Por fin se atreven

Por Javier Pardo de Santayana

(Viñeta de Ramón en El Norte de Castilla el pasado día 21 de enero)

Sí, efectivamente, por fin todo el mundo parece haberse despertado, y la prueba es que he podido ya leer bastantes expresiones ajenas que se parecen a las mías en el sentido de mostrar hartazgo por la cursilería que salpica a nuestros próceres actuales cuando intentan adornar sus malas intenciones con rebuscados barbarismos que se han sacado de la manga.

“Resiliencia al empoderamiento” o “Por qué lo llaman “resiliencia” si quieren decir estulticia” pudieran ser dos buenos ejemplos de términos que merecieron convertirse en títulos de artículo en los que destacados columnistas españoles ridiculizan a quienes vienen manejando incluso pretenciosos términos ingleses para engañar al respetable. Y ahí tienen ustedes para el escarnio púbico, la “resiliencia» y el “apoderamiento” ya citados, junto a la “externalidad”, la “conectividad” o la “sostenibilidad”. Y tantas otras.

Y aún tropiezo con el título de otro certero artículo que ocupa nada menos que tres páginas del ABC y cuyo titular es – tomen ustedes nota – “La guerra de las palabras: Así consiguen los políticos que les hagas caso”, de cuya frase-resumen destaco literalmente la cita que hace referencia a “los estrategas, que cada vez tienen menos escrúpulos”.

Supongo que si usted pudo leer también estos artículos habrá reaccionado carcajeándose al constatar que no fuimos los únicos en resaltar la ridiculez de quienes todavía pretenden hacer colar su ineptitud o sus aviesas intenciones sin que se note demasiado; algo que ya venían haciendo con frecuencia mas que hasta ahora quedó a salvo de la crítica gracias a darse por supuesto que la mayoría de los españoles somos tontos y nos tomamos en serio sus mentiras.

“Intentan engañarnos con palabrejas de nuevo cuño procedentes del inglés, visto que ya no pueden hacerlo con las usuales”, leo en uno de los varios y enjundiosos artículos a los que me vengo refiriendo. Y tengo la impresión – dice su autor – de que la situación actual es parecida a la de aquella historia de “El emperador está desnudo” que todos conocemos. Truco infantil aquella historia del famoso niño que ingenuamente descubría una verdad que no reconocían sus mayores, temerosos incluso de hacer ver la evidencia, a la manera de lo que parecen hacer nuestros políticos actuales al utilizar mejor palabras revestidas de señuelos novedosos para que al no mediar el reconocimiento de la falsedad más retorcida nos traguemos carros y carretas.

Y doble desconsideración, por tanto, hacia nosotros, los desgraciados ciudadanos y votantes, que vemos despreciar incluso nuestro bello y contundente idioma sin que las instituciones más nombradas reaccionen – léase Real Academia de la Lengua por ejemplo. Como tampoco parecen reaccionar eficazmente nuestros intelectuales y nuestra mucha gente bien formada contra el mal gusto de ese espíritu cateto que sucumbe a la dudosa atracción de lo que simplemente suena a “novedoso”. Se diría, incluso que toman por ignorante a la inmensa mayoría de nuestros deslumbrados compatriotas, y en consecuencia pretenden seducirnos con palabras que al sonar a más cultas que las nuestras ayudan a que nos traguemos lo que ellos quisieran colarnos de matute.

Y así tienen ahí, tal como nos han empezado a recordar varios de los comentaristas españoles más influyentes y notables, varios ejemplos de estas andanadas de mejor criterio a las que me vengo refiriendo en este artículo y que por fin ponen ya al desnudo los tortuosos manejos con intención de engaño que aprovechan la desidia de quienes no osan salir al paso del destrozo causado.

Pero, como todo en la vida, hasta el desastre actual tiene su lado bueno, que en este caso es el efecto de rebote gracias al cual, una vez descubierto el torpe amaño de expresiones vacías bajo una apariencia de cosa trascendente, la intención de despistarnos acaba por volverse en contra de quienes la urdieron, hasta el punto de convertir sus manipuladas expresiones en un ridículo lenguaje cómico. Para lo cual basta con una frase tan sencilla como la que revelaba que el emperador iba desnudo, pero con la tranquilizadora diferencia de que empieza a haber ya bastante gente que se atreve hasta a ponerlo por escrito.

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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