Por Javier Pardo de Santayana

(Viñeta de Ramón en el Norte de Castilla el pasado 12 de febrero)
Ya hemos hablado aquí del caos reinante y de algunas de sus expresiones. También nos habremos referido, estoy seguro, a la ruptura de la normalidad y la rutina a manos del famoso virus, llegado de sopetón y propagado por los cinco continentes con la rapidez del rayo. Y hemos tenido ocasión de comprobar como esta realidad desconcertante ha coincidido con otra enfermedad no menos dañina: la extensión de un populismo de baja estofa de la más baja estofa y vocación comunista que también parece haber prendido con virulencia en los espíritus.
Respecto del grado de penetración y de influencia de esta combinación de desgraciadas circunstancias no parece necesario abrir los ojos, puesto que es ya tan evidente que todos lo experimentamos día a día en nuestras propias carnes. Lo curioso es que parece habernos inducido un acusado efecto hipnótico que nos atenaza y priva de discernimiento, y lo ha hecho de tal guisa que, en lugar de reaccionar activamente, lo hacemos como si no hubiera ya respuesta posible ante tanto y tan tremendo desvarío.
Y es que el efecto es envolvente. No sólo nos encontramos gobernados por quienes aprovechan la desgracia para hacernos tragar sin rechistar determinadas teorías comunistas que a estas alturas deberían producirnos un visceral rechazo, sino que nosotros mismos adoptamos actitudes de derrota renunciando a reaccionar como ciudadanos que somos de una sociedad que llegó a auto considerase como del “bienestar”; que hasta tal punto salimos de la llamada Guerra Fría que llegamos a creernos en camino de la “sociedad perfecta”.
Mi improbable lector se habrá dado ya cuenta – estoy seguro – de que el ambiente en que hoy vivimos favorece la perdida de la razón en todos los aspectos, lo cual incluye el simple bienestar de nuestra gente, cuyo “estar” es hoy sencillamente incómodo. Incluso el ver y el respirar resulta complicado:, porque las gafas se nos empañan y olemos nuestro propio aliento al respirar, haciéndonos así sentirnos torpes si no inútiles, mientras que aquellas manos que nos ayudaron siempre a “hacer” se nos antojan ahora torpes e incapaces. Y qué decir de “los demás”, aquellos que otrora solían ayudarnos e incluso a veces nos sacaban las castañas del fuego, y ahora quisiéramos ver alejados de nosotros para evitar que nos contagien.
El resultado es que todo – absolutamente todo – se muestra perturbado y desvirtuado a nuestra vista y como pendiente de ser modificado para sacarlo de su realidad, cualquiera que esta sea. Hasta el discurso lógico se ve desvirtuado y nos parece inútil mientras se nos plantean cuestiones esenciales. Así las rutinas en que descansaba una vida relativamente apacible perderían su eficacia y pasarían a convertirse en trastos viejos: he aquí el mejor ejemplo de lo que es la devastación de una cultura otrora interesante y creativa y hoy convertida en chatarra de desguace.
En estos cambios esenciales hemos llegado, al parecer, al punto de inmersión en lo banal, es decir, en esas cosas cuya trascendencia a veces despreciamos pero que con gran frecuencia repercuten eficazmente en la ciudadanía contribuyendo en muchos casos a crear el ambiente en que vivimos, Ahí tenemos, sin ir más lejos, el omnipresente fútbol animador de masas y fortunas: personalmente he de reconocer que me siento perdido ante el panorama que ahora nos ofrece.
Veo que la competición sigue adelante, pero lo hace de forma tan caótica que no llego a enterarme ni siquiera de cómo va la cosa. Leo las noticias y veo todo mezclado: “Liga Santander” y “Liga Smarbank” junto a “Primera Iberdrola” y “Segunda División B Grupo 1” y Subgrupos A y B. Pero también Segunda División B Gupos II Y III con sendos Subgrupos A y B…
Y para mayor confusión compruebo que nos dicen que un determinado club que va en cabeza lleva además jugados “tres partidos menos” (!) Y no sé cuantas competiciones nacionales e internacionales se juegan simultáneamente- ya se sabe, sin público asistente – y además a todas horas, de forma que habrá paridos a las más intempestivas, mientas se da el curioso caso de que un equipo español jugará “en casa” para lo cual tendrá que desplazarse a Bucarest. Y los partidos estarán en vilo hasta el último minuto temiendo que los equipos están o no tocados por un positivo en la prueba del virus.
Así que por primera vez llego a perderme incluso leyendo la sección “Deportes”.