Los lunes, revista de prensa y red

“Juan Español traga con todo”, de Juan Carlos Girauta, “Defensa de la barra de bar”, de Antonio Burgos, y “`Fratelli tutti´: un elevado concepto de la solidaridad y de la política”, de Aceprensa

(Viñeta de Puebla en ABC el pasado día 6)

JUAN ESPAÑOL TRAGA CON TODO

Artículo de Juan Carlos Girauta publicado en ABC el pasado día 8

Once informes once cometió Redondo. Si se trataba de hacerse el ruso, le convenía el nombre de Grigori más que el de Iván a nuestro Rasputín doméstico, que produjo y escondió sus once deposiciones vergonzantes, sus once campanadas, entre enero y marzo. Quizá iban a ser doce y le pasó como a Carmen Sevilla.

Hoy está probado que el Gobierno conocía los riesgos de la pandemia. Por principal amenaza para la seguridad nacional se tenía al Covid-19 el día 27 de enero, lo que no impidió a Simón mentir así el 29: «Creemos que en España, como mucho, no habrá más que algún caso diagnosticado». Mintió Simonilla. Mintió Sánchez. Mintió Calvo, salvo en la estremecedora literalidad de aquel «Nos va la vida», que ahora mismo, sabiendo lo que ella sabía, cobra oscuros tintes. Sadomasoquismo de alto riesgo.

Pero todo eso ya lo sabe Juan Español. No ignora que le han mentido meticulosamente. Ni siquiera necesita saber de los once informes, de su tenor y de sus fechas, para comprender que el Gobierno le vendió la peste con un lazo. Y que luego impostó temores o confianzas, ora quitando hierro, ora aterrorizando, según las conveniencias partidarias de esa conjura de los necios y de los malvados que es La Moncloa. Juan Español sabe, pero quiere que le mientan porque se siente bien viajando en grupo por la montaña rusa. Venga el sobrecogimiento, el canto en los balcones o la risa floja, lo importante es que sean unánimes. No estar solo, no quedarse a la intemperie, ¿verdad, Juan Español? En los tiempos raros siempre acuden oportunistas de la incertidumbre, mercaderes del miedo, trujamanes de la inseguridad para ofrecerte la enésima versión del marxismo para dummies. Algo simple que reconforte. A esa comodidad le llamamos izquierda.

Sabe igualmente Juan Español lo que pasa con Podemos. No llega a relacionar a la formación populista y neo (o post) marxista con Ernesto Laclau porque no sabe quién es, aunque algo entrevé del extemporáneo expansionismo narcobolivariano. No repara en que Sánchez los usa como dóberman para asustar al Ibex, pero una cosa sí consta a Juan Español: Podemos no responde ni por asomo a ninguna expectativa de regeneración. Nunca ha creído en controlar al poder (salvo que el poder lo ostente otro), ni en la transparencia, ni en perseguir la corrupción, ni en acabar con los privilegios de los políticos. Era todo una pátina con la que se cubrieron en Sol y que cayó entera. El verdadero rostro de Podemos lleva más de un año a la vista, y no es muy atractivo: endogamia, capillitas que reproducen los modos universitarios, privilegios sin cuento y sin vergüenza, aplicación sistemática del mecanismo premio-castigo con los propios, rasgos sectarios, denuncias falsas, uso y abuso del aforamiento, y la violación de las limitaciones salariales autoimpuestas. Una demagogia obscena en la que Juan Español no repara porque Juan Español, el pobre, no va muy allá.

Artículo en: https://www.abc.es/opinion/abci-juan-carlos-girauta-juan-espanol-traga-todo-202010080002_noticia.html

DEFENSA DE LA BARRA DE BAR

Artículo de Antonio Burgos publicado en ABC el pasado día 7

Con el virus y su curva de contagios no sé si van a acabar, pero con la hostelería parece que sí: van a por ella. Ojo, no sólo aquí en España, sino en Europa entera. En París, ya han visto: como medida de emergencia para acabar con las preocupantes cifras de nuevos enfermos por el bicho, de momento han cerrado todos los bares y todos los cafés. Y aquí en España, cuando una comunidad autónoma o una ciudad llegan a cifras preocupantes, entre las primeras medidas adoptadas siempre hay alguna contra la hostelería: que si cerrar a las 11 de la noche para que cenemos a la hora de los alemanes de la Merkel, porque «de grandes cenas están las sepulturas llenas»; que si echar a la gente a las terrazas, aunque haga la temperatura que haga; que si reducir el número de mesas para establecer una «distancia social» entre cada una de ellas. Y algo que no falla, sea el lugar de España donde la medida se tome: cerrar las barras de los bares. Los bares te pueden dar tu pincho de tortilla y tu caña de cerveza en las mesas que han quedado dentro tras la reducción, o en la terraza, si la hubiere. El dueño de bar que no tenga terraza y el local sea tan pequeño que apenas le quepan tres mesas dentro con las normas de la distancia, está abocado o bien a comerse los ahorros que tenga para mantener su establecimiento heroicamente abierto, o bien a echar el cierre: «Sube el toldo, Leopoldo, y después baja la persiana metálica, pero para siempre del todo».

Esta es una de los más contradictorias medidas, más de lo que les han dicho las sociedades médicas científicas a los que llevan el caos de la política contra la pandemia: «En salud, ustedes mandan, pero no saben». Las patronales de hostelería y los dueños de bares podrían decirles tres cuartos de lo propio sobre las medidas que toman en materia de restauración: «En hostelería, ustedes mandan, pero no saben». No saben, por ejemplo, que la barra del bar, la que siempre mandan cerrar, es mucho menos peligrosa que una mesa en el interior o en la terraza. Dentro o fuera, en una mesa estás sentado en una mesa frente a alguien. Y cuando llegan las copas y las tapas, te tienes que quitar la mascarilla. Entonces tiene frente a un señor al que le puedes echar todos los virus que tengas, en caso de que seas asintomático y aún no te hayan hecho el PCR que te confirme que tienes un coronavirus de caballo. En las mesas de interior y de terraza, no se guardan las «distancias sociales» entre los que están sentados. Tenían que montar grandes mesas imperiales como de banquete elegante para que hubiese metro y medio entre tomador de pincho de tortilla y tomador de media ración de ensaladilla. Presentan como una solución lo que es un peligro.

En cambio, la barra del bar tiene unas excelencias higiénicas que nadie ha defendido, ni los propios afectados por la ruina que están trayendo a la hostelería. En la barra del bar no tienes nunca frente a nadie a quien puedas contagiar cuando te quitas la mascarilla, porque ya está aquí la espumosa fresquita y la media ración de croquetas que en esta casa fríen como en ningún sitio de bien. En la barra del bar tienes en todo caso frente al camarero que te sirve, pero sólo en el instante en que te trae tu comanda, y el hombre viene con su mascarilla puesta como corresponde. En la barra del bar no tienes frente al amigo con quien estás copeando y tapeando, sino que está a tu lado. Y con una separación entre parroquiano y parroquiano que para sí la quisieran los que están sentados cuatro en una mesa, cara a cara, con la mascarilla quitada y echándose unos a otros sabe Dios qué miasmas, miarma.

Pido, pues, el indulto para la barra de los bares cuando se tomen las medidas de la vuelta atrás a la Fase Dos o a la Fase Tres. Ya digo: en la barra del bar nunca tienes frente más que a la máquina de café o a las botellas de brandy.

Artículo en: http://www.antonioburgos.com/abc/2020/10/re100720.html

“FRATELLI TUTTI”: UN ELEVADO CONCEPTO DE LA SOLIDARIDAD Y DE LA POLÍTICA

Artículo de Aceprensa publicado en su boletín el pasado día 5

La nueva encíclica del Papa Francisco, Fratelli tutti, sobre la fraternidad y la amistad social, propone un ideal muy alto. Y sugiere vías para ir realizándolo en los distintos ámbitos de la convivencia, del local al internacional, por medio de actitudes personales y en particular, de la política.

Como la encíclica anterior, Laudato si’, también esta es de doctrina social y toma el título de una expresión de S. Francisco de Asís, en quien se inspira. También parte de la Declaración de Abu Dabi (“Documento sobre la fraternidad humana, por la paz mundial y la convivencia común”), que el Papa firmó el año pasado junto con el Gran Imán Ahmad Al Tayyeb. Y toma pie también de la pandemia de covid-19, que se declaró cuando Francisco estaba redactando el texto.

El Papa señala que en Fratelli tutti vuelve a proponer ideas que ha expresado ya repetidas veces, pero ahora situándolas en un contexto más amplio. En efecto, gran parte del documento consiste en fragmentos de escritos y alocuciones suyas. Aquí reproducimos palabras del Papa en la encíclica sin precisar si son nuevas o citas de textos anteriores.

La encíclica, de unas 155 páginas en formato libro, consta de ocho capítulos. Resumimos con cierta amplitud los capítulos V y VI, y más condensadamente los restantes.

Sombras y esperanza

El cap. I (“Las sombras de un mundo cerrado”) se detiene en las tendencias que en el mundo actual son contrarias a la fraternidad humana. Entre otras, considera los nacionalismos cerrados, el rechazo a los inmigrantes, el individualismo, la polarización, las guerras… Pero en la pandemia se han manifestado también de manera extraordinaria las energías de las personas para el bien, en tantos comportamientos solidarios y heroicos (n. 54). De manera que sería un engaño rendirse pensando que no hay remedio (n. 75), pues tenemos motivos de esperanza (n. 77).

El cap. II (“Un extraño en el camino”) es una meditación de la parábola del buen samaritano, que sirve de guía para reflexionar acerca de las actitudes en que se manifiesta la fraternidad.

El cap. III (“Pensar y gestar un mundo abierto”) destaca lo que la fraternidad aporta a la libertad y a la igualdad. Sin fraternidad, que lleva a la ayuda mutua y al diálogo, “la libertad enflaquece, resultando así más una condición de soledad, de pura autonomía” (n. 103). “Tampoco la igualdad se logra definiendo en abstracto que ‘todos los seres humanos son iguales’, sino que es el resultado del cultivo consciente y pedagógico de la fraternidad” (n. 104).

La actividad de los empresarios es “una noble vocación orientada a producir riqueza y a mejorar el mundo para todos”

Francisco recuerda, a propósito de esto, uno de los principios fundamentales de la doctrina social de la Iglesia: el destino universal de los bienes, del que se deriva el de la función social de la propiedad. Lo afirma con palabras de Juan Pablo II en Centesimus annus (n. 31) y añade: “El derecho a la propiedad privada solo puede ser considerado como un derecho natural secundario y derivado del principio del destino universal de los bienes creados, y esto tiene consecuencias muy concretas que deben reflejarse en el funcionamiento de la sociedad” (n. 120).

Más adelante, subraya “el sentido positivo que tiene el derecho de propiedad: cuido y cultivo algo que poseo, de manera que pueda ser un aporte al bien de todos” (n. 143). Por la misma razón, elogia la “actividad de los empresarios”, que describe como “una noble vocación orientada a producir riqueza y a mejorar el mundo para todos”.

Inmigrantes

El cap. IV (“Un corazón abierto al mundo entero”) trata principalmente de las migraciones y la cooperación internacional.

La fraternidad con los inmigrantes se expresa en unos esfuerzos que Francisco resume en cuatro verbos: “acoger, proteger, promover e integrar” (n. 129), y propone concretarla en medidas como “incrementar y simplificar la concesión de visados”; “abrir corredores humanitarios para los refugiados más vulnerables”; dar a los inmigrantes “libertad de movimiento y la posibilidad de trabajar”; “favorecer la reagrupación familiar”, etc. (n. 130).

Hay una fraternidad entre pueblos. Francisco subraya que “la ayuda mutua entre países en realidad termina beneficiando a todos” (n. 137), y esto es más cierto que nunca en “un mundo tan conectado por la globalización” (n. 138). Ahora bien, su planteamiento no es meramente utilitarista: como en las relaciones interpersonales, también en el ámbito internacional la solidaridad incluye gratuidad. “La verdadera calidad de los distintos países del mundo se mide por esta capacidad de pensar no sólo como país, sino también como familia humana” (n. 141).

Populismo y liberalismo

El cap. V (“La mejor política”) comienza con una crítica del populismo y el liberalismo actuales. “El desprecio de los débiles puede esconderse en formas populistas, que los utilizan demagógicamente para sus fines, o en formas liberales al servicio de los intereses económicos de los poderosos” (n. 155).

El carisma de un líder popular “deriva en insano populismo cuando se convierte en la habilidad de alguien para cautivar en orden a instrumentalizar políticamente la cultura del pueblo, con cualquier signo ideológico, al servicio de su proyecto personal y de su perpetuación en el poder”. O bien, cuando “busca sumar popularidad exacerbando las inclinaciones más bajas y egoístas de algunos sectores de la población” (n. 159).

La política “es una altísima vocación, es una de las formas más preciosas de la caridad, porque busca el bien común”

“Otra expresión de la degradación de un liderazgo popular es el inmediatismo. Se responde a exigencias populares en orden a garantizarse votos o aprobación, pero sin avanzar en una tarea ardua y constante que genere a las personas los recursos para su propio desarrollo, para que puedan sostener su vida con su esfuerzo y su creatividad” (n. 161). Ganarse el favor y los votos repartiendo subvenciones no es solución: “Ayudar a los pobres con dinero debe ser siempre una solución provisoria para resolver urgencias. El gran objetivo debería ser siempre permitirles una vida digna a través del trabajo” (n. 162).

Por su parte, el liberalismo individualista tiende a despreciar la categoría de pueblo –con los vínculos comunitarios que implica–, porque ve la sociedad como “una mera suma de intereses que coexisten” (n. 163). Así, la fraternidad se desdibuja en las “visiones liberales que ignoran este factor de la fragilidad humana, e imaginan un mundo que responde a un determinado orden que por sí solo podría asegurar el futuro y la solución de todos los problemas” (n. 167).

Pero “el mercado solo no resuelve todo, aunque otra vez nos quieran hacer creer este dogma de fe neoliberal”. Hace falta una “política económica activa”, a fin de “promover una economía que favorezca la diversidad productiva y la creatividad empresarial”, en vez de la especulación financiera. Además, “sin formas internas de solidaridad y de confianza recíproca, el mercado no puede cumplir plenamente su propia función económica” (n. 168).

La nobleza de la política

Francisco es consciente de la mala fama que en muchos países tiene la política, e insiste en una llamada a rehabilitarla, pues “es una altísima vocación, es una de las formas más preciosas de la caridad, porque busca el bien común” (n. 180). “La política es más noble que la apariencia, que el marketing, que distintas formas de maquillaje mediático” (n. 197). “El político es un hacedor, un constructor con grandes objetivos, con mirada amplia, realista y pragmática, aún más allá de su propio país” (n. 188).

Para Francisco, la política es operante: “Es caridad acompañar a una persona que sufre, y también es caridad todo lo que se realiza, aun sin tener contacto directo con esa persona, para modificar las condiciones sociales que provocan su sufrimiento. (…) Si alguien ayuda a otro con comida, el político le crea una fuente de trabajo, y ejercita un modo altísimo de la caridad que ennoblece su acción política” (n. 186).

La política es un trabajo generoso y paciente, que se dirige a metas altas más que a resultados inmediatos. “Los grandes objetivos soñados en las estrategias se logran parcialmente” (n. 195). El gobernante muestra una “gran nobleza” cuando es “capaz de desatar procesos cuyos frutos serán recogidos por otros, con la esperanza puesta en las fuerzas secretas del bien que se siembra” (n. 196).

“Entre la indiferencia egoísta y la protesta violenta, siempre hay una opción posible: el diálogo”

Francisco tiene también una concepción elevada de la negociación y el compromiso en política. Hay que saber suscitar la colaboración de otros, dar espacio a los diversos puntos de vista. El que gobierna “está llamado a renuncias que hagan posible el encuentro, y busca la confluencia al menos en algunos temas”. Eso es más que una conciliación de intereses: “Es un intercambio de ofrendas en favor del bien común. Parece una utopía ingenua, pero no podemos renunciar a este altísimo objetivo” (n. 190).

Diálogo en busca de la verdad

Esta forma de buscar el entendimiento se amplía en el cap. VI (“Diálogo y amistad social”) a todo el ámbito de la vida social. “Entre la indiferencia egoísta y la protesta violenta, siempre hay una opción posible: el diálogo” (n. 199). La pena es que “la resonante difusión de hechos y reclamos en los medios, en realidad suele cerrar las posibilidades del diálogo, porque permite que cada uno mantenga intocables y sin matices sus ideas, intereses y opciones con la excusa de los errores ajenos”. Así, “prima la costumbre de descalificar rápidamente al adversario, aplicándole epítetos humillantes, en lugar de enfrentar un diálogo abierto y respetuoso”. Y semejante táctica, “habitual en el contexto mediático de una campaña política, se ha generalizado de tal manera que todos lo utilizan cotidianamente” (n. 201).

Frente a eso, el Papa invita a todos a recuperar la amabilidad. “El cultivo de la amabilidad no es un detalle menor ni una actitud superficial o burguesa. Puesto que supone valoración y respeto, cuando se hace cultura en una sociedad transfigura profundamente el estilo de vida, las relaciones sociales, el modo de debatir y de confrontar ideas. Facilita la búsqueda de consensos y abre caminos donde la exasperación destruye todos los puentes” (n. 224).

“La inteligencia humana puede ir más allá de las conveniencias del momento y captar algunas verdades que no cambian, que eran verdad antes de nosotros y lo serán siempre”

Ahora bien, el diálogo auténtico no es cuestión solo de buenos modales: es necesario que esté presidido por la busca sincera de la verdad. El Papa insiste en que, si se renuncia a la verdad, se da la primacía a la fuerza. Por eso advierte: “El relativismo no es la solución. Envuelto detrás de una supuesta tolerancia, termina facilitando que los valores morales sean interpretados por los poderosos según las conveniencias del momento” (n. 206). A propósito de esto, Francisco cita la encíclica Veritatis splendor (n. 96) de Juan Pablo II: “No hay ninguna diferencia entre ser el dueño del mundo o el último de los miserables de la tierra: ante las exigencias morales somos todos absolutamente iguales” (n. 209).

Valores morales permanentes

La verdad no se reduce a hechos. “Es ante todo la búsqueda de los fundamentos más sólidos que están detrás de nuestras opciones y también de nuestras leyes. Esto supone aceptar que la inteligencia humana puede ir más allá de las conveniencias del momento y captar algunas verdades que no cambian, que eran verdad antes de nosotros y lo serán siempre. Indagando la naturaleza humana, la razón descubre valores que son universales, porque derivan de ella” (n. 208).

En cambio, si la ética y la política se asimilan a la física, “no existen el bien y el mal en sí, sino solamente un cálculo de ventajas y desventajas”. En tales condiciones, no hay verdadero diálogo, sino “un consenso superficial y negociador” que lleva a la degradación a base de “nivelar hacia abajo” (n. 210). Ante eso, Francisco subraya que el diálogo está para descubrir la verdad, no para crearla. “En la realidad misma del ser humano y de la sociedad, en su naturaleza íntima, hay una serie de estructuras básicas que sostienen su desarrollo y su supervivencia. De allí se derivan determinadas exigencias que pueden ser descubiertas gracias al diálogo, si bien no son estrictamente fabricadas por el consenso”. Por tanto, “no es necesario contraponer la conveniencia social, el consenso y la realidad de una verdad objetiva”: los tres elementos “pueden unirse armoniosamente cuando, a través del diálogo, las personas se atreven a llegar hasta el fondo de una cuestión” (n. 212).

La permanencia de los valores morales, fundada en la naturaleza humana, anota el Papa, “no establece un fijismo ético ni da lugar a la imposición de algún sistema moral, puesto que los principios morales elementales y universalmente válidos pueden dar lugar a diversas normativas prácticas” (n. 214). De ahí que siempre haya espacio para el diálogo.

Trabajar por la paz

“La paz social es trabajosa, artesanal”, dice Francisco hacia el final del cap. VI. Esto se aplica al tema del cap. VII (“Caminos de reencuentro”), sobre la memoria histórica, la reconciliación y el perdón.

Para hacer justicia y restañar las heridas del pasado, hace falta un trabajo paciente por la paz, que ponga en el centro a las víctimas pero no busque venganza; condición para ello es que se reconozca la verdad (n. 226).

A la vez, perdonar no es dejar pasar: es necesario impedir que los agresores vuelvan a hacer daño (n. 241). Y hay que saber que el perdón es libre: ni depende de que el ofensor se arrepienta, ni puede ser impuesto a la víctima (n. 246).

Perdonar es no dejarse dominar por el mal, renunciar a la venganza; pero no es olvidar (n. 251). Con los crímenes pasados no basta “pasar página”: hay que conservar la memoria de los horrores, y no solo los de una parte (n. 253); y también es necesario recordar a aquellos que resistieron al mal (n. 249).

En el mismo capítulo, Francisco trata de la guerra y de la pena de muerte. Aunque subsiste el derecho a defenderse de una agresión militar con los mismos medios, señala que hoy está prácticamente excluido el caso de que un país pueda iniciar una “guerra justa”, por la desproporción de los daños que causan las armas y métodos actuales (n. 258).

Sobre la pena de muerte, recuerda lo que Juan Pablo II afirmó en la encíclica Evangelium vitae (n. 56) y fue recogido luego en el Catecismo de la Iglesia católica. “No es posible pensar en una marcha atrás con respecto a esta postura –dice Francisco–. Hoy decimos con claridad que ‘la pena de muerte es inadmisible’ y la Iglesia se compromete con determinación para proponer que sea abolida en todo el mundo” (n. 263). También anota que “la cadena perpetua es una pena de muerte oculta” (n. 268), al excluir la posibilidad de rehabilitación.

La religión no es violenta

El cap. VIII y último (“Las religiones al servicio de la fraternidad en el mundo”) alienta al entendimiento entre los creyentes, pero –como advirtió con respecto a la busca del consenso social– precisa que el diálogo interreligioso no es sincretismo (n. 282). Como todos han de poder mantener y ver respetadas sus propias convicciones, es imprescindible la libertad religiosa efectiva: “Los cristianos pedimos que, en los países donde somos minoría, se nos garantice la libertad, así como nosotros la favorecemos para quienes no son cristianos allí donde ellos son minoría” (n. 279).

Finalmente, la encíclica remite al Documento de Abu Dabi, para reiterar que las religiones no incitan a la violencia ni la justifican. Quienes invocan la fe para agredir a otros se desvían de las enseñanzas religiosas, y las interpretan torcidamente en favor de fines espurios.

Artículo en: https://www.aceprensa.com/religion/papa-francisco/fratelli-tutti-un-elevado-concepto-de-la-solidaridad-y-de-la-politica/?utm

 

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

Lo más leído