“El dilema de Sánchez: cambio de socios o rescate brutal”, de Vozpópuli, “Préstamo, no eurobonos”, de José María Carrascal, y “Residencias de ancianos en España: ratonera por abandono”, de Inmaculada Fernández

(Viñeta de Nieto en ABC el pasado día 14)
EL DILEMA DE SÁNCHEZ: CAMBIO DE SOCIOS O RESCATE BRUTAL
Artículo de Vozpópuli publicado en su web el pasado día 14
“Primero las vidas y luego los empleos”, ha dicho en una entrevista Luis Garicano. No es el único. El falso aforismo ha hecho carrera. Tenía todas las de ganar. Transmite una cierta sensación de humanidad, atenúa la creciente impresión de ineptitud y adoctrina al ciudadano televidente para que éste asuma con resignación el cataclismo económico y social que se nos viene encima. Esta, la de Garicano o la del economista griego Giorgos Kallis, defensor a ultranza de la teoría del decrecimiento, es la escuela de pensamiento dominante: primero la salud; después la economía. Pero no es la única escuela. La que defiende Félix Arteaga, investigador principal del Real Instituto Elcano, diluye algunos complejos: “Con las pandemias, la salud ya no es lo primero; si después no hay economía, tampoco habrá salud”.
La tesis de Arteaga no sitúa por delante la economía. Ni siquiera equipara economía y salud. Simplemente pone de manifiesto lo pernicioso de enfrentar, en una crisis como la presente, la protección de la salud con la necesaria preservación del tejido productivo. Como si se tratara de dos variables necesariamente incompatibles. Como si favorecer en la medida de lo posible la viabilidad de las empresas, y por tanto el empleo, significara desatender las urgencias sanitarias. El simplón discurso varoufakista, consistente en demonizar la actividad empresarial al grito de “¡la salud y el planeta primero!”, ha penetrado con éxito en la conciencia de una sociedad adormecida que ha comprado ese otro mantra del populismo barato consistente en responsabilizar a la “Europa de los mercaderes” de nuestros problemas estructurales.
¿Tan extraño es que con nuestros ratios económicos y después de una gestión de la crisis sanitaria de discutible eficacia, casi nadie se fíe de nosotros?
¿Europa es perversa porque se resiste a pagar sin condiciones la fiesta organizada por un gobierno que no ha encontrado mejor manera de defender a los trabajadores que maltratando a las empresas? ¿Europa se juega su credibilidad en España porque Bruselas no esté dispuesta a aceptar sin más que un país con la deuda por las nubes, el déficit desbocado y el PIB despeñado, sea el primero en poner en marcha en el continente, y con carácter perpetuo, un ingreso mínimo vital que es además compatible con la percepción de becas y ayudas a la vivienda? Es la Unión Europea, dicen, la que se juega su futuro. Nosotros no. Nosotros, un país con más de la mitad de la población con derecho a voto viviendo en estos momentos a cuenta del Estado, somos los campeones de la solidaridad. Eso sí, con el dinero de los demás.
En la Alemania del superávit y con una deuda que no llega al 60% del PIB, la pensión media es de 1.100 euros y la máxima a la que se puede aspirar, tras 45 años cotizados, de unos 2.700. Cifras casi idénticas a las españolas. Pero da igual. Alemania es la madrastra mala porque, junto a otros países, ha mostrado su preocupación de que las ayudas de la UE por la covid-19 se destinen a financiar instrumentos que fomenten el clientelismo político en lugar de servir para paliar los efectos de la pandemia. España quiere mutualizar los préstamos sin mutualizar la vigilancia. Sin control. ¿Tan extraño es que con nuestros ratios económicos -que de no contar con la protección de Europa nos conducirían sin remedio a la quiebra-, y después de haber hecho una gestión de la crisis sanitaria -vamos a ser benévolos- de discutible eficacia, casi nadie se fíe de nosotros?
Atentos a Vistalegre 3
No, Europa no nos va a dar un cheque en blanco. Habrá que ir buscando un bonito eufemismo para bautizar el nuevo rescate, con o sin “hombres de negro”, pero si queremos un flotador que resista los embates de la tormenta que se avecina debiéramos empezar por aceptar una triste realidad: que nadie en las cancillerías europeas entiende cómo tras las elecciones de abril de 2019 no se formó en España un gobierno estable de centro-izquierda; ni que después de la repetición electoral de noviembre nos hayamos dedicado con obcecado entusiasmo a malgastar la mayor parte de nuestro crédito político poniendo la gobernabilidad en manos de quienes pretenden romper el Estado. Eso sin contar con que en estos dos últimos meses de gestión de la pandemia ha quedado indubitablemente acreditada la escasa operatividad y eficacia de un Gobierno de coalición quebradizo y disfuncional.
La Ejecutiva Federal del PSOE reunida el pasado lunes, se reafirmó en que una de las prioridades del Gobierno debe ser “reforzar” el bloque que hizo posible la investidura de Pedro Sánchez. No hagan ustedes mucho caso. La Ejecutiva Federal del PSOE no existe. Es un espectro. Pura formalidad estatutaria. Por el que dirán. La prioridad no es esa ni de lejos. La prioridad es que si Pedro Sánchez quiere que la Unión Europea le acepte un acuerdo que le permita aspirar a mantenerse en el primer plano de la política, no tiene otra opción que dinamitar ese bloque. Empezando por Unidas Podemos. La incógnita, que todavía tardará en ser desvelada, es si Pablo Iglesias aceptaría la separación de buen grado, consciente como es de que las exigencias de Bruselas serán en todo caso abiertamente incompatibles con su discurso en Vistalegre 3, o asistiremos a la teatralización de una ruptura virulenta, preámbulo no del frustrado asalto a los cielos, sino del más asequible espacio de ese populismo de izquierdas que se verá retroalimentado por un paro atroz.
Europa no nos dejará caer, pero si no se articula con urgencia un gran acuerdo nacional podemos ir de cabeza a una intervención ‘a la griega’
A España no se la puede dejar caer porque forma parte del núcleo de los países europeos considerados sistémicos. Sin embargo, las condiciones que una Europa escorada hacia el centro-derecha nos acabará exigiendo dependerán en esencia de dos factores: el respaldo parlamentario que consiga el Gobierno en apoyo de su plan de reconstrucción, y el grado de concomitancia de este con las normas y criterios generales fijados por la Unión Europea para prestar la asistencia necesaria a los países en situación más precaria. Es por tanto imprescindible que Pedro Sánchez acepte la necesidad de afrontar un ejercicio de responsabilidad y realismo, algo de improbable viabilidad con sus actuales socios de gobierno. O eso, o habremos de asumir las durísimas consecuencias de una intervención “a la griega”. Europa no nos dejará caer, pero las condiciones del rescate serían en este último escenario extremas.
No está en juego la estabilidad de un gobierno, sino que los sacrificios que hayamos de sobrellevar en el inmediato futuro sean o no asumibles. Si ha de hacerse un nuevo esfuerzo, que sea desde el convencimiento de que no había una opción mejor. Para ello, señor Sánchez, reconstruya una mayoría parlamentaria que represente al conjunto del país y excluya cualquier extremo; garantice a nuestros socios europeos una previsibilidad política puesta ahora en seria duda; y pacte unos presupuestos alejados de cualquier fabulación contable. Solo así podrá exigir contrapartidas que salvaguarden las herramientas que en tiempos de crisis operan como los principales sostenedores de la cohesión social: las pensiones, principal escudo protector de nuestra convivencia, y la cobertura del desempleo.
Póngase a ello señor Sánchez. Existe, y usted lo sabe, una posible mayoría alternativa a la actual. Hágalo y quizá hasta este país maltratado le vuelva a dar una nueva oportunidad frente a los que, en un nuevo ejercicio de insolvencia política, opten por dar la espalda a cualquier acuerdo razonable o se dediquen al insensato ejercicio de incendiar las calles.
PRÉSTAMO, NO EUROBONOS
Artículo de José María Carrascal publicado en ABC el pasado día 10
Sánchez busca hacerse dueño del cotarro, sin oposición. Con voz dolida, como la del que sufre injusticia, protesta Pedro Sánchez de las trabas que ponen a su estado de alarma e incluso le acusan de prolongarlo para gobernar más cómodamente. Cuando la verdad es que existen alternativas, empezando por las que regulan la salud pública, que permiten plantar cara a una pandemia, y usó el presidente de Murcia al cerrar algunas de sus localidades costeras a los veraneantes prematuros llegados del interior. Es más: el propio Gobierno ha dado a entender que le encantaría mantener la situación hasta finales de año, que es lo que puede durar la pandemia con sus últimos coletazos. También la forma cómo se ha constituido la Comisión de Reconstrucción, que supervisará la «desescalada» y posterior subida, apunta en ese sentido. De entrada, y siguiendo la táctica que viene usándose para formar las mesas del Congreso y Senado, se ha eliminado a Vox de su composición, pese a ser el cuarto partido de las Cámaras. Luego, se nombró presidente a Patxi López, un socialista sin sentido de Estado y servidumbre partidista, como ha demostrado en su larga y nada brillante carrera política. Lo que deja la «Reconstrucción» en manos del PSOE, Podemos y los nacionalistas, quedándole al PP el derecho al pataleo, con Ciudadanos, que ya veremos si le acompaña o se une a los gubernamentales.
Pues eso precisamente busca Pedro Sánchez: hacerse dueño del cotarro, con un mínimo de oposición, montado en el estado de alarma el mayor tiempo posible, o sea, convertirlo en estado de sitio de facto, y cambiando de pareja según el tema que se trate. En el aire quedan las dos crisis: la sanitaria y la económica, interrelacionadas. El Covid-19 tendrá que irse replegando como todas las epidemias y si no lo hace, los poderes especiales tendrán sujetos a los españoles. Mucho más difíciles se presentan la deuda y paro que se nos echan encima. Todos los indicadores, incluidos los del propio Gobierno, admiten que los ingresos serán menos de lo previsto y los gastos mucho más. Ya que el Plan Marshall y los eurobonos que pedía Sánchez no llegan, tendrá que contentarse con los 24.000 millones de euros que le tocan de los 240.000 millones que la Comunidad Europea ha dispuesto contra el virus, en condiciones inmejorables: pagaderos en diez años, con un interés del 0,115%. Tampoco habrá «hombres del frac», fiscalizadores, ni otras condiciones de que el dinero se emplee en «costes directos e indirectos sanitarios causados por la pandemia», como Países Bajos exigía. ¿Llegarán? Depende de cómo se gasten. Quiero decir que si se emplean en combatir la pandemia y sus efectos colaterales o se gastan en experimentos sociales, en financiar chiringuitos de amiguetes o, sencillamente, desaparecen por arte de birlibirloque. Kristalina Georgieva, directora del FMI, en la misma situación que la CE, aconsejaba hace poco en Roma los gobiernos que «gastasen cuanto pudiesen», pero «guardaran los recibos». Como búlgara, debe saber que en Europa falsificar recibos es uno de los deportes favoritos. También lo saben los holandeses.
Artículo en: https://www.abc.es/opinion/abci-jose-maria-carrascal-prestamo-no-eurobono-202005100008_noticia.html
RESIDENCIAS DE ANCIANOS EN ESPAÑA: RATONERA POR ABANDONO
Artículo de Inmaculada Fernández publicado en Actuall el pasado día 12
Miles de ancianos han muerto en las residencias y el gobierno se retrata: mientras les pedían medicinas para curar, les enviaban morfina para sedar. El panorama es muy trágico pues el Gobierno se niega a facilitar las actuales cifras de fallecidos en las residencias de ancianos.
Sin pruebas de detección de la enfermedad, se les sigue impidiendo derivar a los enfermos a los hospitales, y en vez de medicación para curar reciben morfina.
Los números no cuadran, ya lo sabemos, pero las cifras se intuyen mucho más dramáticas para las residencias de ancianos. Son las grandes castigadas en esta crisis humanitaria, agravada por la negligencia, ineptitud y mala fe de un gobierno que además es quien está promoviendo la ley de eutanasia -en eso no falla- y no ceja en su empeño (prosigue con su trámite imparable), en vez de dedicarse a salvar vidas que es donde nos gustaría a todos que estuviera.
Uno de cada tres fallecidos por el Covid 19 han muerto en sus domicilios durante el pico de la pandemia, según información de la Asociación Española de Profesionales de los Servicios Funerarios al periódico Libertad Digital. Y muchos de estos fallecidos son ancianos muertos en residencias, sus domicilios habituales.
La negligencia e ineptitud del Gobierno ya las conocíamos, por los millones de euros malgastados en partidas de material que no han llegado a los centros hospitalarios, y unas confiscaciones inexplicables que agravaron más el desabastecimiento. Otras partidas de material que sí llegaron resultaron ser una estafa que se ha cobrado la vida de muchos sanitarios y otros, decenas de miles, han resultado infectados por confiar en ese material. Si el Gobierno español fuera una empresa privada, muchos en el ejecutivo ya estarían en prisión o camino de ella, no me cabe la menor duda.
Pero, a parte de la ineptitud y la corrupción, está también la mala fe de quienes nos gobiernan. Sí, muy mala fe. Pues cuando desde las residencias les pedían medicinas para curar, les enviaban morfina para sedar.
Medicación para curar, no. Morfina para sedación, sí
Ignacio Fernández-Cid, presidente de la Federación Empresarial de la Dependencia (FED), que representa a 1.200 empresas de residencias de ancianos en toda España, ha denunciado hechos gravísimos en diario digital El Español.
El sector, sin duda, es el más castigado por esta pandemia porque además de ser un colectivo de personas vulnerables se les ha impedido y se les impide todavía derivar a los ancianos a los hospitales: “Se lo prometo, no nos han dejado. Pero si una persona mayor desde su casa necesita ir al hospital, ese procedimiento no ha cambiado. Si tienes una urgencia, lo llevas a urgencias y ya está. El problema ha sido las personas que estaban en los centros”.
“Hemos llamado para decir: ‘Bueno, si no me dejas derivarte a la persona, dame por favor medicación’. Mucho antibiótico, mucho paracetamol… Nosotros pedíamos retrovirales, hidroxicloroquina, que se demostró muy eficaz en su día contra la malaria. Pero la medicación en determinadas áreas sanitarias no nos la han proporcionado”, subraya el presidente de la patronal de residencias.
“¿Por qué seguimos con los mismos criterios restrictivos de derivación hospitalaria? ¿Por qué siguen sin ingresar a los ancianos cuando ya no está colapsado el sistema? Sí nos enviaron heparina, corticoides, antibióticos, morfina y sedación”, denuncia Fernández-Cid en la entrevista publicada este sábado.
En Libertad Digital, Ignacio Fernández-Cid también denunció la terrible situación: «No nos daban la buena medicación, esos medicamentos no los han enviado, pero morfina y para sedación, de todo».
Mando único del Gobierno en Sanidad. “Cayeron contagiados todos”
Recordemos que el Gobierno adoptó el mando único para Sanidad en Toda España. ¿Sedación terminal o sedación paliativa?, ¿qué pretende el Gobierno enviando morfina?, ¿Paliar la enfermedad o matar a los afectados de las residencias?. Poco se puede hacer por salvar vidas sin medicación apropiada, sin oxígeno, sin respiradores, sin pruebas de diagnóstico, sin material de protección, y sin personal, por estar muchos de baja también afectados por la enfermedad.
Es obligado conocer la tragedia que se ha vivido en las residencias de ancianos. Historias que se niegan a recoger las televisiones privadas regadas con 15 millones de euros por el ejecutivo de Sánchez e Iglesias.
Como el caso del matrimonio de Fernando y Paz que vivían en una residencia que fue abandonada por el Ministerio de Sanidad. Sin protección “cayeron contagiados todos los médicos, enfermeros y auxiliares” y el hijo de Eduardo y Paz no supo nada de sus padres en tres semanas, hasta que fallecieron, según publica Libertad Digital.
Eduardo hijo únicamente pudo comunicarse con enfermeras rotas de dolor por la situación: «No nos envían refuerzos. De los 60 sanitarios solo quedamos 16 para atender a 600 ancianos. No podemos más. Les iremos llamando», escuchaba cada vez que llamaba.
El panorama es muy trágico pues el Gobierno se niega a facilitar las actuales cifras de fallecidos en las residencias de ancianos. Fernández-Cid habla de 20.000 ancianos muertos en residencias. La Ser había mencionado días antes el dato de más de 17.500 ancianos fallecidos por el Covid 19, o con enfermedad de síntomas parecidos, sólo en los geriátricos.
El vicepresidente Pablo Iglesias se puso al mando de los servicios sociales en el estado de alarma en marzo y todavía no da datos. ¿Por qué?
¿Por qué siguen sin proveer de pruebas suficientes de diagnóstico a las residencias?
¿Por qué sí hubo, y hay, test en gran cantidad para los políticos y ahora para el ámbito del fútbol, y no los hay para los sanitarios y ancianos?
Artículo en: https://www.actuall.com/vida/residencias-de-ancianos-en-espana-ratonera-por-abandono/