Un caso patente de degradación moral

Por Javier Pardo de Santayana

 

(Viñeta de Nieto en ABC el pasado día 3 )

Resulta increíble constatar el nivel de degradación de la política española y la rapidez con que esto se produjo ante el asombro de quienes hoy la están sufriendo. Y aún más increíble puede ser para muchos el despiste generalizado de los españoles, ante quienes se exhibe la mentira con la mayor desfachatez del mundo sin que a nadie sorprenda demasiado. Basta con comparar los dichos con los hechos, pues ahí se materializa un disparate que nos hace sospechar con fundamento que las pequeñas maniobras partidistas para configurar perspectivas factibles de gobierno desfiguran hasta tal punto lo que los ciudadanos podrían derivar del resultado de unas elecciones, que poco tendrán pronto que ver con los programas inicialmente presentados por los líderes.

Quien haya leído mi anterior articulo – si por ventura tal persona existe – atribuirá probablemente el hecho a la degeneración de un sistema diseñado con la intención de asegurar que la nación acabe siendo gobernada conforme a los programas presentados por determinados líderes políticos con ocasión de unos comicios y en función del interés de los votantes. Y, sin embargo hemos visto como muchas veces, tal como es ahora el caso, hay posicionamientos iniciales que a fuerza de buscar acuerdos que beneficien a sus líderes, poco tienen que ver con ellos amén de resultar tergiversados más allá de cualquier lógica y de la exigible concordancia. Con lo cual el resultado acabará constituyendo un engaño flagrante a la nación y a los contribuyentes.

Esto es precisamente lo que se ha puesto en evidencia hace unos días, cuando gran parte de los españoles, y desde luego los mejores, o si usted quiere, los más presentables y mejor formados, tienen la sensación de que les han tomado el pelo: aseveración que no debe ser tan sólo mía, puesto que no hace tanto que el artista de tanta manipulación “contra natura” fue defenestrado por sus propios compañeros de partido, reflejando así una decisión inducida por aquellos de mayor prestigio.

Quiero decir con esto que, quienes andaban de tal modo preocupados por las inconsecuencias de su líder que decidieron pararle los pies antes de que aquéllas siguieran produciéndose, demostrarían ser una gente inteligente y responsable aunque con insuficiente poder en nuestros días para conseguirlo de forma más constante. Así que el problema surgiría de nuevo algo más tarde, cuando el voluble líder les superó en habilidad y malas artes con el objeto de conseguir mejores puestos y mayor lustre personal a costa de lo que en su día exhibió como principios inmutables, o quizá pilló a sus predecesores debilitados por la edad y sin la fuerza imprescindible para tomar las riendas de un partido que pondría en duda ya la validez de unas siglas desacreditadas.

Naturalmente, un engaño de tales dimensiones, que responde casi exactamente a lo contrario de lo que fue anunciado en primera instancia por su líder – y no es preciso echar demasiado atrás la vista para constatarlo puesto que, si Dios no lo remedia,  bastan sólo unos días para que este bodrio se materialice – requiere unas tragaderas que no sé si estarán previstas ya en algún manual de resistencia cuya lectura quizá valiera la pena abordar para comprobarlo más tranquilamente. Pero por supuesto no lo haré, por cuanto su omisión poco podría facilitar la comprensión de este fenómeno. Lo digo  así porque, según los entendidos, una publicación de esta naturaleza fue ya redactada por un “negro”, dicho sea con perdón por si quizás escandaliza a los censores que ya parecen estar oliendo sangre (y no digo si en vez de “negro” fuera “negra”). Porque en este caso no vale la expresión “subsaharianos”.

He aquí la razón por la que echo de menos una encuesta que, sin tener que esperar a que resulte de unas nuevas elecciones que serian las cuartas de una larga serie de fracasos, nos aclarare qué porcentaje de votantes entre los que fueron favorables en su día a los propósitos y acciones de un individuo que, como el citado, se ha desdicho a sí mismo con idéntico entusiasmo sosteniendo una cosa y la contraria, sigue considerando que ambas responden igualmente, según la conveniencia del firmante, a los planteamientos prometidos. Lo cual nos sitúa claramente en cabeza del “ranking·” europeo en cuanto a flexibilidad moral a la hora de cambiar de convicción según la propia conveniencia personal del aprendiz de gobernante y sin necesidad de disimularlo tan siquiera con un gesto de despiste tipo Buster Keaton.

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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