Los lunes, revista de prensa y red

“Un GPS para Don Juan Carlos”, de Francisco Marhuenda, “Las tragaderas de Podemos”, de  Manuel Marín,  y “No es la Monarquía”, de Cristina Losada

(Viñeta de Puebla en ABC el pasado día 13)

UN GPS PARA DON JUAN CARLOS

Artículo de Francisco Marhuenda publicado en La Razón el pasado día 13

La solución para el «queremos saber» que tanto gusta a los chismosos del patio de vecinos nacional es instalar en las muletas del rey Juan Carlos un «Sistema de Posicionamiento Global», conocido como GPS por sus siglas en inglés. Hay que descartar la cámara oculta porque resulta algo invasiva, aunque no hay que olvidarla ya que lo han convertido en el único español que no tiene derecho al honor, la intimidad y la propia imagen. No hay canción del verano, pero tenemos un tema que eclipsa la crisis económica, el avance de los rebrotes del covid-19 y la segunda ola que no consigue ver el licenciado surfista Simón, la imputación de Podemos y algunos miembros de la cúpula directiva y los enredos del independentismo catalán. No sabemos cómo nos irá en septiembre y si se podrán abrir con normalidad las escuelas, institutos y universidades, pero a tanto pseudointelectual de tertulia política o del corazón les interesa más saber su periplo, incluidas escalas, durante este mes. Es algo que conviene mucho a la izquierda, porque no hay mejor opio para el pueblo que las cortinas de humo.

El GPS nos resuelve muchos problemas y, en este caso, nos aclararía si estuvo o no en Abu Dabi, qué casas visitó, dónde comió, cenó y durmió, si sigue allí o está dando la vuelta al mundo como Phileas Fogg, aunque también es posible que se apunte a un viaje turístico a Marte. Tras la experiencia de reinar en un país donde siempre han existido muchos marcianos sueltos podría ver si hay algún atisbo de veracidad en el libro «Una princesa de Marte» de Burroughs, que inició la divertida e ingeniosa serie de novelas de ciencia ficción. Lo que está claro es que haga lo que haga será criticado por la colección de listos nacionales con vocación de inquisidores. Cada día que pasa estoy más convencido de que acertó poniendo distancia ante la caterva de ingratos, oportunistas y políticos que le quieren utilizar para atacar a la Corona con el objetivo de tener una cortina de humo que tape sus miserias. No contentos con machacar al padre, la turba de independentistas, comunistas y antisistema quiere despenalizar las injurias al rey. Como la pagamos todos, es bueno convertir la jefatura del Estado en un muñeco de feria al que se puedan lanzar todo tipo de dardos o pelotas. Creo que la institución merece mucho más respeto.

Artículo en: https://www.larazon.es/opinion/20200813/s2cyhkvdt5ckxhxswmndsntgt4.html

LAS TRAGADERAS DE PODEMOS

Artículo de Manuel Marín publicado en ABC el pasado día 12

Iglesias empieza a ser visto como el rostro de un fracaso sometido a las mismas tenazas judiciales que contribuyeron a la caída de Gobiernos.

Tarde o temprano, Podemos se extinguirá ofuscado en uno de esos laberintos judiciales convertidos en lentas trituradoras de egos, currículos y carreras amputadas. Podemos nunca consintió aplicar a los demás la prevención de la mera sospecha sin pruebas. Siempre utilizó la presunción de inocencia como una condena preventiva que exigía destituciones ejemplarizantes. Aplicaba la guillotina del populismo sin procesamiento alguno, sin juicio previo, y sin derecho a una defensa justa.

Antes, cuando Podemos pretendía alcanzar el cielo por asalto, los partidos del poder, sobre todo esa iconografía diabólica de la derecha exaltada por Podemos, robaban porque las élites financieras estaban viciadas, y todos se protegían en el lodazal frente ese purismo de raza que impulsaba un regeneracionismo pulcro desde  las calles. Entonces, no había pan en España para tanto chorizo. Hoy, cuando Podemos es el poder, el corrupto de casta sigue siendo el otro, y Pablo Iglesias es solo la víctima de un sistema que conviene destruir solo porque le señala.

Pero el mensaje ya no se sostiene ni con un millón de «bots» pervirtiendo las redes sociales con incoherencias desmentidas por la hemeroteca. Podemos es hoy el mero argumentario de un victimismo sin anclaje alguno para ser creíble. Iglesias empieza a ser visto como el rostro de un fracaso sometido a las mismas tenazas judiciales que contribuyeron a la caída de Gobiernos. Ocurrió con Felipe González y más tarde con Mariano Rajoy.

Podemos se ha adocenado en el coche oficial, está encantado de conocerse en un despacho ministerial, se ha engolado de poder, y la soberbia le puede. Se construyó con el mismo material, y sobre los mismos vicios, que el resto de partidos, y creció surfeando una ola de simpatías y privilegios mediáticos como ningún otro partido en cuatro décadas. Pero siempre disimuló. Diseñó un guión ficticio para hacer creer que con el asamblearismo convertido en esencia de la democracia, Podemos nunca necesitaría cajas B, pagos en negro o sobresueldos ajenos al control público. Hoy ya ni siquiera se molesta en disimular y solo insulta la inteligencia de quienes les retratan como usureros de la política. Fueron especialistas en el montaje de juicios paralelos y modernizaron la pena de telediario hasta perfeccionarla. Ahora, son víctimas de su propia inconsistencia porque el andamiaje judicial empieza a delatar que nunca fueron químicamente puros. Y que el dinero… es el dinero.

La pregunta no es si hay visos de realidad penal en las acusaciones, sino si su electorado hará la vista gorda haciendo imperar ese criterio ideológico de superioridad moral con el que se alimenta. Las tragaderas de la izquierda populista siempre fueron generosas cuando el latrocinio lo cometían los suyos. Ahora la incógnita es saber hasta qué punto un auto judicial podrá también tumbar a Podemos, o si Iglesias ha vuelto a cambiar las reglas.

Artículo en: https://www.abc.es/espana/abci-manuel-marin-tragaderas-podemos-202008120142_noticia.html

NO ES LA MONARQUÍA

Artículo de Cristina Losada publicado en Libertad Digital el pasado día 10

La razón última de este fuego graneado contra la institución monárquica es el 3 de octubre..En estos tiempos desmemoriados hay que hacer memoria del pasado más reciente. Es el que más se olvida. Sin hacer memoria, no es posible entender las andanadas contra la Monarquía a raíz de la salida de España de Juan Carlos I, que estos días configuran, si no un cuadro de hechos relevantes, al menos un reguero de noticias. Y hay que recordar que ciertos sectores del nacionalismo disgregador, del que pasaba por moderado, se recrearon durante una época en la idea de combinar su proyecto separatista con una fórmula de vinculación con España. Sus naciones serían soberanas e independientes, sí, pero, en razón de los lazos históricos, mantendrían relaciones especiales con España a través de la Corona. Algo así como la Commonwealth británica.

La relativa cordialidad que entonces se preciaban de tener CiU y el PNV con la institución o con la persona del rey parecía destinada a preservar aquella posibilidad. Posibilidad que suponían más viable que una ruptura que cortase de un tajo el cordón umbilical. Sabían, al contrario que tantos hoy, que no podrían conseguir su objetivo por las bravas y que sería necesario algún tipo de consentimiento y acuerdo. La ‘promesa’ de conservar una conexión, que naturalmente tenía que ser muy por arriba, como un hilo directo con la Monarquía española, servía a la vez de edulcorante y de señuelo. La actitud de los dos partidos nacionalistas mayoritarios en Cataluña y el País Vasco fue, en consecuencia, la de esquivar los pronunciamientos sobre la Monarquía parlamentaria, que la izquierda radical, en cambio, ha hecho siempre que ha tenido ocasión y siempre en contra.

Hay que recordar, en estos tiempos desmemoriados, que los nacionalistas llamados moderados dieron señales de que ya no estaban en términos tan cordiales con la Monarquía cuando se aprobó la ley orgánica de abdicación de Juan Carlos I. Se esperaba que PNV y CiU votaran a favor, pero se abstuvieron. Los peneuvistas alegaron que Felipe VI era, para ellos, «una incógnita» y le apremiaron a dejar claro «qué modelo de Estado imagina». Los convergentes, con Durán i Lleida oficiando, midieron más su retórica y pidieron al nuevo rey que fuera «sensible a las demandas de la sociedad catalana». El escenario había cambiado. Lo había cambiado CiU, al dirigirse de forma desbocada hacia el precipicio del referéndum ilegal.

La incógnita Felipe VI quedó despejada el 3 de octubre de 2017, con su discurso solemne frente al golpe del separatismo catalán. Desde ese instante, todos los separatistas, y tanto los cuerdos como los locos, se declararon enemigos mortales del Rey, la Corona y la Monarquía parlamentaria. La razón última de este fuego graneado contra la institución monárquica es el 3 de octubre. A partir de aquel 3 de octubre, los que habían sido cordiales se sumaron a los que siempre fueron radicales. Prácticamente todo aquel que tiene alguna relación con el separatismo catalán –y su chequera– se ha transmutado en furibundo antimonárquico. Pero serían monárquicos entusiastas si Felipe VI dijera que el sueño de su vida es presidir una vez al año la reunión de la Commomwealth hispánica de las naciones nacionalistas. El auténtico objeto de su fobia no es la Monarquía, ni la Corona, ni Juan Carlos, ni sus escándalos ni su marcha. Es España.

Artículo en: https://www.libertaddigital.com/opinion/cristina-losada/no-es-la-monarquia-desafio-separatista-juan-carlos-i-felipe-vi-pnv-ciu-cataluna-pais-vasco-91424/

 

 

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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