La nao Victoria. 6

Por Carlos de Bustamante

Que es mi barco mi tesoro/Que es mi dios mi libertad/Mi ley la fuerza y el viento/Mi única patria la mar//.

 

Las islas Molucas

Las Islas Molucas, el Moluco o las Islas de la Especiería, objetivo de la expedición y donde llegaron la Trinidad y la Victoria en noviembre de 1521. Su belleza asombra a los expedicionarios. Espinosa contará así al rey: «Señor, no tenga vuestra Sacra Majestad en poco las islas del Maluco, y las de Banda y Timor, porque señor, son tres vergeles, los mejores que hay en el mundo.»

Volvemos con la nao Victoria, que termina de zarpar de Tidore. Durante varios días recorren diversas islas del archipiélago de las Molucas, en las que recogen muestras de las especias que en cada una se dan para llevarlas al Emperador, sin dilatar tiempo en ello y ganando Sur. Hay tantas islas en esta zona que durante las noches se quedan al pairo para evitar embarrancar. Sufren una fuerte tempestad. Llegan a la isla de Mallúa —hoy Pulau Wetar— con la ayuda de pilotos moluqueños, donde necesitan realizar reparaciones a la Victoria y permanecen durante quince días.

Elcano demuestra una audacia extraordinaria por cómo se plantean la vuelta. El objetivo fundamental al salir de Timor es llegar a España navegando hacia el Oeste, evitando las rutas portuguesas para evitar ser detectados y apresados. Por ello, no harán escalas y viajarán alejados de la costa. Si lo consiguen, serán los primeros en completar la vuelta al mundo. Sabe que es una misión casi suicida, en la que se va a enfrentar a un océano desconocido hasta entonces en las latitudes Sur que se propone recorrer —el océano Índico y, de hecho, estará a punto de descubrir Australia—, tendrá que doblar el temido Cabo de Buena Esperanza, con fama de ser uno de los que las corrientes y los vientos son siempre imposibles para la navegación, y después deberá remontar el Atlántico, alejado siempre de la costa. Pero la ilusión no sólo por volver, sino por saberse los primeros en dar la vuelta al mundo y por entrar así en la Historia llevará a estos hombres a alcanzar su objetivo, aunque no sin imprevistos y, por supuesto, sin un sufrimiento extremo y el acecho de una muerte casi segura.

`La difícil singladura del Océano Índico, en latitudes cercanas a los 40º para evitar las rutas portuguesas y con condiciones climatológicas muy adversas. Estuvieron a muy pocos días de travesía de descubrir Australia.

El océano Índico les recibe inicialmente con vientos flojos, propios de las latitudes ecuatoriales en que se encuentran. Derrotan hacia el Suroeste, buscando desde el primer momento ese Sur que les aleja de la posibilidad de encontrarse con expediciones portuguesas, y no pasan lejos de Australia. Estuvieron cerca de descubrirla.

Conforme van ganando Sur, el mar se va volviendo cada vez más hostil. Los vientos y las corrientes no les van a ser favorables casi en ningún momento en el Índico. Al cabo de mes y medio de travesía divisan a lo lejos una isla, a la que acuden, la rodean, pero no encuentran fondo en ella y tienen que continuar viaje sin detenerse. Se trata de la que después se llamó Isla de Ámsterdam, muy inhóspita y que aún hoy está deshabitada.

Les cuesta mucho seguir avanzando. Llegan a bajar al paralelo 40, donde les esperan grandes vientos y corrientes contrarios que les obligan a amainar durante días y les devuelven hacia el Este.

Es la temible franja conocida como los Cuarenta Rugientes, que después fue muy usada por los ingleses para hacer el viaje a Australia en sentido Este, pero nuestros navegantes la recorrieron, al contrario. Llegaron a pasar 8 días amainados en dos episodios diferentes de fuertes borrascas, con gran frío y mala mar. Tras la última, Elcano decidió abandonar este paralelo y pasar al 36. Muchos otros días, el viento les obligaba a ceñir contra él, navegando en zig-zag.

Pese a que la mayoría de ellos están ya enfermos, su idea de alejarse de la costa es firme, y enseguida deciden continuar sin haber tomado tierra:  Sin embargo, empiezan a sufrir las tempestades propias del temido Cabo de Buena Esperanza, y continúa: «En esta costa hay muchas corrientes que el hombre no les halla abrigo ninguno, sino lo que la altura le da».  El viento es tan fuerte que parten el mástil y verga del trinquete.

La mar es infernal y piensan que no van a logran doblar el Cabo. Se plantean incluso arrojar la carga de clavo, pero deciden no hacerlo. Buscan la gloria, y no quieren volver sin su preciado cargamento. Es el todo o nada. «Hallándose la mayor parte de la tripulación inclinada más al honor que a la vida misma, determinamos hacer cuantos esfuerzos nos fuera posible para regresar a España.»

Estiman que pasan a solo 8 leguas del cabo -44 km- aunque no pueden verlo, y por fin el 19 de mayo cambian rumbo al Noroeste, ya por fin, esta vez sí, en el Atlántico.

La navegación del Índico Sur que realizó Elcano, en unas latitudes nunca antes navegadas, con muy mala mar, y con largos episodios de fuertes temporales constituye una proeza por sí sola. Fue de tal dureza que tan solo duró dos semanas menos que la travesía del Pacífico, que se había hecho con una climatología especialmente benigna. Las primeras muertes se produjeron ya cerca de Sudáfrica.

El Océano Atlántico les trae vientos muy propicios. Consiguen reponer el palo del trinquete y avanzan a gran velocidad empujados por la corriente de Benguela. De hecho, si las lecturas del sol son correctas, entre el 25 y el 26 de mayo recorren la friolera de 100 millas náuticas —unos 560 km—, siendo el día de mayor distancia recorrida en toda su vuelta al mundo.

Sin embargo, la extrema dureza de la singladura y la escasez de alimentos —solo cuentan ya por comida con arroz hervido en agua de mar— empieza a causar fatales consecuencias en la tripulación. Hasta el 12 de mayo no se registra ninguna muerte, pero

desde este día su goteo es incesante. Se producen muertes los días 12, 13, 17, 18, 20 de mayo, 1 de junio, 7, 8, 9… a este ritmo morirán todos pronto.

Elcano se ve obligado a tomar una decisión contraria a sus intenciones: acercarse a la costa para avituallarse. Están cerca de Guinea. Pero tienen muy mala suerte, porque no hallarán más que manglares, bosques de árboles resistentes al agua salada que crecen en los bajíos de las desembocaduras de los grandes ríos de esta zona, lo cual les impide acercarse a tierra firme.

Aquí escriben sobre su extrañeza al ver que los portugueses dicen que están a 10 de julio, mientras que según su cuenta es día 9. Más tarde averiguarían que al haber dado la vuelta al mundo hacia poniente habían perdido un día «Después supimos que no existía error en nuestro cálculo, porque navegando siempre hacia el oeste, siguiendo el curso del sol y habiendo regresado al mismo punto, debíamos ganar veinticuatro horas sobre los que permanecían en el mismo sitio; y basta reflexionar para convencerse de ello.»

Pero los expedicionarios no van a encontrar aquí descanso. Los portugueses enseguida les van a descubrir.

En la Victoria aguardaron toda la noche la vuelta de sus compañeros navegando cerca de la isla, y temiéndose lo que estaba ocurriendo. Por la mañana del día siguiente se acercaron al puerto, donde acudió una embarcación portuguesa que les avisó de que sus compañeros habían sido detenidos, y que las autoridades les pedían entregar la nave. Elcano larga velas inmediatamente, emprendiendo así la huida. Son muy pocos para gobernar la nao, pero tendrán que arreglárselas. Y decide despistar a los portugueses. Toma rumbo Sur.

Arroz hervido con agua de mar: única dieta a bordo durante el regreso de la nao Victoria

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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