Los lunes, revista de prensa y red

“La Copa del Rey”, de Antonio Burgos, “Madrid is different”, de Luis Herrero, y “No tendrás ni piso ni cocina, pero salvarás la Tierra”, de Pedro Fernández Barbadillo

(Viñeta de Ramón en El Norte de Castilla el pasado día 4)

LA COPA DEL REY

Artículo de Antonio Burgos publicado en ABC el pasado día 7

Siempre me he preguntado por qué tanta pasión en jugar, y a ser posible ganar, la Copa de Fútbol de Su Majestad el Rey aquellos clubes que pertenecen e incluso son símbolo de regiones cuyos políticos se declaran abiertamente republicanos, quieren abolir la institución constitucional de la Monarquía y desprecian e insultan al Monarca en cada ocasión que pueden. Si están contra el Rey y contra la Corona, ¿por qué tanta pasión en jugar los partidos de la Copa que lleva su nombre? El caso es especialmente llamativo en el Barcelona, que, efectivamente, es más que un club: es la terminal deportiva del separatismo catalán. Bueno, pues bofetadas se dan por ganar la Copa del Rey, precisamente del Rey.

Y como esa Copa ha de cargarla el diablo, rara es la final en que no juegue, con todo mérito deportivo por descontado, un club de Cataluña o de las Vascongadas, de las regiones cuyos políticos proclaman por su cuenta a cada paso la República Catalana o la República de Euskadi. Y no hay excepción: en estas finales de Copa entre clubes de esas regiones, la interpretación inicial de la Marcha Real, o sea, del Himno Constitucional de España, es la ocasión para los abucheos y silbidos a cuanto significa de símbolo patrio esa música sin letra, que acallar suelen esas señales de protesta del público partidario de cada contendiente. En una ocasión en que el Rey presidía un partido del Barcelona, hasta silbatos comprados por el club se repartieron a la entrada, para que se silbara al Monarca y al himno nacional, pitada que en la retransmisión televisada no acalló con la subida de volumen de la música de la antigua Marcha Granadera.

Por eso el otro día me encantó la final de la Copa del Rey en ese derroche innecesario de dinero público que es el estadio de La Cartuja de Sevilla. Se enfrentaban nada menos que dos símbolos futbolísticos de las Vascongadas, de Guipúzcoa el uno, de Vizcaya el otro: la Real Sociedad de San Sebastián y el Athletic de Bilbao. Por cierto, ¿cómo es que el club de San Sebastián luce contradictoriamente el título de «Real», cuando en sus praxis está contra la Corona? E incluso muchos de los que quieren abolir la Monarquía lo conocen incoherentemente como «la Real» a secas. Me parece cuanto menos irreal.

Jugando la final la Real Sociedad y el Athletic, en circunstancias normales, la interpretación de la Marcha Real hubiera sido un estruendo de protesta contra cuanto representa. Nada más lejos de cuanto aconteció. Sonó el himno, presidió Don Felipe VI el palco y fue escuchado con el máximo respeto por los dos equipos formados en el centro del campo. Ni un solo silbido, ni un solo abucheo, ni una sola pitada al Rey. ¿Razón? Muy sencilla: no había público. Situación que volverá a repetirse el 17 de abril, con la final de Copa de este año, entre otras dos terminales del separatismo: el Barcelona y el Athletic, también en La Cartuja y sin público. Con lo cual estoy por pedir que la final de la Copa del Rey se juegue siempre en La Cartuja. Y sin público. Artículo en: http://www.antonioburgos.com/abc/2021/04/re040721.html

MADRID IS DIFFERENT

Artículo de Luis Herrero publicado en Libertad Digital el pasado día 4

En la encuesta que publicó el sábado La Razón sobre la intención de voto en Cataluña hay un dato demoledor: Ciudadanos está a una sola décima de convertirse, en su lugar de nacimiento, en un partido extraparlamentario. Si dentro de dos meses hubiera que repetir las elecciones por falta de acuerdo entre las tribus independentistas, lo más probable es que la lista de Carrizosa, o de quien le tomara el relevo, se quedara fuera del Parlament. El vértigo que produce esa caída, teniendo en cuenta que hace solo cuatro años llegó a ser la fuerza más votada de la región, da idea de lo profunda que es la crisis en la que Inés Arrimadas ha metido a los suyos. De una cima si no se sale con vida.

No tengo ninguna duda, por lo demás, de que ese augurio demoscópico no es más que el anticipo de lo que va a pasar en Madrid. Si en Cataluña su intención de voto es del 3,1 %, ¿por qué debería superar la barrera del 5 % en un lugar donde los otros dos miembros del bloque de la derecha son mucho más fuertes que el? Es una pena que el partido que desacomplejó la batalla contra el separatismo catalán, que le plantó cara cuando otros se ponían de perfil, que trasladó al resto de España la esperanza de no tener que seguir dependiendo de chantajes nacionalistas, y que incluso llegó a ser favorito para ganar las elecciones generales, haya acabado de esta manera súbita y desesperada. Pero la pena no cambiar la realidad. Ciudadanos ha muerto de una rápida enfermedad que empezó cuando Albert Rivera, obnubilado por el olor del laurel, se olvidó de su vocación de bisagra y jugó a ser presidente del gobierno. Estaba a un tiro de piedra del PP y no hizo nada para evitar un gobierno social comunista investido con la complicidad del independentismo catalán. Desde ese mismo instante dejó de ser útil y los votantes le dieron la espalda. Luego gestionó con torpeza las parcelas de poder que había conseguido, aprovechando su tirón en la época de vacas gordas, tras los pactos autonómicos con el PP. Nerviosa por el deterioro electoral del partido, Inés Arrimadas buscó la sombra de un PSOE que estaba deseoso de desplazarse hacia el centro y acabó por convencer a su electorado de que no era un socio de fiar. Lo de Murcia fue el acabose.

La política española, siempre bipolar, de inspiración cainita, maniquea y frentista, echará de menos al partido que pudo poner sordina a los desvaríos de las dos Españas, la roja y la azul, como hizo antes con el CDS o UPyD. Ciudadanos ha sido el tercer intento de buscar una implementación de carácter nacional a las mayorías relativas de gobierno. Y no será el último. Todo vacío tiende a llenarse antes o después. Pero entretanto volvemos a los duelos al sol. El bipartidismo ha dado lugar al bi-bloquismo, que es más de lo mismo, pero un poco peor: los apéndices de la izquierda y la derecha extreman el enfrentamiento clásico entre PSOE y PP. El equilibrio de fuerzas, sin embargo, no es el mismo en uno y otro lado. En su flanco, los socialistas no ven amenazada su hegemonía porque Podemos está a muchos pueblos de distancia y no deja de perder fuelle desde hace un lustro. Los populares, en cambio, sienten el aliento de Vox en la nuca. Los de Abascal siguen en fase creciente.

Pablo Casado ve en las elecciones de Madrid la gran oportunidad de cambiar la tendencia. Ayuso no solo absorbe más del 50 % de los votantes de ciudadanos (según la encuesta que publica El Mundo este domingo), sino el 34,5 % de los de Vox, que parece abocado no solo a aminorar su crecimiento, sino a caer un punto y medio respecto a las elecciones del 2019. La gran pregunta es si esa deriva se mantendrá más allá del 4 de mayo. El sondeo de La Razón sobre el voto en Cataluña indica que no. Ese es el segundo dato interesante del estudio. Es verdad que el PP crece más que Vox, porque recoge la mayor parte de los restos del naufragio de Ciudadanos, pero los de Abascal también incrementan su estimación electoral y siguen muy por delante —casi tres puntos— de los populares. Creer que Casado está en condiciones de reproducir en el conjunto de España los resultados de Ayuso no deja de ser, hoy por hoy, una lucubración insensata. Madrid is different. Eso es, al menos, lo que dicen los hígados de las ocas.

Artículo en: https://www.libertaddigital.com/opinion/luis-herrero/madrid-is-different-6741774/

NO TENDRÁS NI PISO NI COCINA, PERO SALVARÁS LA TIERRA

Artículo de Pedro Fernández Barbadillo publicado en Actuall el pasado día 7

Van a toda prisa los amos del mundo. Campañas para que comamos carne sintética y viajemos en tren nocturno en vez de en avión. Y también para presentarnos los pisos compartidos y sin cocina como lo último de lo último. Pobres, precarios y solitarios, pero sostenibles y empoderados.

El inglés es el antiguo azúcar con el que se endulzaban los jarabes amargos. Si un mindundi quiere aparentar más de lo que es, se hace escribir el cargo en inglés. Y cuando toca pagar la factura de un consultor (ay, el timo de la consultoría, ¡cuándo caerá!) si éste pone en el membrete que es Chief Research and Development Officer (CRDO, y no me lo he inventado) la factura descomunal se paga con menos disgusto, ¿verdad?

Los medios de intoxicación le han cambiado el nombre a compartir piso, esa experiencia que tenían millones de varones cuando existía la ‘mili’ y ahora le llaman ‘coliving’. Así lo presentó El Confidencial hace unos meses: “Los españoles se apuntan a vivir en ‘coliving’, el modelo residencial basado en alquilar una habitación y compartir áreas comunes entre personas con valores e intenciones similares”.

Las personas con valores e intenciones similares suelen ser compañeros de estudios o de trabajo o bien personas que cobran poco dinero y tienen que reducir gastos. “Modelo residencial.” Como si con el inglés desapareciesen los pelos ajenos en el lavabo y los platos sucios amontonados en la fregadera. No hagamos más comentarios y pasemos a la siguiente noticia.

Los medios de manipulación disimulan el empobrecimiento creciente disfrazándolo como tendencias con nombres en inglés

¿Cómo camuflar la precariedad y el encadenamiento de un empleo con otro? Con el neologismo ‘job hopping’. Que además no afecta sólo a profesores o enfermeras, sino también a “los perfiles laborales más demandados”. ¿Ves, Ana Belén Sánchez, de Talavera? Eres como un programador informático de Silicon Valley o un ‘coach’. Salvo en la nómina, pero todo es empezar. Pregúntate quién se ha llevado tu queso y corre, persigue tu sueño, sé tu propio jefe, trabaja para ti, el mundo te espera, emprende, vuela, inventa, adáptate, disfruta.

Pero mientras llega tu oportunidad y te compras una de esas casas que provocan emociones construida por la neuroarquitectura, o bien vives con tus padres, o bien lo haces con desconocidos en un piso realquilado. El País, el periódico favorito de los progres, los ricos y los dueños de ABC, ofrecía el domingo pasado una nueva tendencia de diseño para hacer tu vida menos miserable y frustrante: pisos sin cocina, o sea, la ‘nocina’.

Una redactora del diario progresista entrevistaba a una arquitecta catalana becaria de Harvard (¡de Harvard, mireusté!) para debatir sobre si las casas del futuro deberían prescindir de algo tan capitalista, machista, patriarcal y ultra como la cocina para sustituirla por comedores colectivos. Sin cocina propia, no te queda otra que salir y mezclarte con los vecinos, aunque no te apetezca. Así eliminas tu individualismo burgués y cristiano. Haces barrio. Por narices.

La precariedad se llama ‘jobhopping’ y el compartir piso con desconocidos ‘coliving’

Además, tienen “un componente de reivindicación de género”, ya que los suelen llevar mujeres (en estos casos sí está bien que ellas cocinen). Introducen la variedad alimenticia, reducen la generación de gases de efecto invernadero y hasta sirven para detectar ‘violencia de género’. En España los comedores colectivos se surtirían de los huertos urbanos de Carmena y Colau. Y así tampoco hace falta que salgamos, no ya de nuestra provincia de residencia, sino de nuestra ciudad. De esta manera, no se contamina, no sufre el planeta y Greta sonríe.

Otra ventaja de estas cocinas, nos dice la becaria, es que “sirven de radar social”. ¿Hay que ponérselo en mayúsculas, amigo lector? Me pregunto si la arquitecta catalana vive así o, como tantos arquitectos famosos, deja sus adefesios para los horteras ricos, mientras ellos se compran un caserón de piedra maciza que rehabilitan.

El futuro que nos ofrece el globalismo es como la vida en Leningrado en los 50: racionamiento, controles, pasaportes y chivatos

El Poder nos lleva hacia una vida espantosa, muy similar a la que podían tener los súbditos soviéticos en Leningrado en los años 50: cartilla de racionamiento, cocinas colectivas, permisos para salir al campo, controles de la Milicia, vecinos chivatos, pisos compartidos. Pero con estilo futurista, como La fuga de Logan y Blade Runner. Con Amazon y censura en Facebook.

¿Y cómo los poderosos consiguen que la generación más preparada de la historia, los wokes, los empoderados y las solas y borrachas no se rebelen, o al menos no protesten? Pues mediante la propaganda que, por un lado se dedica a la creación de enemigos del pueblo o del clima como los cazadores, los voxistas/trumpistas, los que se duchan a diario… y, por otro lado, envuelve con un lacito de la bandera LGTB la basura que nos quieren hacer tragar.

En la ‘nueva normalidad’, a vivir realquilado en un piso compartido, sin cocina y sin ascensor lo llaman modernidad. Y si quieres ganar más dinero, te apuntas como repartidor de Deliveroo. Quizás así hasta ligues, chaval, porque también se van a acabar la monogamia y el amor romántico. Es que los jóvenes os quejáis de todo. Y eso que hoy se es joven hasta los 45 años, aunque los directores de recursos humanos ya te pongan en la puerta a esa edad.

Artículo en: https://www.actuall.com/economia/no-tendras-ni-piso-ni-cocina-pero-salvaras-la-tierra/

 

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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