una firma insigne, la del gran escritor y reconocido poeta José María Pemán, cuyos aciertos son decididamente significativos. Ahí tienen aquella feliz alusión a nuestra insigne Historia desplegada en la frase que proclama: “Gloria a la Patria que supo seguir, sobre el azul del mar, el caminar del sol”. Dígame usted si puede mejorarse esta figura.

Pero amigo, pasado el tiempo se le cambió una palabra – “alzad los brazos” – en vez de la original “alzad la frente”, y esto ya la ha convertido en expresión “non grata” para el progresismo a la violeta pese a que, al fin y al cabo, el extender los brazos era un saludo de tradición romana que en la ocasión se anteponía al gesto amenazador del puño en alto.

Y sin embargo más de una vez habrá usted observado, improbable lector mío, el entusiasmo con  que los comentaristas españoles recogen habitualmente la reacción patriótica que suele producirse en el país vecino con ocasión de cada circunstancia trágica que tiñe de luto a los franceses. O sea, la conmovedora escena de la gente puesta en pie y entonando emocionada a voz en grito el himno nacional: “La Marsellesa”.

Pero “La Marsellesa” no es como quizás alguien suponga, un himno “democrático” ajustado a los cánones de la más refinada corrección política, sino un aullido revolucionario compuesto en un ambiente de tensión extrema. Se lo revelaré a usted, amigo mío, con el ruego de que lo lea pensando en la mentalidad actual de nuestros compatriotas, poco conocedores de la Historia como puede fácilmente constatarse. Helo aquí con una traducción que simplemente pretende reflejar su sentido:

“¡Allons, enfants de la Patrie, le jour de gloire est arrivé!” (¡Adelante, hijos de la Patria: ha llegado el día de la gloria!)

“Contre nous, de la tyrannie l´étendard sanglant ést lévé» (¡Contra nosotros se ha alzado el estandarte sangriento de la tiranía!) “

“¿Entendez-vous, dans les campagnes, mugir ces feroces soldats?” (¿Oís bramar a esos feroces soldados en los campos?”)

”Ils viennent jusque dans vos bras égorger vos fils et vos compagnes”” (¡Vienen hasta vuestros brazos para degollar a vuestros hijos y vuestras compañeras!)

“¡Aux armes, citoyens, formez vos bataillons!” (¡A las armas, ciudadanos! ¡Formad vuestros batallones!)

“¡Marchons, marchons! ¡Qu´un sang impur abreuve nos sillons!” (¡Marchemos, marchemos! ¡Que una sangre impura empape nuestros surcos!)

¡Qué fuerte! dirían seguramente los jóvenes de hoy. ¿Qué mosca les ha picado a estos para hablar de la gloria? ¿Y a qué viene lo de los batallones? ¡Serán militaristas…! Así que yo pregunto: ¿En dónde está la corrección política? ¿De qué enemigo nos están hablando?

Pues la respuesta es que, efectivamente la corrección política brilla en este himno por su ausencia. Pero es el himno de Francia desde siempre y recoge un momento importante de su Historia. Sí; de una Historia de la que los franceses se sienten orgullosos por muchos peros que podamos ponerla. Y fíjese usted si los españoles no tenemos motivos para encontrar reparos a la inspiración del señor Rouget de Lisle.

Alguien nos dirá seguramente que nosotros tuvimos una guerra civil. Pero quizá no recordamos que La Marsellesa fue compuesta en plena revolución francesa en la que si, naturalmente, también desearían asegurar la invulnerabilidad de sus fronteras, ya de entrada se cargaron a la familia del Rey y a media Francia con la manía aquella de la guillotina, para acabar, como también ustedes saben, aplaudiendo la auto-entronización de Bonaparte como gran Emperador de los Franceses.

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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