Aviso a los mayores

Por Javier Pardo de Santayana

(Abuelo con nietos)

Oigo en la radio la voz de un individuo poco menos que pontificando sobre el trato que merecen los “mayores”. Se trata de una intervención pública de hace – nos dicen – cuatro años.

Interesante asunto, ya que el número de ancianos y en general de gente ya de edad es cada vez mayor aquí en España gracias a los avances de la medicina y al nivel del sistema sanitario, que hasta tal punto han aumentado la esperanza de vida de los españoles que, si no me equivoco, ya ocupamos en el mundo una segunda plaza tan sólo superada por los japoneses. Así que lo normal sería que nuestro hombre destacara tan honroso puesto y quizás animara a los más jóvenes a contribuir más generosamente al conveniente aumento de la natalidad, ahora en sus mínimos.

Pues bien, lejos de felicitarse de la longevidad alcanzada y de animar a sus oyentes a corregir el citado dato negativo, vi con asombro que el susodicho se centraba, con un énfasis merecedor de mejor causa, en recalcar que los abuelos le estorbaban, y que, de acuerdo con esta premisa, sería mejor que su oyentes se centraran en hacerles desaparecer del mapa en beneficio de las generaciones más recientes. Y así les hizo ver que eran culpables de las dificultades con las que los jóvenes tropiezan hoy en día.

Esto es lo que vino a decir el susodicho, que se iría acalorando poco a poco hasta llegar a asegurar que los mayores deberían ser eliminados, para lo cual proporcionó ideas concretas como remitirlos “a Castelgandolfo” o, por qué no, “¡a la mierda”! – textualmente. Deseo en el que supongo incluiría también a la gente de edad de su familia. (Pido excusas a mi improbable lector por la reproducción en términos exactos de las expresiones del sujeto, pero el hecho es que fue de esta forma como, sin el menor recato, se expresó).

La escena que acabo de describir, desarrollada como dije hace unos años y reproducida ahora en la radio, es una muestra del desprecio del citado preboste hacia una parte esencial de la “ciudadanía”: precisamente aquella que la tradición y la cultura aconsejaron siempre tratar con especial respeto por ser los responsables de la transmisión de las virtudes, valores y experiencias de la vida a las generaciones nuevas. Un sector de la población merecedor también, por consiguiente, del agradecimiento y el respeto de los jóvenes por sus esfuerzos y sus sacrificios; algo que al parecer él no encontró en su casa.

Dirá usted que un señor de esta calaña, tan mal criado y educado, no representa a nadie sino a él mismo, y que seguramente su opinión no será apenas compartida; que ya se sabe que hay gente para todo y que será difícil encontrar otro más con tan aviesas intenciones. Pero es el caso que él ocupa la segunda poltrona del gobierno. O sea que el desprecio demostrado verbalmente a los mayores es en su boca no sólo impropio sino preocupante por cuanto lo normal será que intente llevarlo a cabo ahora que puede. Por ejemplo, impulsando ya de entrada la eutanasia, para lo que no le faltará voluntariado.  Como demostrará también su odio a los católicos, pues si no, a quién se le ocurre elegir Catelgandolfo como destino de destierro.

Así que, por de pronto, supongo que ante el coronavirus se habrá sentido asistido por la suerte, ya que es de todos conocida su eficacia a la hora de provocar la desaparición de esos ancianos – o “mayores simplemente” – que sobran en España según él.

Unos ancianos que no se fueron a Castelgandolfo o a “la eme” como él ardientemente sugería, sino que acabaron yéndose a la tumba.

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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