Lo que faltaba para el duro

Por Javier Pardo de Santayana

(Una visión romántica de la llegada de Cristóbal Colón a América. Óleo de Dióscoro Puebla, 1862

Sabemos que la estupidez humana no reconoce límites, pero esto había que vivirlo para comprobarlo en nuestra propia carne. Y sabemos también que la estupidez tampoco es cosa nueva, puesto que ya me he referido a lo mismo en otras ocasiones. Así que el mérito de ahora es comprobar que se resiste como gato panza arriba a desaparecer del mapa, y dar ocasión para mostrar nuestra extrañeza al observar que todavía se respeta y considera en vez de ser objeto de desprecio.

Me refiero a esta moda de tirar de nuevo contra España y su grandiosa historia, con la particularidad de que la moda ahora se extiende a otros países respetados. Fíjese usted que ya hasta despedazan al intocable Winston Churchill.

Recordarán ustedes que hace poco salí al paso de un hecho sorprendente e impropio del siglo en que vivimos. Cuando tras el paso del turbulento siglo XX dábamos decididamente por supuesto que la globalización y la paz ya centrarían el pensamiento de nuestros gobernantes y por extensión del resto de países, nos pareció fuera de sitio y de razón el anatema desencadenado por importantes círculos norteamericanos contra un santo español canonizado a su vez por otro santo no hace mucho: me refiero a fray Junípero Serra, aquel hombre admirable que dedicó su vida a civilizar a los nativos – tanto mujeres como hombres – transmitiendo generosamente su experiencia. Pues bien este entregar la vida por los habitantes autóctonos de América, que mereciera el agradecimiento de la nación  hasta el punto de buscarle un lugar en el recuerdo del propio Capitolio, sería ahora repudiado haciendo desaparecer cualquier vestigio suyo en California. Un tratamiento similar sufriría también Colón por ser considerado responsable de mal trato a los nativos. Pero este tratamiento despectivo, que podría encuadrarse hasta hace poco dentro de la estúpida costumbre de degradar las glorias españolas, ha vuelto ahora con una variante significativa: la inclusión como objetivo de sus iras a personajes propios, o sea anglosajones. Y ahí tenemos públicamente degradado nada menos que a sir Winston Churchill (añadir exclamación de asombro) pues por lo visto  encuentran pegas a lo que fue su pensamiento en términos sociales.

Y es que si en otro tiempo la moda fue describir a España como nación torpe y atrasada, carente de principios morales y abusadora de nativos – pese a que ya desde el principio prohibiera formalmente cualquier abuso por decisión de Isabel de Castilla y fuera la creadora del Derecho Internacional de Gentes con Suárez y Francisco de Vitoria – ahora se activa contra cualquier intervención histórica u opinión non sancta invocando los principios de una estereotipada “corrección política”.

El factor de este cambio sorprendente parece provenir de los problemas de los norteamericanos de origen anglosajón a la hora de asimilar la convivencia de su raza, que es la blanca, con la de sus compatriotas de color; problemas que en realidad se extienden al trato con los que ellos llaman los “hispanos”. Pero la cosa ha llegado a tal extremo, que disparan ya contra cualquiera, demostrando así su desconocimiento de la realidad y de la Historia y una insoportable mala baba.

Pues, por poner un ejemplo, según la regla de tres establecida ahora, deberíamos renegar de nuestras clásicas raíces romana, griega y visigoda. Así que nuestra reacción debiera ser cargarnos la escultura de Trajano como los talibanes se cargaron los budas de Bamiyan impunemente, y echar abajo el teatro romano de Mérida, y la Alhambra, y nuestro propio idioma, procedente de un latín impuesto, y tantos y tantos otros restos del pasado tenidos hasta ahora por lo menos como interesantes. Todo ello mientras golpeamos nuestro humilde pecho avergonzados porque nuestros ancestros no sabían de la vidente sueca Greta Thunberg.

Así que lo que de verdad me asombra es que no haya surgido ya, definitivamente, el clamor indignado de una mayoría sensata e inteligente del planeta que sentencie tamañas teorías y tamaña exhibición de osada estupidez patente, y las ridiculice sin más, como merecen: algo que haga saber que ya no cuela la cantinela de esos ignorantes y ridículos expendedores de lecciones infumables.

 

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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