Por Javier Pardo de Santayana
(Sueños de atardecer. Acuarela de Rosa Viñas Escobedo)
Hoy mismo, al despertarme, mi mujer me cuenta que despertó soñando. Y que, por lo visto, estaba acompañada de mujeres chinas. A lo que la pregunté si tenían efectivamente sus ojos oblicuos y semicerrados.
La respuesta fue que no, que el principal rasgo de las chinas del sueño eran más bien unos mofletes abultados. Cosas curiosas que sólo pasan estando en esa situación equívoca, pero que mientras pasan son a todas luces tan vividas como las que observamos hallándonos despiertos.
Lo interesante del asunto que les cuento es constatar que en ese estado tan curioso que nos permite vivir aventuras memorables y estrambóticas permanecemos más o menos un tercio de nuestra existencia. O sea que no es sólo algo jocoso y anecdótico, sino sobre todo algo muy serio. Además las cosas que suelen sucedernos cuando estamos inmersos en el sueño las vivimos con una naturalidad notable, así que las gozamos o sufrimos como si fueran absolutamente reales.
De la importancia de los sueños me gustaría destacar que siempre fueron vistos como premonición o reflejo de lo que en la realidad nos pasa, nos ha sucedido en el pasado, o tal vez suceda en el futuro, caso este último en el que dio lugar a situaciones conocidas de la historia del hombre. Recordarán ustedes, de la Blibia, a José, vendido por sus hermanos siendo un niño, y cuya perspicacia en la interpretación del sueño ajeno le granjeó el honor de ser elegido para hacerlo al servicio del omnipotente faraón egipcio. Y hace poco en este mismo blog me permití introducir al improbable lector de mis escritos en las recientes teorías al respecto, así que si lo llegaron a leer recordarán el nombre de un destacado físico francés, Jean Paul Garnier Malet, para quien, según tengo entendido, en los periodos de sueño se producen unas curiosas “aperturas temporales” en “espacios mínimos de tiempo” que nos permitirán influir de alguna forma en el futuro, mejorándolo.
Todo ello me lleva a ver los sueños como posible fuente de sugerencias novedosas que bien pudieran pasar a convertirse en temas e ideas aprovechables para estimular la creación artística sobre todo ahora en que la moda es romper todos los moldes clásicos en la literatura, el cine y el teatro, y no digamos en la poesía. Un buen filón de ideas aprovechables de las que se agradecería disponer ante la saturación a la que estamos condenados con el paso del tiempo. Y que si en el pasado podrían parecer excesivamente absurdas y descabelladas, no lo serían ahora, ya que se encuadrarían fácilmente en las actuales tendencias rompedoras.
¿Imagina usted, querido amigo, las posibilidades creativas que tendríamos a mano a la hora de aprovechar temas fantásticos, intrigantes, e incluso absurdos como los que tanto gustan hoy en día, si aprovecháramos este filón de ideas nuevas?
Todo lo cual, además de rondar en mi cabeza, me conduce a imaginar algunas situaciones chuscas que bien podrían introducirse como argumentos o recursos en la labor creativa. Sin ir más lejos, podríamos aprovechar la imagen de unas chinas mofletudas en el contexto de las actuales relaciones chino-norteamericanas aportando la idea de que los actuales líderes del mundo tuvieron sueños la noche de la víspera en los que uno y otro jugaban el papel contrario.
Por mi parte lamento que a todo lo largo de mi vida pude dormir como un bendito, así que carecí de posibilidades aunque, naturalmente, si que tuve episodios exigentes en cuanto a la imaginación que requerían, y ahora mismo quizás por ser mayor, me suelo despertar en plena vigencia de algún sueño posible sugeridor de circunstancias y detalles que enseguida se esfuman y me hacen recordar que durante la mayor parte de mi vida debió haberlos también mas sin dejar huella en el recuerdo.
No así mi hijo, que de niño nos contaba siempre sus sueños con detalle durante el desayuno. Recuerdo, por ejemplo, un episodio centrado en el Lejano Oeste en el que por lo visto un servidor también participaba activamente, y que él me relató con pelos y señales.
Claro que al ser preguntado por mí sobre cómo quedé en el lance, tras de responder afortunadamente “que muy bien” añadiría: “Lo que pasa es que, como aquel era mi sueño, el que quedó mejor fui yo”.
He aquí un factor digno de ser tenido en cuenta. Puro realismo aplicado al mundo onírico.