Hawái en tiempos de desgracia

Por Javier Pardo de Santayana

 

(Concurso “Papalabra” en Antena 3)

Para alguien que, burla burlando, se asoma ya casi a los noventa, la actualidad tras los primeros veinte de un nuevo siglo por el momento poco apetecible da pie para comparaciones casi siempre interesantes incluso en sus aspectos más aparentemente irrelevantes.

Sin ir más lejos, en este momento vienen a mi memoria esos concursos de la televisión que premian la victoria concediendo a quien la obtiene una suma interesante de dinero. Concursos que suelen comenzar con una pregunta dirigida por parte del presentador al concursante para saber en qué le gustaría gastarse el premio en caso de obtenerlo.

Pregunta de lo más obligatoria, ya que lo normal es suponer que la contestación correspondiente ha sido preparada de antemano por el ilusionado concursante, aunque, naturalmente no puede descartarse que en alguna ocasión no sea sincera y en consecuencia no llegue a responder exactamente a lo que verdaderamente desearía hacer con su dinero en caso de acierto o de victoria sino que responda más bien  una cierta preocupación por transmitir de sí una imagen que haga caer bien a quien la emite. Pero sea cual sea la realidad concreta, en teoría la respuesta debería tender a ser variada habida cuenta de que cada persona tendrá unos sueños y necesidades estrictamente propios: una realidad íntima y concreta tal como corresponde a un mundo variopinto de situaciones personales, familiares y sociales diferentes.

Y sin embargo, curiosamente no es así, de forma que a priori lo más probable – o mejor, lo que es casi más seguro – es que el sueño que desearían realizar en caso de victoria sea un viaje. En efecto, un viaje y no el deseo de mejorar de casa, saldar sus deudas o ayudar a sus padres. O casarse, por sólo poner unos ejemplos de toda la vida. No algo relacionado con sus carencias principales, sino un viaje a alguna parte.

Naturalmente, ante tal elección a uno se le ocurre que no habrá tanta gente sin trabajo o sin dinero suficiente para pagarse una carrera; que la cosa no debe estar tan fastidiada como desgraciadamente suponemos. En fin, que pese a todo, la mayoría de los jóvenes y no tan jóvenes no deben carecer de las necesidades básicas por cuanto se permiten despreciar las posibilidades de mitigar o superar una circunstancia personal indeseable o las limitaciones de un devenir poco halagüeño, puesto que ponen su ilusión en algo que es cercano al lujo. Porque conviene señalar que aquel viaje de sus sueños rara vez se sitúa como en otro tiempo en Roma, Londres o París, sino en Hawái, Tailandia o Tokio, por ejemplo. Y en Europa a conocer Finlandia o Noruega, aunque se pase frío. Es decir, preferencias que se nos revelan nada menos que ante un futuro de dificultades y miserias bien poco favorables: cuando precisamente nos anuncian que las posibilidades de encontrar trabajo se reducirán a niveles imposibles al tiempo que se nos amenaza con un virus mortal que se propaga a una velocidad vertiginosa afectando a millones de personas. Circunstancias históricas que más bien parecen requerir más realismo y menos sueños imposibles; cuando lo primordial es simplemente asegurarse la existencia.

O sea, que lo que parece estarnos ocurriendo, y que de tan contradictorio modo se refleja en el hecho de reaccionar de aquella manera ante la posibilidad de acierto en un concurso, bien puede tener su explicación precisamente en una desesperada falta de esperanza ante la realidad que nos supera. Una realidad que, como acabamos de explicar en esta sencilla reflexión sobre la preferencias  que revelan nuestros jóvenes y no tan jóvenes a la hora de sacar provecho de unos premios, parece revelar que nuestros compatriotas, faltos de confianza en un futuro que les pudiera ofrecer experiencias más prácticas, se refugian aunque tan sólo sea cosa de unos días en la ingenua posibilidad de huir de una realidad incómoda viviendo brevemente la ilusión de un mundo diferente que poco tenga que ver con el que es suyo.

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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