Los lunes, revista de prensa y red

“La paz subsidiada”, de Ignacio Camacho, “La puñalá inglesa”, de Antonio Burgos, y «Grégor Puppink: «Los nuevos derechos humanos no construyen nada y no son libertades»», de Nicolás de Cárdenas

( Viñeta de Nieto en ABC el pasado 29 de julio )

LA PAZ SUBSIDIADA

Artículo de Ignacio Camacho publicado en ABC el pasado día 29 de julio

«Sólo hay una cosa positiva en esta EPA, y es que el millón y pico de nuevos parados, más lo que venga, no va a provocar un estallido porque hay un Gobierno de izquierdas. No me mires así, esto lo piensan muchos otros directivos de empresa; para nosotros la paz social es indispensable y en estas condiciones lo último que nos conviene es una oleada de protestas». Me lo ha dicho tomando café en un centro semivacío, sin apenas turistas ni compradores de rebajas, después de que entre ambos hiciéramos un breve inventario de bares cerrados y de comercios con la persiana echada. «Sé que no te gustan las hipótesis contrafactuales pero nosotros tenemos que mirar las cosas de forma pragmática y, aunque nos dé rabia, con la derecha en el poder y estos datos económicos y epidemiológicos no habría en España un minuto de calma. Incluso con sólo la mitad del desastre, concediéndote que lo hubiesen hecho mejor que éstos, tendríamos la calle levantada».

«Esto que te cuento lo hablamos a menudo en mi ambiente de colegas y conocidos. No somos políticos, y puedes imaginar a quién votamos, pero en medio de esta catástrofe necesitamos agarrarnos a algo positivo para tratar de trabajar relativamente tranquilos. Porque cuando se acaben los ERTEs tendremos que gestionar, bien lo sabes, muchos despidos. Sé lo que viene: nos freirán a impuestos y empezará el círculo vicioso de cierres y subsidios. Nos tocará, como siempre, financiar la quietud del clientelismo. Pero un empresario es por definición un ser adaptativo, y en circunstancias como éstas adaptarse significa volverse un poco/bastante cínico. De la conflictividad laboral no sacamos ningún beneficio».

«El problema de fondo, claro, es que este Gobierno no hará nunca las reformas y los ajustes que necesitamos. De hecho vive de negarlos, de prolongar el marasmo. Para llevarlos a cabo tendrá que llegar la derecha a hacerse cargo de las consecuencias del fracaso, y entonces los que lo han provocado desatarán un clima social incendiario. Como ciudadano me preocupa, y mucho, esta deriva ideológica de odio al adversario, la crecida republicana, el tufillo bolivariano. Me da miedo lo que pueda pasar, pero en el despacho no tengo margen para pensar a medio plazo; con el Covid ni siquiera sirve de mucho hacer planes, sólo ir lidiando con unos balances que llevan cinco meses boca abajo. Minimizar daños. Evitar el cerrojazo».

«En este país es muy incómodo no ser de izquierdas, te sientes siempre en la trinchera incorrecta. Y aún más si te dedicas a la empresa. No hay nadie que te lo agradezca. Y la política nunca protege a las clases medias. Así que si mis compatriotas se conforman con estas cifras de paro, yo no me voy a sublevar por ellos. El ruido no es bueno para mi trabajo, que entre otras cosas consiste en mantener empleos. Y va a resultar muy, pero que muy difícil lograrlo a partir de enero…».

Artículo en: https://www.abc.es/opinion/abci-ignacio-camacho-subsidiada-202007282318_noticia.html

LA PUÑALÁ INGLESA

Artículo de Antonio Burgos publicado en ABC el pasado día 28 de julio 

Admirábamos muchas cosas inequívocamente inglesas, representativas del Reino Unido de la Gran Bretaña. De la ginebra inglesa a los enganches a la inglesa en los coches de caballos. Nuestros principales grandes almacenes son un homenaje al Reino Unido: El Corte Inglés. No francés, no: Inglés. Que se llaman así por los cortes de traje de buen paño inglés para que nos hiciera un traje el sastre que comenzó vendiendo don Ramón Areces en su tienda primitiva y pequeña de la calle Preciados de Madrid. Pero desconocíamos la que nos pegaron la otra noche, mucho peor que la trapera: la puñalá inglesa. Un sábado por la noche y con efecto inmediato, Gran Bretaña ha impuesto la cuarentena a todos los viajeros que procedan de España. Así que nosotros aquí en Sevilla contentísimos porque la compañía British Aireays acababa de establecer un vuelo directo entre San Pablo y Heathrow, y vienen los ingleses y, sin aviso previo, en horas, imponen contra España la cuarentena y nos pegan la puñalá del confinamiento. Algo a lo que en España no se obliga ni a las comarcas y demarcaciones sanitarias más afectadas por el covirus, donde las consejerías de Salud de las autonomías recomiendan todo lo más a la gente que salga lo menos posible a la calle y que se quede en casita todo el tiempo que puedan. Y, además, Gran Bretaña impone la traicionera cuarentena cuando aseguran que allí sus cifras de contagios y de casos por cada mil habitantes son mucho peores que las nuestras.

El vicepresidente andaluz, Juan Marín, ha señalado la ruina absoluta que supone esto para el turismo en la Costa del Sol, que es donde principalmente vienen los ingleses de vacaciones a Andalucía. Y para Sevilla también, aunque no hayamos protestado. Cuando estábamos levantando un poco cabeza, y había hoteles con una ocupación medio aceptable y reservas bastantes esperanzadoras, vienen los ingleses, que son tan suyos que hasta circulan por la izquierda, mantienen la libra esterlina y se han ido de la Unión Europea con el Brexit de los demonios, y al imponer la cuarentena nos hacen perder toda esperanza de recuperar el turismo británico, principal fuente del sector.

¿Ustedes saben qué es lo que creo? Que de esta puñalá inglesa tiene la culpa nuestra ministra de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya, por haberse reunido en Algeciras, de tú a tú, de igual a igual, con el ministro principal de la colonia inglesa de Gibraltar, con Fabián Picardo. Eso de que Picardo actúe por su cuenta, sin contar con el Foreign Office, le ha tenido que sentar a cuerno quemado al ministro de Asuntos Exteriores británico, que consideran a la Roca (como llaman ellos al Peñón) como una parte más del Reino Unido, como pueda ser Gales, y no como una propiedad política de Picardo ni de ministro principal alguno de ese trozo de España usurpado por los ingleses y hollado (como cantábamos en el himno en el colegio) por la bandera de la Unión Jack junto a la propia del Peñón, roja y blanca y con un escudo de la llave del Estrecho que a mí me recuerda una barbaridad al emblema de nuestra antigua División Guzmán el Bueno y de nuestra actual Fuerza Terrestre del Ejército de Tierra. Ellos creen que tienen la llave del Estrecho, cuando esa llave es más nuestra que la del portal de casa.

Los daños al turismo son incalculables y será ahora mucho más difícil que levante cabeza. Pero, ¿y el que se le produce a los españoles que hayan de viajar a Londres o a cualquier lugar de Gran Bretaña y se encuentren con que tienen que estar confinados no sé cuantos días, y con amenaza de multas gordas si no lo hacen? ¿Mira que si alguien tomó la otra mañana en San Pablo el avión de la British camino de Londres sin saber lo de la cuarentena, porque no había visto el telediario de la noche ni leído los periódicos de la mañana, y se encuentra con que el billete de vuelta ya no le vale, porque tiene que estar una serie de días en cuarentena, que a ver quién le paga esos gastos? Lo que digo: una puñalá. Los ingleses en este caso se han metido todos a traperos, como los chamarileros rumanos del carrito que rebuscan en los contenedores. Le han pegado a nuestro turismo una buena puñalá trapera, digo, inglesa.

Artículo en: http://www.antonioburgos.com/abc/2020/07/re072820.html

GRÉGOR PUPPINK: «LOS NUEVOS DERECHOS HUMANOS NO CONSTRUYEN NADA Y NO SON LIBERTADES»

Artículo de Nicolás de Cárdenas publicado en Actuall el pasado día 27 de julio

Grégor Puppink: «Los nuevos derechos son narcisistas porque tienen como objeto a la persona y son violentos porque son esencialmente destructivos». Ediciones Encuentro publica en España ‘Mi deseo es la ley’ una reflexión sobre la concepción de los derechos humanos despreciando su naturaleza.

El jurista Grégor Puppink, especialista en la defensa de los derechos humanos.

Grégor Puppink (París, 1974) se ha convertido en los últimos años en uno de los mayores especialistas en la defensa de los derechos humanos en el ámbito internacional, con especial incidencia por su desempeño ante los tribunales europeos, muy en especial el Tribunal Europeo de Derechos Humanos situado en Estrasburgo.

Es esta ciudad tiene su sede el Centro Europeo para la Ley y la Justicia, la organización que comanda Puppink, cuyo último libro acaba de ser editado en España. Se trata de Mi deseo es la ley (Ed. Encuentro, 2020) en el que aborda la transformación sufrida pr los derechos humanos desde que se formularan como tales en 1948, hasta su actual concepción de ‘derechos transhumanos’, cuya fuente de legitimidad no es la naturaleza humana sino su voluntad.

¿Cuáles son las claves del camino por el que los derechos humanos se han convertido en derechos transhumanos?

Son el olvido y el deseo de ir más allá de la naturaleza humana lo que está en el origen de esta transformación. Los Derechos del Hombre de 1948, cuando la Declaración Universal y la Convención Europea fueron redactadas, estaban basados e la comprensión universal de la naturaleza humana. El hecho de que la naturaleza humana es universal es la causa de que los derechos humanos sean universales, porque es de la naturaleza humana de donde provienen.

Que el ser humano tenga un modo de vida social e inteligente es la causa de que los derechos humanos puedan ser conocidos, aceptados y protegidos. Los derechos humanos están diseñados para permitir que todos puedan realizar su humanidad como un ser vivo, social e inteligente; de este modo, el derecho a la vida y la integridad física, las libertades sociales de asociación y reunión y todas las libertades intelectuales de pensamiento, conciencia y religión están garantizadas.

«Si el hombre es fruto del azar y la evolución, se debe su dignidad solo a sí mismo: es una conquista»

Los Derechos Humanos de 1948 estaban destinados principalmente a prohibir que el Estado impidiera que las personas se realizaran a sí mismas como seres humanos y reflejaban los derechos naturales. La afirmación del individualismo generó nuevos derechos antinaturales, como el derecho a la eutanasia o al aborto, lo que a su vez condujo al surgimiento de derechos transnaturales que hoy garantizan el poder de redefinir la naturaleza, como el derecho a la eugenesia, a un niño o a un ‘cambio de sexo’.

Más profundamente, esta evolución da testimonio de una profunda transformación en la concepción de la dignidad humana, que tiende a reducirse a la única voluntad del individuo, o al espíritu en oposición al cuerpo, y que considera cualquier negación de la naturaleza y el condicionamiento como liberación y progreso. Finalmente, este libro muestra cómo los derechos humanos actuales acompañan al transhumanismo y trabajan hacia la superación de la democracia representativa.

¿Es posible compartir un significado fundamental de la dignidad humana sin Dios?

Solo hay un Dios, pero desafortunadamente hay varias religiones y concepciones de Dios. Sin embargo, aquellos que creen en un Dios creador y personal, es decir, haber creado al hombre voluntariamente tal como es, ni ángel ni bestia, pueden estar de acuerdo en que el hombre así creado tiene una dignidad conferida por el hecho de que Dios lo ha querido.

Si Dios nos ha querido como somos, entonces depende de nosotros ser completamente nosotros mismos. Este es incluso el mandato que Dios nos da: «ser», y también es el mandato de los filósofos que nos recomiendan: «Convertirse en lo que son», es decir, cumplir nuestra naturaleza humana.

Por el contrario, si el hombre es fruto del azar y la evolución, se debe su dignidad solo a sí mismo: es una conquista; no tiende a lograr lo que Dios ha querido para nosotros, sino a la superación perpetua de nuestra propia condición.

Si no hay Dios, entonces el hombre es Dios; porque él solo en el universo habría alcanzado tal nivel de conciencia de sí mismo y de acción sobre sí mismo y su entorno. En este caso, la dignidad del hombre debe ser cada vez más demiúrgico.

Hay dos concepciones opuestas de los derechos humanos en Occidente: la concepción libertaria basada en la libertad, o más bien el libertinaje, y la concepción personalista basada en la dignidad

En un tiempo en el que muchos grupos de presión están muy activos reclamando la aplicación de la consideración de ‘derecho humano’ a un amplísimo rango de asuntos, le planteo: ¿Si todo es un derecho humano, significa que nada es un derecho humano de hecho?

No, no todo es un derecho humano, incluso en la nueva cultura. Los nuevos derechos humanos incluso buscan reducir o incluso abolir los derechos fundamentales anteriores, como la libertad de conciencia y expresión en oposición a los nuevos derechos humanos, los derechos naturales de los padres para educar a sus hijos y ciertos aspectos de la libertad religiosa. Sabes que está casi prohibido criticar el aborto, la homosexualidad o la inmigración.

En realidad, hay dos concepciones opuestas de los derechos humanos en Occidente: la concepción libertaria basada en la libertad, o más bien el libertinaje, y la concepción personalista basada en la dignidad.

En Europa, los países de Europa Central y Rusia se han mantenido unidos a la concepción personalista, heredada de la tradición aristotélica y cristiana de la naturaleza humana. Para ellos, los derechos humanos deben proteger a las personas, ayudarlas a ser seres humanos dignos.

Los países secularizados, por otro lado, tienen una concepción diferente, que se opone ampliamente en todos los asuntos relacionados con la privacidad. Existe un conflicto real entre estas dos interpretaciones del hombre y sus derechos, por ejemplo, el «nuevo» derecho al aborto entra en conflicto con el «viejo» derecho a la vida.

El debilitamiento de la comprensión objetiva de la naturaleza humana también socava la universalidad de los derechos humanos. Si las diferentes culturas en el mundo ya no están de acuerdo en lo que son los seres humanos, entonces ya no pueden estar de acuerdo en sus derechos y libertades. Por eso, junto con los nuevos derechos antinaturales europeos, también estamos viendo nuevas declaraciones de derechos humanos islámicos, africanos y asiáticos. La pérdida del sentido del hombre destruye la universalidad de los derechos. Europa tiene una parte importante de responsabilidad al luchar contra la noción de naturaleza humana y al tratar de imponer sus «nuevos derechos» al resto del mundo.

Los nuevos derechos humanos requieren la intervención de la industria o del Estado para ser implementados

Si los llamados ‘nuevos derechos humanos’ niegan la naturaleza del ser humano, ¿Por qué son tan populares en nuestra era?

Son populares porque nos dan una forma de libertad, entendida como una liberación de todos los determinismos naturales y culturales, como una liberación y superación de nosotros mismos. Nuestra sociedad cree que gana libertad cada vez que permite nuevas prácticas antinaturales. De hecho, solo aumenta su poder sobre la naturaleza y sobre sí misma, pero ciertamente no su libertad.

¿En qué sentido afirma que los ‘nuevos derechos humanos’ son “narcisistas y violentos?«

Son narcisistas porque tienen como objeto a la persona misma: el derecho sobre uno mismo, y son violentos porque estos derechos son esencialmente destructivos: el derecho a mutilarse, a abortar, a matarse, a participar en prácticas sexuales violentas. El sadomasoquismo, el aborto y la eutanasia se consideran avances en derechos humanos.

Esto es bastante siniestro, especialmente cuando consideramos el hecho de que los derechos humanos reales están tan mal garantizados. La sociedad occidental quiere promover los derechos sociales, pero se olvida de los derechos sociales: por ejemplo, el acceso a una vivienda digna y atención médica. El aborto se paga mejor que el cuidado dental y óptico. Estos nuevos derechos humanos no construyen nada, no apoyan la capacidad de todos para realizar su humanidad.

Usted afirma que los ‘nuevos derechos humanos’ son el origen de la “alienación colectiva”. ¿Con qué mecanismo sucede esto?

Sí, hay alienación por varias razones.

La primera es que los nuevos derechos humanos no son libertades reales. Por un lado, porque nadie se satisface al ejercitarlos, y por otro, porque nadie es capaz de ejercerlos por sí mismo. Debe entenderse claramente que los verdaderos derechos humanos protegen el ejercicio de nuestras facultades naturales: pensar, hablar, engendrar… Los nuevos derechos humanos requieren la intervención de la industria o del Estado para ser implementados. Nadie puede hacer que un niño esté solo mediante la procreación con asistencia médica, ni cometer solo por suicidio asistido, etc. Todos estos llamados derechos y libertades requieren la intervención de la sociedad.

Hay otra alienación, de naturaleza más política: consiste en la superación de la democracia por la ideología de los derechos humanos.

Como saben, hoy en Europa se considera más importante respetar los derechos humanos que los votos en las elecciones. Estoy de acuerdo con la afirmación de que la moralidad es superior a la política y que debemos evitar la aparición en Europa de regímenes dictatoriales que no respeten los derechos y libertades fundamentales. El problema surge precisamente cuando se afirman nuevos derechos y libertades que contradicen los principios hasta ahora reconocidos de los derechos humanos y el gobierno político.

Eso es precisamente lo que está sucediendo hoy. Los organismos de protección de los derechos humanos afirman oponerse a los votos democráticos nacionales para imponer a estos países nuevos derechos humanos que les son totalmente ajenos y que nunca han aceptado.

Una vez más, es una cuestión de cultura religiosa. Polonia, Hungría, Eslovaquia y Rusia han revivido su identidad y tradición cristiana. Permanecen apegados a la antropología, que considera al hombre como una criatura, no como su propio creador. Esa es la diferencia.

Jaime Mayor Oreja asegura en el prólogo de la edición española de su libro, que usted es “un referente personal, clave par aliberar la inteligencia de los europeos de un totalitarismo creciente”. ¿Cómo recibe estos elogios?

Le agradezco su apreciación; como él, estoy ansioso por contribuir a la verdadera libertad intelectual de los europeos. El propósito de este libro es ayudar a las personas a comprender este mecanismo totalitario. Totalitario no significa dictatorial, significa que la ideología a la que nos enfrentamos y vivimos pretende abarcar todos los aspectos de nuestra existencia. Es casi una religión.

En España, el libro se ha titulado ‘Mi deseo es la ley’. ¿Cuál es el deseo de Gregor Puppinck sobre los derechos humanos?

El título del libro en español fue elegido por el editor. Mi deseo sería que nuestra sociedad busque la felicidad en lugar del poder, la realización en lugar de superar, que recuperemos el sentido de la medida del hombre. Vivimos en un mundo que es desproporcionado en todos los aspectos: financiero, ecológico, político, migratorio, salud, etc. El mundo ya no es proporcional a la humanidad; y los derechos humanos han contribuido a esta desproporción al prometernos libertades que de hecho son poderes sobre nosotros mismos y contra nosotros mismos. Espero que Europa, y el mundo más allá, una vez más acuerden reconocer y proteger la naturaleza humana en su universalidad.

Artículo en: https://www.actuall.com/democracia/gregor-puppink-los-nuevos-derechos-humanos-no-construyen-nada-y-no-son-libertades/

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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