Por Carlos de Bustamante

“La luna en el mar riela/En una lona gime el viento/Y al alza un blando movimiento/Olas de plata y azul//…”
Os imagináis, mis amigos, lo que supuso y supone la proeza singular de adentrarse en mares tenebrosos, desconocidos, ¿con esta pequeña embarcación que viene fotografiada en portada? Si, aventura de locos. De locos, que, aun conscientes del peligro, dejaron impreso en el ‘finis terrae´ el pabellón español.
Pues bien, ¡y asombraos navegantes!, En nuestros días, otro grupo de locos españoles, no solo admiraron la hazaña de nuestros mayores, sino que la emularon tal cual hicieran aquéllos. Siguiendo grabados de la época que rememoraban la gesta, construyeron una réplica de La nao Victoria -única de las cinco que completó el periplo-. Y locos aventureros, surcaron idénticos mares y océanos, pisaron tierras lejanas, recogieron especias, y locos aventureros españoles, repitieron felizmente hazaña y singladura.
Sin demérito alguno, es innegable que los modos y medios de construcción, no fueron tan artesanales como los de antaño, pero una nueva nao Victoria, circunvaló la tierra navegando por idénticas rutas que su remota predecesora. Los motores con los que iba dotada, para no caer del valor a la temeridad, regresaron al punto de partida sin estrenar. Cierto también que no sufrieron ataques de caníbales ni indígenas hostiles, más sí sufrieron hambre y sed en grados sumos. Afrontaron mares arboladas y aún enormes; hubieron de arriar o desplegar velas según vientos y corrientes, que, en el Atlántico, Pacífico o Índico, en absoluto han variado. No es el hombre y su progreso quien rige corrientes, vientos o mares.
Excedido en el preámbulo, os ruego, amigos, que me acompañéis en esta tercera jornada.
– Bahía de Santa Lucía – Río de la Plata
Salida el 27 de diciembre de 1519 – Llegada el 11 de enero de 1520. Travesía de 15 días.
Continúan el viaje costeando hacia el Sur, hasta que entran en el Río de la Plata. A este lugar había llegado tan solo 3 años antes Juan Díaz de Solís, con una expedición que también tenía la misión de encontrar un paso al otro lado de América, pero aquí los indios asesinaron, descuartizaron, asaron y devoraron al propio Solís y a otros de sus compañeros, retornando a España el resto. Magallanes alberga la esperanza de haber encontrado el ansiado paso, de modo que exploran concienzudamente el Río de la Plata e incluso el río Uruguay durante un total de 22 días.
«Un día se hallaron en agua tan blanca que por experiencia quisieron ver qué era, y probada hallaron ser agua dulce que causó en toda admiración y algún temor, sin ver tierra, de ver agua dulce.»
sabemos con qué criterio se aparta del camino al sur que los llevaría hacia el ecuador, donde, recordemos, sabían que estaban ubicadas las Molucas. Recorren de isla en isla la zona del mar de Joló, al parecer perdidos y sin tener claro hacia dónde poner rumbo. No se fían de los indios que encuentran, y la situación de escasez empieza a ser muy preocupante otra vez. Terminan por encontrar la isla de Palawan donde se pueden surtir al fin de abundantes provisiones. Allí tienen noticias de la riqueza de la cercana Brunéi, en la isla de Borneo, donde acuden.
Brunéi efectivamente resulta contar con una gran población, y con un grado de civilización muy superior al de los lugares que han visitado hasta entonces. Al principio son bien tratados allí, pero el rajá Siripada retiene a Elcano, a Espinosa, y a otros hombres que habían acudido a verle como embajadores. Los de las naos, al cabo de quince días temiendo por la suerte de sus compañeros, atacan una flota que arriba al puerto. Elcano y Espinosa son liberados, pero el rajá todavía retiene a los demás.
Lo sucedido en Brunéi no gusta a nadie, y Lopes Carvalho recibe nuevamente duras críticas. Además, continúa el recorrido caótico de la expedición, hasta que poco después de salir de Brunéi una de las naves encalla. Localizan un puerto apropiado en una isla de difícil identificación entre Borneo y Palawan, y se produce una nueva demora para repararlas, de unos 37 días. En estas fechas hay un acuerdo por el que cesan a Lopes Carvalho de la capitanía general, que es asumida por Gonzalo Gómez de Espinosa, quien desde la salida de Cebú ya había desempeñado la función de capitán de la nao Victoria. Por su parte, Juan Sebastián Elcano es nombrado aquí capitán de la nao Victoria.
Bajo esta nueva organización, el plan es claro: buscarán sin demora las Molucas, y volverán a España cargados de especias. Libran un combate con una nave que se dirigía a Brunéi, y piden comida por rescate. Más adelante, el 28 de octubre llegarán nuevamente a Mindanao y tomarán a dos pilotos para que les guiaran. En sólo 10 días, estaban ya viendo los picos volcánicos de aquellas islas, las islas de la Especiería.
El capitán Juan Sebastián del Cano, que fue por maestre en la nao Concepción y fue mudado della con mandado del capitán, vino en la nao Vitoria por capitán.