Haciendo actual el futuro del transporte 

Por Javier Pardo de Santayana

(Dibujo conceptual del interior de Hyperloop)

No deja de ser curioso que, mientras la humanidad nos muestra un futuro de mascarillas tan igualadoras como incomodas sin saber muy bien qué hacer sino limitar la acción de un virus invisible sobre una realidad que le supera, al mismo tiempo encuentra un panorama de futuros exigentes que la retan haciéndola soñar con la explotación de sus posibilidades más prometedoras. Con lo cual llega a plantearse si no convendría soñar un poco menos y profundizar más bien en la atención a aquellos problemas acuciantes que aún tienen que ver con la esencial y simple defensa de la vida.

Lo digo porque hoy mismo supe del éxito que ha acompañado a una aventura que de culminarse podría suponer un gran paso adelante en un sistema que, como el de transporte, ya experimentó muchos avances en cuanto a los medios y sus posibilidades, mas que, por lo que se ve, aun quiere perfeccionarse con nuevas aventuras.

En este caso se trata de un sistema que acercará más todavía puntos distantes del planeta al permitir la posibilidad de desplazarse a ras de tierra a velocidades impensadas sin necesidad de recurrir a la aeronáutica; es más, incluso superándola. El nombre del proyecto es “Hyperloop”,  y la última noticia de sus éxitos nos llega acompañada de un detalle especialmente significativo para nosotros españoles, y es que en su desarrollo  participa activamente una universidad valenciana: la Politécnica. Y nuestra aportación está basada en el apoyo del grupo de 30 estudiantes de la universidad citada, que en su día – en la fase de selección de propuestas más exactamente, se destacaron como vencedores.

Pero el proyecto, que al parecer se inspira en las iniciativas de Elon Musk, había previsto en sus comienzos un papel aún más lucido para España. En efecto, lo previsto inicialmente era realizar las pruebas necesarias para el desarrollo del proyecto en Antequera, es decir, en la cercanía de Málaga, mas nuestro gobierno acabó por descolgarse y decidió no aportar ayuda pública, con lo que se perdió, no sólo la ocasión de concedernos un puesto de mayor relevancia en el futuro, sino también 250 puestos de trabajo, importantes en estos tiempos de penuria. Así que nuestra participación será de ahora en adelante, según veo, la que puedan aportar las consideraciones de los treinta estudiantes que ya en la fase de selección aportaron las mejores ideas relativas al concepto y diseño del sistema de propulsión del nuevo invento.

Mas la noticia es ahora un hecho de por sí notable; el esperanzador éxito alcanzado por las pruebas realizadas, pues, en efecto, el nuevo sistema ha permitido alcanzar sin mayores problemas los 170 kilómetros por hora: primer avance significativo en el camino de llegar a los más de 1000 previstos y que, según se espera, debe permitir viajar

por tierra de Algeciras a la de Hamburgo, tras un viaje de tan solo tres horas. Y esto es solo un ejemplo. En este caso Las Vegas fue el testigo.

Parece ser que el truco consiste en eliminar las resistencias y fricciones por naturales que éstas sean – incluidas las propias de la atmósfera – para que llegue a “levitar” el elemento que transporta a los viajeros o a la carga. Lo que según pude entender intenta conseguirse mediante unos tubos de vacío por los que, aceleradas por sucesivos propulsores, avanzan las cápsulas viajeras que se deslizan sin tocar el suelo. Algo parecido a este sistema “de levitación magnética” existe ya, según parece, entre la ciudad y el aeropuerto de Shangai.

Como puede ver mi improbable lector, llamo la atención una vez más acerca del escaso interés que muestra el hombre de hoy, por lo menos aquí, en esta España sorprendente, en relación con los avances tecnológicos, así como de la tranquilidad con que se asumen como si ya los conociera de toda la vida. O sea, que ni se alegra ni se asombra; solo se beneficia de ellos sin mayor problema como si los hubiera parido o formaran parte del paisaje.

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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