Los caraduras, los aprovechados, y sus víctimas

Por Javier Pardo de Santayana

(Mascarilla reutilizable)

Cuando no vemos otro tema que no tenga que ver con una pandemia que avanza sin respetar distancias y convertida en amenaza permanente; cuando realizar un esfuerzo conjunto para encontrar la forma de de crear barreras y salvaguardar vidas humanas debiera ser nuestra obsesión primera, he aquí que la prioridad de nuestros gobernantes parece ser aprovechar la ocasión para, como quien no quiere la cosa, intercalar iniciativas orientadas, más que a superar tal circunstancia, a aprovecharla convenientemente para sus objetivos partidistas de corte revolucionario. Se trata, pues, de sacar partido de nuestras desgracias aplicando aquel principio de “cuanto peor, mejor”.

Claro está que, por otra parte, de tal forma se aprovecharon las facilidades del poder, que se nos montó un gobierno hasta tal punto multitudinario que para que cupiera en la sala de reunión sería preciso hasta alargar la mesa. Y no sólo esto, pues para contentar a un vicepresidente cuya presencia resultaba en principio tan molesta que auguraba noches de insomnio a su baranda se repartieron puestos como cromos sin mirar demasiado a sus conocimientos o a su experiencia en la gestión. Y así, para dirigir la Sanidad se nombraría, como fruto del intercambio de cromos entre tanta gente y de la posibilidad de una futura maniobra de aproximación a otros partidos – precisamente por estar ya sus responsabilidades sanitarias – a un buen señor de vocación filósofo.

Mas el trágico ambiente que crearía la extensión del virus asesino no se paraba ahí, ya que la confusión reinante y la inestabilidad social creada por las inesperadas circunstancias – incluido el acumulamiento de medidas hasta contradictorias – serían  aprovechados por una impresentable minoría para buscar sus objetivos revolucionarios en el barullo de las disposiciones sanitarias y de los cambiantes o confusos datos estadísticos, y se forjarían unos sueños de grandeza escasamente coincidentes con los más esenciales principios democráticos.

Como ustedes verán, difícil será encontrar una situación más favorable que ésta, en la que la población se ve obligada a soportar presiones inauditas que se soportarán como si fueran obligadas en las actuales circunstancias para manipular y hacer pasar por necesarias acciones de poder que en momentos normales, en decir sin los efectos sociales de este virus, no pasarían el fielato. Así se nos están colando, casi sin un contraste previo e incluso “mal paridas”: disposiciones que en otras circunstancias habrían causado bastante más revuelo y más rechazo, y se nos están anunciando incluso nuevas leyes que repugnan a la simple razón y a la justicia histórica.  Leyes que en cualesquiera  otras circunstancias habrían sido rechazadas ya de entrada., como la que  pretende aumentarnos los impuestos incluso en estos momentos de penuria y desconcierto en los que, por añadidura, se han desbocado las cifras del paro con cifras casi apocalípticas.

Y es que lo que en el fondo pretende el populismo es la completa transformación de nuestra sociedad de seres libres aplicándola un modelo comunista. Así que nos veremos obligados a poner nuestra esperanza en una Europa que ya pasó por ese trance, y que supongo no lo habrá olvidado como aquí se pretende por lo visto, porque lo experimentó en sus carnes hace tiempo y ahora se lo recuerdan en la escuela y en el bachillerato.

Sí; no lo habrá olvidado, estoy seguro de ello, por lo que la supongo curado ya de espanto y preguntándose extrañada quienes serán esas gentes tan extrañas y con tal caradura que incluso pretenden contar con su dinero.

 

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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