Y lo admitimos sin chistar

Por Javier Pardo de Santayana

 

(Normalidad hoy)

Ahora resulta que el presente es visto por nuestro gobierno como “la nueva normalidad”. Y uno imagina que para quien así define el tiempo que vivimos cree gozar de estabilidad política y social con ciertos rasgos definidos.

Pero permítanme que les recuerde que lo que estamos haciendo ahora es, desgraciadamente, una especie de retorno hacia el pasado. Un pasado reciente, así que hablamos de “rebrotes”, o sea de retorno de los rasgos que acabamos de vivir hace unos días. Y así estamos volviendo a lo mismo nuevamente. Dígame usted, por tanto, lo que tiene este retorno de normal, a no ser que el estar confinados y pendientes de que nos pille un virus asesino puede o debe ser tenido por deseable. Y menos que se pueda definir como algo “nuevo”: basta con reparar, sencillamente, en que un “rebrote” se define como algo que es repetitivo, es decir, como algo que vuelve a a suceder de nuevo, así que irremisiblemente caemos en la cuenta de que la citada expresión es un gran timo.

¿Quién puede de verdad creerse que alguien llegue a considerar como “normal” la situación actual?¿Normalidad llama usted a lo que está ocurriendo? Porque tenemos la impresión de que en todo caso se podría considerar como “normalidad” la situación anterior al virus por indeseable que ésta fuera fuera dado que hay un partido comunista en el gobierno y un presidente  convencido de que la sola  posibilidad de que estuviese le causaría  un insomnio insoportable.

Pues sí señores, ahí estamos todos con un gesto inexpresivo oyendo con la mayor naturalidad estas palabras como si desconociéramos incluso su significado. Sépalo por tanto el improbable lector mío, por mucho que le tenga por persona bien instruida en la gramática y se halle sorprendido de que pudiera colar una expresión inadmisible para cualquier español inteligente. O por mucho que se indigne  por una tomadura de pelo que cualquiera puede tomar por un insulto o por una broma de mal gusto.

En resumidas cuentas: la “nueva normalidad” ni es normalidad ni es nueva, así que alcanza un pleno en su mentira. ¿De verdad se siente usted capaz de repetir la frase sin esbozar un gesto de extrañeza o mejor una sonrisa como si se tratara simplemente de una broma?

Y, sin embargo, la oirán ustedes repetida con la mayor naturalidad del mundo como si se tratara de algo que la ciudadanía admite – como tantas otras cosas – sin pensarlo dos veces. Lo cual me hace suponer que aquí no rige aquel principio que repiten los norteamericanos cuando afirman que “la base de la democracia es un ciudadano bien informado”. Sí, desafortunadamente, la verdad es batalla perdida entre nosotros.

Ahí tiene usted, como una reacción a la mentira a que se nos tiene ya debidamente acostumbrados, la proliferación de distintas expresiones que se refieren reiteradamente a esa verdad inexistente. Ya se lo he comentado a usted en este mismo blog: recordará que le invité a considerar la gran frecuencia con la que repetimos como loros “La verdad que …”, o “la verdad es que…”, o “lo que sí es verdad es que…” – o simplemente la palabra “verdad” bajo otras fórmulas; que si se fija usted han pasado a convertirse entre nosotros en una especie de latiguillo inevitable. Creo haberlo oído hasta más de treinta veces a una misma persona con ocasión de una entrevista radiofónica.

¿De verdad cree usted que estamos todavía en condiciones de reaccionar debidamente para restaurar entre nosotros un mínimo  vestigio de sensatez y buen sentido que nos permita detectar lo que hay de fraude y de camelo en determinadas afirmaciones elaboradas como frases hechas e intencionadamente propagadas tomando a los españoles poco menos que por analfabetos?

 

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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