Ojo con las advertencias

Por Javier Pardo de Santayana

(Niños. Acuarela de Susana Baldis en Hispacuarela de Facebook.)

No es esta la primera vez que abordo un tema relacionado con la mala educación de nuestros jóvenes, y no me refiero solamente a su expresión externa sino a aspectos de fondo. Pues bien, un buen ejemplo de estos al que los mayores contribuimos indirectamente es la mención recordatoria de que los medios de comunicación están sujetos a una especie de “horario infantil” que comprende a la mayor parte del día y corresponde a aquellas horas en las que  los medios han de cuidar sus expresiones y evitar cualquier palabra o expresión improcedente.

Y la razón es evidente, pues quienes se ven llamados a cuidar las buenas formas evitando la pronunciación de cualquier taco o simplemente hablando abiertamente de determinados temas están en realidad contribuyendo a todo lo contrario: esto es, a que las generaciones nuevas adquieran la idea de que cuando sean mayores podrán hacer sin el menor reproche todo cuanto hoy se las está negando. Así que no faltarán niños que esperen ansiosos el momento de llegar a jovencitos para poder hacer todas aquellas cosas que hoy se les presentan como prohibiciones. Así que tenderán a estar pendientes de que les llegue el cumpleaños.

Sabido es que el ser humano suele valorar más lo que no tiene que aquello de lo que ya disfruta, y que todo lo desconocido ejerce una gran fuerza de atracción para cualquiera, por lo cual es de suponer que la simple mención de que existe algo prohibido provoque el interés por conocerlo, y con mayor razón aún si se les muestra haciendo suponer que detrás de ello existe una razón que les concierne.

Así que, sin darse siquiera cuenta de ello, ese misterio relacionado con el conocimiento de este mundo en que vivimos induce la suposición de que hay una cuestión realmente interesante que deberán saber cuando ya sean mayores para que se les reconozca la condición de ciudadanos, es decir, algo que forma parte de un futuro que en todo caso llegará algún día y les revelará cosas interesantes pero que “todavía” desconocen. No es de extrañar, por tanto que, llegada la hora, la mayoría de los muchachos intenten acceder a la posibilidad que les ofrecen de hacer determinadas cosas nuevas que les confirmen en el nuevo estatus que adquirieron, sin caer en la cuenta, de que, naturalmente, esmaltar la conversación con las llamadas “palabrotas” no añade virtud alguna a lo que dicen o a la personalidad de quien la emplea, sino que la empeora y la retrata como expresión impropia que corresponde a una inferior categoría  social e  intelectual.

Algo bastante parecido nos sucede si consideramos determinados temas cuyo tratamiento es excluido por temor a que escandalice a los más jóvenes y engendre en ellos un interés revelador de lo que se supone un mundo oscuro y misterioso. Un mundo que ellos se apresurarán a conocer para saciar una curiosidad alimentada precisamente por los medios tan pronto como alcancen la edad oficialmente establecida. Pero estas cosas, y muy especialmente las relacionadas con el sexo, complican las explicaciones de los padres al respecto y por consiguiente conviene que sean tratadas en foros ad hoc y no en el cuarto de estar de la familia sin haber sido planteadas en el seno de ésta. Así que es conveniente manejar el tema con cuidado y no favorecer el acceso a su total conocimiento a quienes en todo caso se hace difícil entenderlo en todo su sentido humano. Y esto si que es cuestión de buena educación en su sentido más profundo. Como ocurre igualmente, por ejemplo, con la posibilidad que ahora nos ofrecen los anuncios relacionados con la promoción del negocio del juego en los que la publicidad nos muestra unas imágenes que pretenden hacérnoslo deseable para añadir seguidamente la advertencia de que tan sólo deben responder al atractivo que se nos ofrece los mayores de edad y con acreditada “sensatez”, creando así el principio de que los “tentados” que reconozcan no poseer esa virtud supuesta responderán a tal peligro retirándose de forma voluntaria. “Juega con responsabilidad”, nos dicen simplemente, pues como es de suponer ni pasa por sus mentes el presentarnos un ejemplo del drama familiar de los que suelen producirse cuando el entusiasmo pretendido alcanza a una persona irresponsable o débil.

Quiero decir con todo esto que el soltar un taco o enredarse en la tentación que nos ofrece el juego – o hablar en público de ciertas cosas complicadas – no me parece ser cuestión que afecte simplemente a los horarios sino a  una buena o una mala educación.

 

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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