Los lunes, revista de prensa y red

“Los antidemócratas buscan tumbar al Rey”, de Justino Sinova, “Cortarse la coleta”, de Luis Ventoso, y “Libre de hijos” vs. libre para amar”, de Luis Luque

(Pablo saltimbanqui. Viñeta de Puebla en ABC el pasado día 7)

LOS ANTIDEMÓCRATAS BUSCAN TUMBAR AL REY

Artículo de Justino Sinova publicado en El Español el pasado día 7

Nuestra democracia ha sufrido en sus escasos 42 años de vida varias acometidas que la han hecho peligrar. Recordemos algunas: dos golpes de estado, en 1981 por unos militares franquistas y en 2017 por unos políticos disfrazados de demócratas; un salvaje terrorismo etarra secesionista; una no menos perturbadora réplica de terrorismo de estado, el GAL; una corrupción rampante en todos los partidos que han tenido funciones de gobierno, el PSOE, el PP, CiU…; la infiltración de la discordia ciudadana con una nefasta ley llamada de memoria histórica que produjo el efecto derogatorio de las amnistías reconciliadoras de la Transición; una brutal crisis económica no atajada a tiempo en la que fermentó un populismo colgado de un rancio y fracasado comunismo, que llegó una década después al Gobierno de la nación; una imprevista abdicación del Rey que alumbró la democracia, Juan Carlos I, envuelto luego en sofocantes indicios y recriminaciones que han servido a un escrache político y mediático culminado ahora con su salida de España.

Falta añadir que este último embate ha contado y se ha beneficiado de un presidente del Gobierno en actitud de aparente protección a la institución monárquica pero con evidente falta de entusiasmo. Pedro Sánchez se organizó el martes 4 otra comparecencia a la hora del telediario para, dijo, hacer balance y solo abordó el episodio del Rey Emérito, principal motivo de interés y preocupación de España, a preguntas de los periodistas. No citó una sola vez el nombre de Felipe VI ni el término Rey, sustituidos por Casa Real y jefe del Estado, como si le interesara obviarlos, y solo aludió a la “Monarquía parlamentaria” al final de su perorata como contenido del pacto constitucional que dijo respetar. Todo ello al tiempo que evitaba replicar a su vicepresidente, con el que dijo sentirse cómodo, a pesar de haber acusado sin fundamento a Juan Carlos de “huir” de España. Solo al día siguiente encomendó a la vicepresidenta Calvo aclararle que nadie puede huir si no está perseguido, y contra el Emérito no hay causa judicial abierta.

Sánchez no demuestra ser un firme dique protector de la Monarquía, que es su deber como presidente constitucional. Y eso es un mal asunto cuando Felipe VI ha perdido el resguardo efectivo que ejercía su padre como pararrayos de los antimonárquicos. El Rey está ahora solo ante un peligro que no se apresta el Gobierno a despejar con energía y que alimentan cada día con más aversión los enemigos de la democracia. Hablemos claro: esta es la arremetida que sufre ahora la democracia española de manos hostiles. Dicho de otra manera: quienes buscan tumbar al Rey son los antidemócratas de corazón. que aspiran a implantar en España un sistema en las antípodas de la democracia, o de oficio, que violan la ley democrática, signo evidente de su extravío.

El ataque actual a la Corona en España no es producto de un deseo republicano basado en la eficacia de los sistemas

La parte más numerosa de los antimonárquicos está formada por Unidas Podemos y los grupos a su alrededor, el PCE, Más País, adheridos formal o ideológicamente a Pablo Iglesias y su bolivarismo/comunismo, en cuyo ámbito confluyen Bildu, que desciende de ETA, la CUP catalana, el BNG y otros grupos regionales y extraparlamentarios. Su modelo no es la democracia de los derechos humanos, la libertad de partidos y de sindicatos, la libertad de expresión, de elección y de movimientos, y la ausencia de todo poder arbitrario, sino la llamada democracia popular que siempre deriva en tiranía. Junto a ellos, en la coalición antidemocrática hay que situar a los partidos burgueses catalanes, JxCat, heredero de CiU y predecesor de otras denominaciones oportunistas, y ERC, que violaron la Constitución y siguen dispuestos a transgredirla hasta romper España para que, dicen ellos, resplandezca Cataluña y en realidad muera la democracia: Friedrich Hayek advierte de que, donde las instituciones no se han visto limitadas por el respeto a la ley, han evolucionado siempre hacia soluciones “totalitarias” que acaban degenerando en algún tipo de “dictadura plebiscitaria”.

Estos grupos no son mayoría, ocupan una quinta parte del Parlamento, pero tienen acceso al Gobierno, que casi todos ellos apoyaron, lo que ayuda a su política de agitación y propaganda. Si son enemigos de la democracia es porque ellos quieren, no por un error de clasificación. Nunca está de más insistir en que democracia significa libertad individual, respeto a la ley consensuada y limitación del poder. El sistema que mutila la libertad e impone la ley de una minoría pueden titularlo como quieran pero no tiene que ver con la democracia. Franco se inventó una democracia que llamaba orgánica, que en el adjetivo llevaba su derogación. Parecido ocurre con la que la extrema izquierda denomina democracia popular, términos que en la práctica se anulan. Ahí está la historia y la realidad de hoy en varios países para demostrarlo.

El ataque actual a la Corona en España no es producto de un deseo republicano basado en la eficacia de los sistemas. Es el intento de torcer el curso de la historia para desembocar en un régimen controlador de las voluntades, en el que la libertad sea la primera víctima que abra la sepultura de todas las demás. Lo llaman república para ocultar su verdadero nombre: dictadura. La república puede ser una democracia, como lo es la Monarquía española, una democracia contenida en la Constitución de 1978. Ese modelo de república democrática es el de republicanos sinceros como hay en el mundo y también en España. Pero no lo es de quienes se declaran bolivarianos, comunistas, admiradores de Lenin, antiimperialistas, populistas y otras hierbas que unas veces los retratan y otras veces ocultan sus verdaderas intenciones. Quieren acabar con la institución monárquica porque es lo que impide su quimera y, desde la Constitución, lo que protege la libertad y la seguridad de los españoles.

Artículo en: https://www.elespanol.com/opinion/tribunas/20200807/antidemocratas-buscan-tumbar-rey/511068893_12.html

CORTARSE LA COLETA

Artículo de Luis Ventoso publicado en ABC el pasado día 7

España sufre lo que para cualquier observador semeja una segunda ola del coronavirus (excepto para Simón, que al igual que a comienzos de marzo no acaba de verlo). Además, hace solo siete días se supo que nuestro PIB había caído un 18,5%, el peor dato de la UE. Nos azotan cifras espeluznantes de paro, un desempleo juvenil de inframundo, colas del hambre en los comedores sociales y miles de ertes todavía pendientes de pago. Por último, el país está inmerso en una controversia institucional por la discutida decisión de desalojar al Rey Juan Carlos de la Zarzuela, donde residía desde 1962. En este contexto, Pablo Manuel Iglesias Turrión, vicepresidente del Gobierno, pareja de una ministra con la que tiene tres hijos, mayor de edad de 41 años, tenía algo muy relevante que comunicar a los españoles a través de sus redes: ha subido a Instagram la importante noticia de que se ha recortado la coleta, según explica debido a «la ola de calor» y porque sus churumbeles le tiraban de la pelambrera en las joviales tardes de la dacha de Galapagar.

En efecto: es inimaginable que un vicepresidente de Macron, Boris o Merkel se dedique a hacer posaditos de instagramer para mostrar al respetable cómo se ha retocado el pelo. Pero es que en otros países todavía no se ha colado en sus gobiernos el virus de la política adolescente. España disfruta hoy de tres ministros de Podemos cuya actividad operativa tiende a cero: el esotérico Manuel Castells, en perenne estado de fliping new age; Alberto Garzón, que cuando más acierta es cuando no hace nada; e Irene Montero, perejil de todas las polémicas, al frente de un ministerio de juguete con el insólito cometido de predicar el asco universal a los hombres, más que la necesaria igualdad de sexos. El propio Iglesias puede ser añadido al clan de los floreros. La única vez que anunció que se situaba al frente de algo concreto y urgente -el problema de las residencias de ancianos en la primera ola del covid- aquello acabó en inacción absoluta y tragedia. Su principal tarea, amén de peinarse en Instagram, consiste en intrigar, insultar a la oposición, intentar salir ileso del escándalo de la tarjeta sexual chamuscada y fantasear con una república para la que no le salen las cuentas en el Parlamento.

Podemos y Sánchez discrepan públicamente a costa de la monarquía. Algunos observadores fabulan con que las tiranteces podrían acabar en ruptura de la coalición. Pierdan toda esperanza. El currículum laboral de Irene antes de llegar a ministra tuvo su único hito en un año como cajera en una tienda de electrodomésticos. Pablo, con toda su carcasa oratoria y teatral, era un profesor eventual, activista antiglobalización y empleado a ratos de la fundación CEPS (el embrión de Podemos que cobró del chavismo). Irene y Pablo nunca imaginaron los emolumentos que hoy perciben. Viajan en berlina oficial, los escolta la Guardia Civil, gozan de cancha mediática absoluta y pisan moqueta de alcurnia. No se irán de ahí ni aunque la UE los obligue a aplicar todos los recortes «ustericidas» del catálogo, porque están donde nunca soñaron, mucho más allá de su umbral de competencia.

Artículo en: https://www.abc.es/opinion/abci-cortarse-coleta-202008062353_noticia.html

“LIBRE DE HIJOS” VS. LIBRE PARA AMAR

Artículo de Luis Luque publicado en Aceprensa el pasado día 4

Nos lo cuenta una joven madre: mientras paseaba por una calle de Oviedo junto a sus tres hijos, un hombre que se cruzó con ellos comenzó a increparla: “Estás loca. ¿No te da vergüenza tener tantos hijos para que sean esclavos del capital?”. La mujer, con escasas ganas de entablar una discusión, se encogió de hombros y siguió camino con su prole.

Que no haya nuevos “esclavos del capital”. O nuevos contaminadores, “tiranos del planeta”. O nuevas víctimas de un orden mundial injusto. Una amplia gama de justificaciones subyace en la base de una tendencia que se extiende en algunos ámbitos: la de proponerse no tener descendencia y quedarse childfree, “sin hijos” por voluntad propia, “libre” de niños, en contraposición al childless, la persona que no puede tenerlos.

Los childfree confiesan las conveniencias o temores para asumir ese estado. Argumentan que no tener hijos les supone un bienestar que no tendrían a plenitud si, en vez de centrar toda la atención en sí mismos, tuvieran que estar atentos a otros. Un hijo puede suponer limitaciones a la libertad de acción y movimiento de sus padres, cuyos intereses quedan subordinados en buena medida a las necesidades de cuidado de los menores. Además, si la crianza y educación de estos ha de hacerse “como Dios manda”, ello implica necesariamente sacrificar tiempo de ocio, dedicar recursos económicos a su educación, a su salud, a su recreación, etc. Todos estos “peros”, sin embargo, se desploman ante el testimonio de personas que, como se verá más adelante, conjugan la paternidad con una rica vida profesional y personal.

“Si sube la temperatura del planeta, no paro”

Además de las repercusiones de la paternidad en lo personal, algunos childfree consideran los ecos de su decisión en áreas como, por ejemplo, el medio ambiente, al conferirle al hijo-que-no-será el papel de victimario o víctima, según la perspectiva de relación con el ambiente que se elija.

Para unos, la decisión de no tener hijos es una muestra de “amistad” con el planeta: que haya menos personas sobre la faz de la tierra se traduce en una enorme cantidad de botellas de plástico que no se tirarán al océano; en menos estómagos para justificar la deforestación de los bosques y su conversión en áreas agrícolas; en menos viajeros de vuelos comerciales y, por tanto, en menos gases contaminantes… Entretanto, en la otra orilla están quienes, precisamente por entender que al planeta le quedan dos telediarios, quieren ahorrarle a un hijo potencial –aquí como víctima– una dura existencia en un mundo apocalíptico.

Para unos, la decisión de no tener hijos es una muestra de “amistad” con el planeta, en el entendido de que habrá menos personas para contaminar

Con estos horizontes, ya existen iniciativas que condicionan las decisiones reproductivas personales a las que tomen los gobiernos para preservar el medio ambiente. Una de ellas es No Future, No Children, un movimiento de jóvenes que prometen no tener descendencia a menos que sus respectivos países reaccionen contundentemente frente a determinadas emergencias globales. Ya se han apuntado más de 10.600 chicos y chicas, mayormente de entre 15 y 26 años.

Su creadora, la canadiense Emma Lim, se declara “horrorizada” por lo que ha leído en las conclusiones del Panel Intergubernamental de la ONU sobre Cambio Climático (IPCC), por lo que afirma solemnemente haber “renunciado” a su oportunidad de formar una familia: “Solo tendré hijos si puedo mantenerlos a salvo (…). ¿Qué clase de madre sería yo si trajera un bebé a un mundo donde no tengo certeza de que estará seguro?”.

A algunos, al parecer, se les ha ido la mano con la alarma climática.

Tendencia en varios sitios

Los razonamientos de este corte y otros más van calando, y de un modo u otro se reflejan en números. En España, por ejemplo, el INE registra que las mujeres de 18 a 44 años que afirmaron no querer hijos pasó de 1,06 millones en 1999 a 1,21 millones en 2018 (un aumento de más de 150.000 entre ambos años).

Otros estudios recientes, como el de Funcas, corroboran la tendencia: el 12 % de los nacidos entre 1985 y 1999 –los millennials– aseguran que no tendrán descendencia. ¿Principales motivos? Que los hijos “dan muchos problemas” (70%), que “limitan mucho el tiempo libre” (67%) y que “se necesitan muchos ingresos” (64%).

En otras latitudes hay señales parecidas. The Conversation examina los números del censo de 2016 en Australia, y refiere que el 30% de las mujeres de entre 30 y 44 años declararon no tener hijos, y que cerca de la mitad de ellas había elegido permanecer en esa circunstancia.

El 12 % de los “millennials” españoles aseguran que no tendrán descendencia

¿Y en EE.UU.? El Pew Research Center, en un sondeo efectuado en 2018 a adultos de entre 18 y 49 años, constató que el 37% de quienes no eran padres se afirmaron en que no lo serían. Como motivo, un 23% dijo que simplemente no querían, mientras el 14% argumentó con “otras razones”.

La “droga” del cuidado

Precisamente para tomarle el pulso al tema en el último país, la edición local del diario británico The Guardian lanzó una convocatoria para que mujeres childfree compartieran sus motivos para adoptar ese estado.

Emergieron argumentos ya conocidos: para RO Kwon, “el mundo se está quemando”, por lo cual, lo mejor que puede hacer una mujer de un país desarrollado para reducir su huella de carbono es abstenerse de procrear. Otra, Ann Neumann, que pasó por la “aterradora” experiencia de verse un día planchando una camisa de su marido, tiene claro que cuidar de otros “es la droga de entrada más peligrosa para una mujer” y puede acabar tirando por la borda su carrera profesional. El no haber tenido hijos le ha supuesto, dice, libertad para viajar, para pensar, para crear y para implicarse más en la comunidad: “Si algo necesita el mundo ahora mismo, son comunidades más fuertes”.

Cuando se elige amar

Servido el debate, desde MercatorNet tomó la palabra la periodista Tamara El-Rahi, madre de dos niñas. El-Rahi concede que “el mundo necesita comunidades más fuertes. ¿Y dónde comienzan estas? En familias fuertes, seguras, así que una madre puede ser parte de esta causa, al criar buenos ciudadanos del mundo”.

Respecto a la “huella” de los hijos en el clima, señala que, más que rendirse a ese tópico, vale involucrarse en apoyar iniciativas ecológicas concretas y, de paso, modificar hábitos y “evitarse un par de vuelos trasatlánticos”. La autora rechaza también la “incompatibilidad” entre ser madre y llevar adelante una carrera de éxito, toda vez que ella misma ha podido hacerlo y se ha inspirado en muchas otras mujeres que dirigen sus propias empresas y dedican tiempo a sus hijos.

“Sí –concluye– hay cargas asociadas a ser madre, y a veces tengo noches en que me quedo despierta preocupada por mis hijas y preguntándome por qué me metí en esto. Pero está también la libertad para elegir amar, para escoger vivir para otros, para querer mirarse menos el ombligo. Si me preguntan, todavía hay razones muy fuertes para la maternidad”.

Artículo en: https://www.aceprensa.com/familia/libre-de-hijos-vs-libre-para-amar/

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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