Rembrandt y el retrato en el Thyssen

Por José María Arévalo

(Mujer con capa de piel, posiblemente Hendrickje Stoffels. Rembrandt. 1652. Óleo sobre lienzo. 101,9 x 83,7 .Londres, The National Gallery)

La apertura del madrileño Museo Thyssen-Bornemisza, al concluir el confinamiento, se ha producido con la prórroga hasta el 30 de agosto de la exposición temporal “Rembrandt y el retrato en Ámsterdam, 1590-1670”, que se suspendió al comenzar el estado de alarma (abrió inicialmente el 18 de febrero y se preveía durara hasta el 24 de mayo, lo que significa que el Thyssen ha hecho una buena gestión para la obtener la prórroga de la cesión de los cuadros),  y en la que pueden verse de nuevo 39 de los retratos del pintor holandés más importante del siglo XVII, junto con destacados ejemplos de otros artistas activos como él en Ámsterdam durante el Siglo de Oro holandés, sumando un total de 80 pinturas, 16 grabados y una plancha de grabado, algunos nunca antes vistos en Europa.

Rembrandt, pintor y grabador, nació en Leiden (Países Bajos) en 1606 y ha pasado a la historia como uno de los grandes maestros barrocos. Su iconografía se basa en el clasicismo y solía interpretar libremente su experiencia personal en sus grabados y cuadros. Sus representaciones fueron muy bien acogidas y durante 20 años se convirtió en la mayor figura e influencia para los nuevos pintores holandeses.

En su legado sobresalen los retratos que realizó para sus contemporáneos como el de Saskia van Uylenburgh, sus autorretratos y sus ilustraciones de escenas bíblicas o legendarias, como El rapto de Europa, La tormenta en el mar de Galilea, Jeremías prevé la destrucción de Jerusalén o El descendimiento de la cruz. La web del museo destaca que “mientras que la mayoría de artistas de su época se especializaron en un género concreto, él sobresalió en numerosos campos, y no solo como pintor, también como dibujante y grabador. El género del retrato fue uno de ellos y, a pesar de haber alcanzado al igual que en los otros el máximo nivel, nunca hasta ahora se había dedicado una exposición en exclusiva a su faceta como retratista”.

(Retrato de un hombre en un escritorio. Rembrandt. 1631. Óleo sobre lienzo. 104,5 x 92 .Museo Nacional del Hermitage. San Petersburgo)

Las obras de la exposición, que cuenta con la colaboración de la Comunidad de Madrid y el apoyo de JTI, proceden de museos y colecciones de todo el mundo, con préstamos destacados del Amsterdam Museum, el Rijksmuseum de Ámsterdam, el Metropolitan de Nueva York, la National Gallery de Washington y The National Gallery de Londres, buena parte de ellos nunca antes vistos en España y, en algún caso, que dejan su museo prácticamente por primera vez, como el retrato de un joven procedente del Nelson Atkins Museum de Kansas. Destaca también el conjunto de grabados procedentes de la Biblioteca Nacional de España. La muestra, comisariada por Norbert E. Middelkoop, conservador del Museo de Ámsterdam, permite descubrir la variedad y calidad de estas obras y familiarizarse con las historias que hay detrás de los personajes retratados: parejas casadas, artesanos trabajando, niños, eruditos, hombres de negocios, los propios pintores, así como destacados retratos de grupo.

Como otros retratistas en Ámsterdam, Rembrandt estuvo condicionado por un mercado sujeto a las leyes de la oferta y la demanda pero, a diferencia de los otros artistas, él no dejó que la opinión de sus clientes o de sus colegas pintores interfiriera con su propio arte no convencional. Presentar su obra en esta exposición junto a la de sus contemporáneos, a la luz de sus también extraordinarios logros, permite apreciar en su justo valor la verdadera aportación de Rembrandt al arte del retrato. Igualmente, cabe destacar que tanto la muestra como el catálogo que la acompaña recogen el resultado de investigaciones recientes que han arrojado nueva luz sobre el desarrollo del retrato en Ámsterdam y, en concreto, sobre la obra de Rembrandt.

(Retrato de un joven con gorra negra. Rembrandt 1662 Óleo sobre lienzo. 81,6 x 64,5 Kansas City, The Nelson-Atkins Museum of Art)

La renovación de un género

Cuando Rembrandt llegó a Ámsterdam, a principios de la década de 1630, había ya en la ciudad retratistas como Thomas de Keyser o Frans Hals -residente en la cercana localidad de Haarlem pero con clientes en la capital- que respondían a la demanda de un mercado creciente. Tras él siguieron llegando otros, como Bartholomeus van der Helst, atraídos por las posibilidades de negocio.

Desde sus inicios en Ámsterdam a principios de la década de 1630, Rembrandt dio a sus modelos una libertad de movimiento poco usual. Como Frans Hals en Haarlem, Rembrandt abrió en Ámsterdam nuevos caminos, inmortalizando a sus clientes en poses dinámicas que sugerían interacción con el espectador e incorporando al género del retrato aspectos que había desarrollado ya en sus escenas mitológicas, religiosas o de historia, como las cualidades narrativas, el uso del claroscuro o la representación de las emociones humanas. A lo largo de los años se fue centrando cada vez más en los rasgos esenciales de sus modelos, en especial en los rostros. Sus pinceladas enérgicas y, especialmente en su última época, cargadas de materia pictórica han llevado a especular sobre los objetivos artísticos del pintor, que parecía estar más interesado en la representación de caracteres que en el parecido físico del retratado. En esta misteriosa cualidad radica el secreto de la atracción que ejercen hoy en día sus retratos, incluso 350 años más tarde, sobre el público que los observa.

Antes de que Rembrandt irrumpiera en la escena artística de Ámsterdam, pintores de la talla de Cornelis Ketel, Cornelis van der Voort, Werner van den Valckert, Nicolaes Eliasz. Pickenoy y Thomas de Keyser fueron los primeros en beneficiarse de la creciente demanda de retratos que existió entre 1590 y 1630. Cuando Rembrandt fue invitado a la ciudad por el pintor y marchante Hendrick Uylenburgh, cuyo estudio de pintura dirigió hasta 1636, el joven artista de Leiden se convirtió en un competidor de peso. Bien relacionado, Uylenburgh le introdujo en los círculos sociales de la ciudad, lo que sin duda le permitió entrar en contacto con nuevos clientes y mecenas. Su matrimonio con Saskia Uylenburgh, hemana del marchante, en 1634, supuso igualmente un importante ascenso en la escala social. En mayo de 1635 la pareja dejó el taller de Uylenburgh para ocupar una casa alquilada, donde el artista estableció su propio estudio.

Rembrandt seguía experimentando y practicando con varios géneros y mostrando una gran diversidad de estilos. Fueron años de prosperidad económica que le permitieron comprar en 1639 una vivienda definitiva, actualmente sede del museo Rembrandthuis.

Rembrandt y sus rivales

Al mismo tiempo, otros pintores llegaban a Ámsterdam con la ambición de beneficiarse de la insaciable demanda de retratos: Bartholomeus van der Helst desde Haarlem, Jacob Backer desde Frisia, Joachim von Sandrart y Jürgen Ovens desde Alemania. Incluso Frans Hals tenía clientes de Ámsterdam, aunque nunca se trasladó a vivir a la ciudad. De los muchos alumnos y colaboradores de Rembrandt, algunos llegaron a ser también retratistas de éxito, como Ferdinand Bol, Gerbrand van den Eeckhout y Govert Flinck, quien le sucedería en el estudio de Uylenburgh. En este caldo de cultivo se desarrolló un ambiente de sana competencia artística entre los maestros, ansiosos por lograr el mayor número de encargos, lo que se traduciría en una altísima y constante calidad de las obras.

Recorrido

La web Hoyesarte.com nos sirve para hacer un recorrido de la exposición, que sigue un orden cronológico a lo largo de nueve capítulos. Las primeras salas están dedicadas a la tradición del retrato inmediatamente anterior a la llegada de Rembrandt a Ámsterdam y el inicio de la renovación del  género.

Continúa con un espacio centrado en sus comienzos como retratista y varias salas cronológicas que presentan a ‘Rembrandt y sus rivales’, para terminar en ‘Los años finales’, con obras de entre 1660 y 1670.

A mitad del recorrido hay un espacio dedicado a los retratos de género y de pequeña escala, y se reserva un último capítulo a su trabajo como grabador, con una destacada selección de retratos privados y autorretratos.

(Retrato de una dama, posiblemente Maria van Sinnick. Rembrandt. Hacia 1654-1655

Óleo sobre lienzo. 99,5 × 83. Washington, National Gallery of Art, Widener Collection)

Además destaca la presencia a lo largo de los distintos capítulos, en función de su cronología, de magníficos ejemplos de los denominados tronies (del holandés tronie, que significa ‘rostro’), un tipo de retrato específico holandés en el que no se representa a una persona en concreto, sino el busto de un personaje con determinadas poses o expresiones faciales y la figura generalmente viste ropajes exóticos o llamativos. Estas obras servían para estudiar no solo la expresividad de los rostros, sino también la composición y la luz. Finalmente, una de las obras de la exposición, un gran retrato colectivo de una guardia cívica, realizado por Frans Badens, que por sus grandes dimensiones (186 x 362 cm) se expone en el vestíbulo de entrada al museo.

Podemos hacer la visita con toda seguridad, ya que el museo se ha adaptado reduciendo el aforo en todas las salas y espacios, disponiendo alfombras desinfectantes a la entrada del edificio, realizando la desinfección continua de las instalaciones y superficies, instalando mamparas protectoras en todos los puntos de atención al visitante, poniendo a disposición de los visitantes dispensadores de gel hidroalcohólico e incluso preparando toda la información para consulta y descarga en nuestro dispositivo móvil, lo que a mi me resulta más bien difícil por la falta de vista. Pero esto último no es indispensable, así que vamos a animarnos y acudir a contemplar tan magnífica exposición, ya digo hasta el 30 de agosto.

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Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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