Reabre la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando

Por José María Arévalo

(El entierro de la sardina. Francisco de Goya y Lucientes, en el Museo)

La reapertura de los museos en las últimas fases del confinamiento ha sido objeto de informaciones en todos los medios de comunicación -aquí mismo lo hemos celebrado-, y me ha llamado la atención la apertura del museo de la madrileña Real Academia de Bellas Artes, al que dedica un amplio artículo la web Hoyesarte, porque aparece completamente renovado.

El martes, 16 de junio, ha tenido lugar «la reapertura de la primera y segunda plantas del Museo, con un itinerario renovado y adaptado a las actuales circunstancias. La entrada será gratuita hasta el 31 de julio, con el horario habitual de 10.00 a 15.00 h, de martes a domingo, incluyendo festivos”. La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando reabre su Museo, uno de los más importantes de España, y la Calcografía Nacional. Además reinicia su programación musical y de actividades culturales, recupera el programa ‘Tardes de Arte’, trabaja en la conexión del Gabinete Goya con las salas del Museo y prepara la exposición “Goya, tres lecturas: la guerra, el rostro y la mujer”.

La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando fue la primera Academia de Bellas Artes que se instituyó en España, el 12 de abril de 1752, colocándose bajo el patrocinio del rey Fernando VI, quien la llamó Real Academia de las Tres Nobles Artes de San Fernando. Después se crearon las de San Carlos de Valencia, San Luis de Zaragoza y

la Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción de Valladolid que fue admitida por Carlos III bajo su real protección en 1783. La Reales Academias desempeñaron un importantísimo papel en los pasados siglos, por ejemplo en la vigilancia de los proyectos artísticos o arquitectónicos que pretendían realizarse en cada región, garantizando la unificación estética del país.

(El Museo)

Nuevo itinerario

“La reapertura del Museo -informa Hoyesarte- incluye las plantas primera, donde se exhiben los maestros antiguos, y segunda, en la que se muestra a los grandes retratistas del siglo XIX y varios ámbitos temáticos. La primera planta expone las obras más conocidas de las colecciones académicas. Se dan cita en sus salas los maestros antiguos, con pinturas y esculturas claves en la historia del arte de los siglos XVI a XVIII. Esta planta ha sido adaptada incorporando las novedades de su renovación museológica dentro de un itinerario lineal que garantiza la distancia interpersonal y las medidas higiénico-sanitarias, en un ambiente seguro y agradable para el visitante.

El recorrido comienza por la nueva sala renovada de los orígenes de la Real Academia de las Tres Nobles Artes en la que se explican las fases y los modelos para la enseñanza artística. La sala reúne un importante conjunto de obras vinculadas con la etapa preparatoria de la Academia (1744-1752) y los años germinales de su actividad docente (1752-1760).

Continúa el recorrido por otra sala renovada que contiene los orígenes del Museo, con obras maestras del Renacimiento italiano, en particular un icono de las colecciones, La Primavera de Arcimboldo –único cuadro del artista conservado en una institución pública en España–, así como pinturas fundamentales del Barroco en los Países Bajos, especialmente el gran lienzo Susana y los viejos de Rubens, otras de Anton Van Dyck o Frans Snyders, y en la misma sala, ejemplos muy significativos de la pintura de la Ilustración, con obras de Anton Raphael Mengs o Pompeo Batoni, además de los pintores españoles del siglo XVIII.

(Los disciplinantes. Goya y Lucientes, Francisco de

El recorrido tiene continuidad por las dos salitas donde se exhiben maestros extranjeros y españoles del siglo XVI, entre ellos Tintoretto, con La Santa Cena, Marinus Claeszoon van Reymerswaele, Giovanni Bellini, Pompeo Leoni, El Greco, Luis de Morales o Juan de Juanes. En la galería adjunta cuelga el importante grupo de los frailes de Merced de Francisco de Zurbarán y otras obras esenciales del pintor, como su bella versión del Agnus Dei.

Pasando a través del salón de actos de la Academia se accede al extraordinario Sueño del caballero de Antonio de Pereda, preámbulo de una de las colecciones fundamentales del Museo, las pinturas maestras del Siglo de Oro español de Bartolomé Esteban Murillo, Alonso Cano y José de Ribera, artistas de los que la entidad posee una excepcional representación.

Culmina el itinerario de la primera planta del Museo en otra sala renovada de visita imprescindible, la de Francisco de Goya, con 13 magistrales pinturas del artista, la segunda mejor colección del maestro aragonés en el mundo.

El espléndido conjunto de obras de Goya, quien estuvo muy vinculado durante su larga vida a la Academia, se encuadrada cronológicamente entre dos de sus autorretratos, Goya joven ante el caballete, y el de busto, con el pintor próximo a cumplir los setenta años. En la sala se exponen otros magníficos retratos, como los de La Tirana, Juan de Villanueva, Leandro Fernández de Moratín o Manuel Godoy, así como las cinco tablas de gabinete, entre las que se encuentra el conocido Entierro de la sardina.

La segunda planta del Museo reúne, entre otras muchas obras, las tres inusuales vistas de ciudades en cera de Nicolas Cetto o la admirable galería de retratos de Vicente López y Federico de Madrazo.

Gipsoteca

También en la segunda planta se encuentran tres espacios temáticos dedicados a la música, a la arquitectura y a la soberbia colección de vaciados escultóricos, que hacen de la Academia una de las más importantes gipsotecas del mundo. Uno de los espacios presenta los vaciados traídos a España por Diego Velázquez con motivo de su segundo viaje a Italia, y en otra gran sala se muestra parte de la colección adquirida por Mengs durante largos años en Roma y Florencia, así como, muy especialmente, los vaciados encargados por Carlos III de las esculturas excavadas en Pompeya y Herculano.

(Cristo entre dos sayones. Tabla de Morales, Luis de)

Las salas de arquitectura exponen planos y maquetas de los proyectos en el Palacio Real y en el Salón del Prado de tres grandes arquitectos ilustrados, Juan Bautista Sachetti, Ventura Rodríguez y Juan de Villanueva, y en otro ámbito puede admirarse una de las obras fundamentales del urbanismo decimonónico, el plan original de Ildefonso Cerdá para la reforma y ensanche de la ciudad de Barcelona, que se encuentra en la Academia al haber sido adquirido por el Gobierno de Isabel II.

La visita al Museo tiene su colofón en el nuevo espacio de la tienda de la Academia, recientemente inaugurado, donde pueden apreciarse y adquirirse estampas originales salidas de los tórculos de Calcografía Nacional, así como reproducciones escultóricas en yeso o resina de poliéster realizadas en el Taller de Vaciados, además de publicaciones especializadas en arte.

La Calcografía reabre sus puertas también este martes y amplía hasta el 26 de julio, con el horario de 10.00 a 14.00 horas, de martes a domingo, la exposición Premio internacional de fotografía humanitaria ‘Luis Valtueña’.

La pintura

La colección permanente de la Academia incluye obras maestras del arte español, italiano y flamenco. Goya fue miembro desde 1780 y el Museo conserva 13 pinturas de su mano destacando los dos Autorretratos, la Corrida de Toros, los retratos de Moratín, Juan de Villanueva, la actriz La Tirana y la célebre escena del Carnaval conocida como Entierro de la Sardina.

(Cano Almansa, Alonso. Cristo y la Samaritana)

Forman parte de la colección permanente del museo obras como el Agnus Dei y los Frailes Mercedarios de Zurbarán; una María Magdalena de Ribera, firmada en 1636; el único Arcimboldo conservado en España; la Riva degli Schiavoni en Venecia, firmado por Leandro Bassano; el espléndido cuadro el Sueño del caballero de Pereda; la escena del Antiguo Testamento de Susana y los Viejos de Rubens; la Marquesa de Llano de Mengs, el cuadro de Van Loo de Venus, Mercurio y Amor realizado en 1748; el siglo XIX está representado por el arte español con la serie de retratos de Vicente López, el magnífico retrato de Manuel Godoy, Príncipe de la Paz de José de Madrazo o el Retrato de Isabel II de Federico de Madrazo. También se muestran otras tendencias como el romanticismo de Esquivel y otros géneros como los paisajes de Haes.El siglo XX merece una especial atención ya que nos ofrece la obra de académicos actuales, permitiéndonos tener una visión del arte contemporáneo. Así se pueden seguir todas las tendencias artísticas del siglo con obras impresionistas de Sorolla y Cecilio Plá, el regionalismo de Sotomayor, los retratos de Vázquez Díaz y paisajes de Benjamín Palencia, Lozano, Genaro Lahuerta, etc…

Historia del museo

El Museo de la Academia cuenta con pinturas de primera calidad tanto españolas como extranjeras. Gracias a los inventarios de 1804, 1814 y 1829 se puede reconstruir la historia de sus fondos, de los cuales muchas obras pertenecen hoy al Museo del Prado.

En un principio la colección era un instrumento pedagógico destinado a la enseñanza. Las obras de los Giovan Domenico Olivieri, José de Carvajal y Lancaster, 1754, relieve en mármol, 63 x 49 cm, Madrid, Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando [inv. E-259] Flora Farnesio, h. 1649-1650, vaciado en escayola, 357 x 140 x 161 cm, obra adquirida por Velázquez durante su segundo viaje a Italia, 1651, Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando [inv. V-2] profesores y los cuadros del pasado servían de modelo y ejemplo para los alumnos.

Los consiliarios, en 1774, opinaban que los profesores de la Academia no eran «capaces de formar escuela ni de ponerse al público como originales» y que había que retirar sus obras de las salas. Hay que reconocer que sus pinturas no podían parangonarse a las de los artistas españoles del siglo XVII, elogiadas por los entendidos del siglo XVIII. La Academia, que quería dar «buena leche de enseñanza» a los discípulos por medio de las obras de Rafael, Miguel Ángel y otros pintores italianos copiadas por los pensionados en Roma, solicitó a Carlos III que le proporcionase las pinturas necesarias para la enseñanza a la vez que servirían para dar lustre al nuevo edificio de la calle de Alcalá, «nuevo monumento de la magnificencia del Rey y un insigne ornamento de la Corte». Para ello solicitaron las obras que se habían enajenado a la Compañía de Jesús, expulsada de España en 1769.

Cedidas las obras de los jesuitas, el monarca enriqueció la colección de la Academia con otras obras procedentes de sus palacios. Importante para el futuro de los museos españoles fue el mandato que Carlos III, movido por un prurito moral, dio a Mengs para que seleccionase los lienzos que, con desnudos licenciosos, se encontraban en sus distintas residencias. La orden era la de quemar esas pinturas consideradas indecentes. Mengs, con el pretexto de que tenían valor pedagógico para el estudio de la pintura, salvó de la quema obras maestras de Durero, Tiziano, Rubens, Veronés y otros grandes pintores. Ocultadas hasta 1792, fueron trasladadas a una habitación secreta o «Gabinete reservado», al cual muy pocos tenían acceso.

(Cabral Bejarano, Antonio Degollación del Bautista)

En 1815 la Academia, además de algunas pinturas procedentes del Escorial, se enriqueció con la excepcional colección de Godoy, el Príncipe de la Paz. En ella se encontraban las dos Majas, que estuvieron en la Academia hasta el año 1901, año en que pasaron al Museo del Prado. Aparte de las obras procedentes de la desamortización eclesiástica hay que tener en cuenta las donaciones hechas a lo largo del siglo XIX por benefactores particulares.

En 1824 don Fernando Queipo de Llano depositó el retrato de su esposa, la marquesa de Llano, por Mengs. Además del retrato ecuestre de Fernando VII, encargado por la corporación a Goya, tanto Juan de Villanueva como Moratín legaron en sus testamentos los retratos hechos por el genial pintor aragonés. En 1929, el hijo de Goya donó el autorretrato de su padre, pintado en 1815, y el afrancesado García de la Prada, amigo de Moratín y de Goya, regaló, en 1836, cinco magníficas obras: El entierro de la sardina, Procesión de disciplinantes, Escena de Inquisición, Casa de locos y Corrida de toros en un pueblo.

El autorretrato de Goya ante el caballete se compró en el siglo XX gracias al generoso legado de don Fernando Guitarte, cuya herencia aportó a la Academia no sólo muebles y objetos de artes decorativas sino también cuadros tan interesantes como el romántico retrato de la hija de Esquivel. Entre las obras adquiridas con los caudales dejados por Guitarte, hay que señalar las del Greco, Zurbarán, Picasso, Juan Gris, Julio González y de otros artistas que completan el magnífico fondo artístico del Museo.

Escultura

El museo ofrece también una colección importante de escultura que permite ver la evolución escultórica española desde el siglo XVII hasta nuestros días, con ejemplos tan sobresalientes como el San Bruno de Manuel Pereira o La Dolorosa de Pedro de Mena; Retrato de Fernando VI y Retrato de doña Bárbara de Braganza, relieves de Gian Domenico Olivieri; el Retrato de Alfonso Clemente de Aróstegui de Felipe de Castro; el Felipe V a caballo de Roberto Michel y el Felipe V a caballo de Manuel Francisco Álvarez de la Peña; el conjunto de la Degollación de los Inocentes realizado por José Ginés para Carlos IV; el Retrato de Antonio Teixeira Lopes por Mariano Benlliure y Gil, Sensitiva de Miguel Blay; Cabeza de mujer de Picasso; Academia de Pablo Gargallo. De gran interés son también las obras de alumnos de la Academia realizadas con motivos de Concursos Generales y becas, así como la sala de vaciados con una importante colección de obras en yeso.

En las salas del Museo también se puede contemplar obras adquiridas a través del Legado Guitarte, como la Vanitas de Michel Bouillon realizada en 1668, el Autorretrato de Francisco Bayeu; el magnífico Bodegón de limones de Juan de Zurbarán, la Cabeza de Apolo atribuida a Thorwaldsen, el Pintor en su estudio de Magnasco, pintura cubista a través del Bodegón con frutero, botella y periódico de Juan Gris, parte del conjunto de grabados de Picasso de la Suite Vollard etc.

Además se exponen dibujos y planos de arquitectura de forma rotativa.

En fin, habrá que darse una vuelta por este museo

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Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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