Huellas de un hecho poco conocido de la Historia de España

Por Javier Pardo de Santayana


(Un lance en el siglo XVII, pintura de Francisco Domingo Marqués de 1866)

El libro que hoy cae en mis manos parece interesante. Se trata de una edición que conmemora los doscientos años de la creación del Museo del Ejército, y trata de presentar catorce piezas significativas catalogadas como “joyas”. Entre ellas selecciono una relacionada con un hecho curioso y significativo de la Historia de España. Me refiero a un juego de pistolas de duelo que nos hace recordar la turbulencia de una época cercana a la de mis abuelos. Un hecho que hoy parece inaceptable pero que en aquellos días formó parte de las costumbres sociales de la época. Hoy nos parece, en efecto, improcedente dirimir los problemas de honor a tiro limpio, pero en aquellos tiempos, relativamente cercanos a los nuestros, dirimir las cuestiones de este tipo mediante el duelo era admitido y hasta regulado.

Hablamos del año 1870 y mi padre nació el 95, es decir, que el hecho al que voy a referirme precedió a su nacimiento veinticinco años, un periodo de tiempo parecido al que yo mismo llevo jubilado. O sea que el acontecimiento del que hablo corresponde a un “anteayer” en términos históricos. Y sin embargo todavía entonces se aceptaba dirimir las cuestiones de honor de esa manera, es decir, poniendo en manos de la suerte y de la puntería hasta la propia vida humana.

Adelanto ya para conocimiento de mi improbable lector que, según parece la ”joya museística” no corresponde al propio duelo al que voy a referirme, sino a un regalo de quien se vio favorecido por la suerte, y destinado a quien fue su padrino en este trance. Pero la exclusividad del acontecimiento no está en el hecho en sí, que acabaría con uno de los contendientes, sino en la personalidad de quienes se enfrentaron, ya que trató de dos sonoros títulos a la sazón pretendientes al trono tras el derrocamiento de Isabel II: don Enrique María de Borbón, duque de Sevilla, casado con la hija menor de ésta, y don Antonio María de Orléans, duque de Montpensier y quinto hijo del que sería Rey de Francia, Luis Felipe, una de cuyas hijas sería el personaje  preferido por los españoles y no digamos por las españolas: María de las Mercedes, aquella muchacha enamorada que casaría con Alfonso XII y moriría a los seis meses de su boda.

Pues bien, el caso es que al citado don Enrique se le ocurrió la malhadada idea de escribir un libelo titulado “A los monpensieristas”, deliberadamente ofensivo contra su potencial adversario en cuanto a las opciones sucesoras; un insultante escrito que él refrendaría remitiendo una copia firmada de su puño y letra a su adversario. Así forzó un lance de honor que se saldó de forma semiclandestina en un campo de tiro artillero de Carabanchel, en los alrededores de Madrid. Y el caso es que la suerte sonreiría en el inicio a don Enrique al permitirle iniciar el intercambio de disparos, pero le retiraría sus favores al abandonarle cuando – en el tercer intercambio – el Montpensier le alojó una bala en el cerebro. De esta estúpida forma ambos perdieron: uno la vida y el otro sus opciones.

Pero tratándose de un duelo entre caballeros no puedo dejar de reseñar este detalle significativo: cuando en el segundo intercambio de disparos la pistola de don Enrique sufrió un ligero impacto, su adversario se interesó por los posibles daños resultantes y le ofreció la suya, que no sería finalmente necesaria. He aquí un gesto que por una parte refleja la nobleza de quien de esta forma se comporta, mas que al parecer pudo poner nervioso a su adversario con el conocido resultado de su muerte.

¿Imaginan ustedes a los políticos de ahora reaccionando en la defensa de su honor de esta manera? Porque motivos habría cada día y cada vez que se intercambian inaceptables expresiones de odio, se tachan de corruptos o exhiben sin vergüenza sus mentiras. Claro que ahora tenemos entre ellos incluso rufianes y secuestradores que no solo no se comportan como caballeros – puesto que no lo son ni por asomo – sino que se permiten presumir incluso de sus malos modales y comportamientos. Y lo hacen sin tan siquiera sonrojarse y sin el menor respeto a sus iguales y al recinto en que “nos representan”; lo que no es de extrañar, ya que para gran parte de ellos el honor no es esa virtud que nos induce a cumplir con el deber y a respetar nuestra conciencia, ya que carecen de ella porque la ven como un obstáculo. Así que hasta deciden no tenerlo.

De ahí el valor de los citados juegos de pistolas que en su día se incorporaron al museo después de haber permanecido en manos de Alaminos, un general amigo del vencedor del duelo relatado y que fue su padrino en aquel trance, que, no teniendo descendencia, solicitó que a su muerte las pistolas con que le obsequió el de Montpensier fueran devueltas a la familia de éste.

He aquí el relato de unas curiosas huellas de la Historia que supongo se seguirán exhibiendo en el museo. Huellas que, además de recordarnos los agitados tiempos soportados por nuestros ancestros de finales del tormentoso siglo XIX, reflejan hasta qué punto nuestras costumbres y principios han cambiado, tanto en un sentido positivo como desgraciadamente negativo.

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

Lo más leído