“Sit and Talk” (comedia en un acto)

Por Javier Pardo de Santayana

(El campo en el reciente clásico Barcelona-Real Madrid )

La escena representa un campo de fútbol al cual están a punto de salir los jugadores.

Imagínese que usted es uno de ellos. Se ha despojado usted del pantalón, el jersey y la camisa, luego de la camiseta y de los calzoncillos, y se nos ha quedado en cueros para ponerse otros calzones y una camiseta deportiva blanca amén de unas medias preparadas – como toda la ropa – por un señor que se ocupa siempre de eso. Tras de lo cual se ha calzado las botas y ha visto que no le aprietan. Y, por supuesto, ha hecho pis para que no le entren las ganas en el peor momento, porque calcula que estará fuera cuarenta y cinco minutos por lo menos. Por fin, tras un rato de espera en fila con sus compañeros, salta – que es un decir – al campo, al que llaman así porque es de hierba.

¿Y qué se encuentra fuera? Pues, efectivamente, un gran espacio abierto y un terreno de color verde sembrado de hierba muy cerrada y segada casi al ras, con una enorme multitud alrededor y un gran letrero que dice “Sit and Talk”.

Naturalmente lo primero que viene a su memoria es aquello de “bueno, pues ya tenemos lo de siempre”, porque esa mañana estuvo usted con su mujer de compras  y todo estaba escrito en el idioma anglosajón: “mid season» decían, por ejemplo, o “sales”, que no quería decir nada que tenga que ver con salir, o “last price”, que le sonaba a circo.

Así que usted se dice: “Caramba, pues vaya una sorpresa. Yo que me había preparado para jugar al futbol como siempre, o sea para dar patadas a un balón, me encuentro con que dicen que lo que tenemos que hacer es sentarnos, supongo que en el suelo, y ponernos a hablar no se de qué. La prueba es que ellos ya están todos sentados y cada uno no puede hablar más que con el que tiene al lado. Así que si tenemos que obedecerles sólo porque ellos son cerca de cien mil y nosotros sólo treinta contando incluso con los árbitros, y por añadidura nos obligan a hablar en público en inglés, yo me las piro de aquí con viento fresco, que ando flojo en idiomas extranjeros y no quisiera caer en el ridículo”. Por cierto, ¿a quién se le habrá ocurrido tamaña estupidez?”

“Será cosa del presidente,  que es quien dirige ese cotarro que se tiene por “más que un club”, dirá su compañero más cercano.

“Pero si no hay siquiera sillas”, contestará usted. ¿Puede saberse en dónde nos sentamos?” añadirá otro de sus compañeros. “Porque la hierba puede estar recién regada y se nos calará la retaguardia”.

Y otro dirá: “¿Pero de qué querrán que hablemos? Porque a mí, de bote pronto, no se me ocurre nada qué decir”. Claro que tampoco faltará quien comente en voz alta: “Pues yo no entiendo nada. Además, con lo que debe costar ese letrero… Porque alguien lo habrá pagado; de eso no hay la menor duda.”

Luego intervendrá de seguro el capitán, que siempre reclama la última palabra, y les dirá a ustedes lo de siempre: “Vosotros, a hacer lo que nos digan. Y si nos dicen que hablemos, pues hablar de lo que os salga del… (y aquí dirá lo que ustedes ya saben, pero que no transcribo por aquello de la buena educación que me dieron mis padres)”.

“Pero es que aquí, con tanta gente que nos mira, hablar de cualquier cosa sin haberlo preparado previamente me da corte” dirá de nuevo usted que es tímido en el fondo aunque jugando al fútbol no deje pasar a nadie de medio campo para arriba.

“Oye, ¿y esos balones amarillos no te chocan”? dirá de pronto alguno acostumbrado a otros colores del balón redondo. “Será como en el tenis” le contestará un linier que se las sabe todas. “Acuérdense que se jugaba con pelotas blancas y ahora las utilizan amarillas. Digo yo que será porque se ven mejor cuando haya niebla”. A lo que algún otro saltará indignado: “Pues que quieren que les diga, que son ganas de complicar las cosas”.

“Eso es para que lo vean los chinos, que están locos por el fútbol según dicen” comentará en voz alta un delantero muy sabiondo que se mantiene al tanto de los temas internacionales. Así que, para salir del paso, usted coincidirá con él diciendo: “Lo que pasa es que quieren que se vea lo que hacemos, que es algo que gusta mucho por ahí y además permite ganar dinero a espuertas. Lo digo porque no le veo explicación aquí en España”.

Y en eso estamos, cuando un jugador nacido en Albacete abre la boca y poniéndose rojo vocifera indignado: ”¡O sea que ahora tenemos que sentarnos no teniendo sillas para ponernos a hablar en inglés de no sabemos qué!”

 

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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