La degradación de las palabras

Por Javier Pardo de Santayana 

(Pareja bailando. Acuarela de Nando Rera en Hispacuarela de Facebook)

Si dedicamos algún tiempo a observar cómo se degradan las palabras no tardaremos en localizar ejemplos sorprendentes.

Advertía yo en mi último artículo la impavidez con que los españoles de este nuevo siglo caemos en las numerosas trampas del lenguaje, por ejemplo de la clase política, cuando ésta se dedica a “edulcorar” hasta las situaciones más incómodas, como es el caso de las que se nos imponen actualmente. El truco suele consistir en crear estados de ánimo indoloros transformando a los expertos en tiernos corderillos con ribetes de héroes mediáticos, o creando determinadas expresiones que, pese a ser en sí contradictorias, se convierten en favorables comecocos. Así expresé mi asombro al ver recomendado nada menos que el mantenimiento de la “distancia social” entre los ciudadanos, un lema que ellos mismos interpretarían normalmente como una incitación a conservar las diferencias de nivel de vida entre los ricos y los pobres.

Pues bien, al hilo de lo dicho se me ocurren ahora otros ejemplos, no ya tanto de manipulación de frases y palabras como de degeneración de unas y otras. Sin irás lejos, cuando mi abuela comentaba que fulanito “hacía el amor“ a fulanita, no se metía en camisa de once varas ni aludía a comportamientos subidos de tono, sino que se refería simplemente a que el muchacho cortejaba a la joven, quizá cruzando miradas o ligando con ella en el paseo. O paseando de la mano, que esto ya se consideraba suficiente.

Recuerdo que no hace mucho un buen amigo me dijo que la víspera, viendo la televisión con una de sus nietas, cambió de canal al ver que sus protagonistas estaban a punto de compartir un lecho. A lo que la niña le exclamó extrañada: “Cómo lo apagas, abuelo, ¡si son novios!” Esta es, por lo que se ve, la diferencia entre el ayer y el hoy: que también  tiene su expresión en la palabra.

Otro caso podría ser el del significado de “pareja”. Busco en mi diccionario “Sopena” del cincuenta y uno con la impresión de que en mi juventud significaba algo distinto de lo que dice ahora, cuando lo utilizamos para no errar ante la duda sobre la situación de aquél – o aquélla – a quien se aplica, y en evitación de tener que aventurar si es un amante, un simple ligue o una concubina, por no decir algo más fuerte. Pero en su origen la expresión “pareja” se aplicaba, según leo, a “un conjunto de dos personas o cosas semejantes o correlativas” o a la “unión de dos caballeros de un mismo traje, librea, adornos y jaeces de caballos que corren juntos en una misma fiesta”. Pero, aplicado a una persona individual como profusamente se hace ahora, se limitaba a definir “pareja” como “un compañero o compañera de baile”. Y nada más. Mas, como ustedes saben, ahora ya no hay que bailar para ser compañero o compañera de alguien.

Otro de los cambios, no sólo en el ámbito gramatical sino también en el moral, es el que afecta al término “servicio”, utilizado sobre todo en el sentido de la dedicación y apoyo a las necesidades de otros. Una palabra tan ennoblecida por lo que tiene de esfuerzo y generosidad que se extendió al rendimiento y culto religioso. Pues bien, fíjese usted si lo hemos degradado, que con el tiempo ha terminado en las cloacas utilizado como sinónimo de excusado o de retrete. Triste sino que damos a la virtud los españoles.

Y para terminar, si usted pensó que con el último ejemplo reseñado habíamos alcanzado el no va más de la degradación de una palabra, me veo en la desagradable obligación de recordarle que ésta nada frente el último caso que le brindo. Un ejemplo que, para mayor vergüenza, no procede de fuera sino de nosotros mismos y está expresado en nuestro propio idioma castellano.

Un ejemplo de sordidez, de mal gusto e incluso – ya es el colmo – de blasfemia. Me refiero, naturalmente, a la inclusión  de una palabra santa si las hay en el capítulo de “tacos”. Y aquí termino sin dar mayor detalle.

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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