Ojo con la saturación informativa

Por Javier Pardo de Santayana

(Viñeta de Ramón en El Norte de Castilla el pasado 26.01)

Empezamos ya el día saturados de palabras cuando saltamos de la cama tras de oír una sarta de pitidos que nos avisan de la llegada de mensajes al móvil casi coincidentes con el encendido de la radio y el programa de Carlos Herrera despertándonos. Los primeros nos alertan de los mensajes llegados con noticias de amigos y familiares que nos muestran, por ejemplo, la fotografía de la tortilla que nuestro hijo se preparó para la cena, un saludo espiritual de nuestro párroco, una frase intencionada de un amigo, o la noticia de que los viajeros llegaron sin problemas al destino. O la llegada de un whatsapp apasionado poniendo a parir a nuestros  gobernantes.  O una curiosidad que nos ofrece el petulante “influencer” de servicio.

En cuanto al programa radiofónico, éste conectará casi seguro con la horrorosa realidad política, y escucharemos la opinión de los comentaristas acerca de la actualidad de la jornada y emitiendo su juicio sobre los actores y sobre el carácter mismo de los hechos. Así, sin danos todavía tiempo para meternos en faena nos encontraremos inmersos en un enorme torbellino de palabras que nos describirán pensamientos, opiniones e intenciones. Y no será infrecuente que algún mensaje solicite nuestro apoyo para participar en las protestas que deberemos secundar con nuestra aportación económica y moral. Todo esto cuando estamos aún saliendo de las brumas del sueño y nos es casi imposible el esfuerzo de ordenar nuestras ideas.

También nos caerán encima los anuncios cotidianos que intentarán convencernos de las muchas ventajas y virtudes que se ofrecen. Pero que no sólo se nos presentarán a un ritmo vertiginoso y, como quien dice, disfrazados buscando efectos indirectos en la voluntad de los oyentes, sino que lo harán sin que se sepa apenas cuándo termina uno y cuándo empieza el otro, y por supuesto intercalando alguna expresión norteamericana, mostrando así su deficiente conocimiento del inglés, pero con la intención de transmitirnos la impresión de un superior refinamiento de aquello que se pone en venta, con lo cual parecen indicar que el castellano de Cervantes es poco menos que cosa de catetos.

Así que al iniciarse la mañana, y antes de que nos incorporemos a una exigente vida activa que viviremos a un ritmo trepidante, ya tenemos encima un abundante volumen de trabajo: el que requerirá responder a los mensajes recibidos poniendo en ello nuestra opinión y nuestra huella, e incorporar el conjunto de datos, opiniones, ideas y vivencias al conjunto de nuestro acervo personal, ya que en este trance iremos revelando nuestro estado de ánimo al tiempo que influyendo en el ambiente.

Quiero decir con esto que nuestro amanecer de cada día no será para nosotros un impoluto espacio en blanco como solía ser en nuestros años jóvenes, sino un cajón de sastre en el que para no volvernos locos tendremos que poner en orden toda una acumulación de datos, ideas y recuerdos llegados en tropel a nuestra vida para, a partir de ahí, intentar entender lo que sucede y actuar también en consecuencia.

Un panorama, en suma, que puede acabar haciendo de nosotros las inocentes víctimas de un exceso informativo que habrá que superar para elevarnos y no perder la perspectiva que nos haga medianamente sabios. Pues el peligro existe de responder como borregos a la manipulación de cualquier grupo de políticos para el que el desideratum consiste en derribar una cultura y una tradición de muchos siglos e imponer sus destructivos criterios ideológicos elaborados en despachos y mítines.

Una maniobra que desprecia nuestra propia historia e incluso la experiencia acumulada, por no decir la lógica, para imponer un suicidio colectivo basado en fórmulas desprestigiadas por los eventos del casi recién pasado siglo veinte.

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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