Superando la huella del coronavirus

Por Javier Pardo de Santayana

(Viñeta de Sansón en El Norte de Castilla el pasado día 7 de abril)

Supongo que a estas alturas ya habrá un buen número de gente que estará dando vueltas a los cambios que se acumularán en nuestras vidas como consecuencia del paso del coronavirus. Claro que nuestros muñidores oficiales se adelantaron a engañarnos con aquello de que estábamos entrando en lo que bautizaron “nueva normalidad” como si fuéramos tontos y no nos diéramos cuenta de que por el momento seguiremos en una fase transitoria en la que todo permanecerá patas arriba incluso aunque no falte la esperanza porque tontos debemos ser bastantes, pues la cosa encajó y algunos ya utilizan esa expresión sin inmutarse.

Por de pronto, parece que las mascarillas se quedarán a tiempo parcial entre nosotros para hacer uso de ellas cuando se juzgue necesario a la manera de los chinos de siempre, o sea cuando haya gripe o cualquier otra enfermedad repetitiva. Y sin embargo, las mujeres las echarán de menos recordando cómo favorecían la mirada al enmarcar y así mejor lucir sus ojos. Cosa distinta será el recuerdo de los hombres, que constatarán cómo las gomas que sujetaron el bozal a la cabeza estaban ya en camino de dejarles unas horribles orejas de soplillo, con lo cual nada me extrañaría que se extendiese una moda masculina que incluyera alguna suerte de melena.

Otro efecto que probablemente quede será cierto temor a la cercanía del prójimo en sus múltiples facetas, comenzando por la respiración, operación que nos obliga a introducir en los pulmones y la boca un aire previamente utilizado por personas ajenas o desconocidas. Y no digamos el peligro que entrañan los alambicados besos en la boca que ahora tanto prodigan en primer plano los artistas, por lo cual será probable que acaben por prohibirlos totalmente tal como yo imaginé en aquel relato que escribí en octubre del año 2001 y al que di el título de “El virus”. Y, por supuesto, se habrá producido un nuevo y voluntario desatino contra nuestro bello idioma incorporando sin piedad nuevas palabras recién pergeñadas – y a ser posible en el idioma inglés – que respondan a nuestra pasión incontrolada por lo extranjero o novedoso.

Otra cosa que sufrirá bastantes cambios será el grado y la modalidad de empleo de los medios que hoy se consideran disponibles para fomentar el aislamiento en los terrenos del estudio y el trabajo. Medios que gracias al famoso virus se han popularizado y puesto a prueba intensamente, quemando etapas en los procesos de su aprovechamiento para un trabajo a distancia que evite los contactos. Ni qué decir tiene que las repercusiones de este hecho reseñable deben poner patas arriba los sistemas actuales respectivos. En tal sentido será preciso resaltar cumplidamente la inmersión de los más jóvenes en la forma de desenvolverse con eficacia y con seguridad en una sociedad sobrecargada de nuevos medios tecnológicos. Habrá, por tanto, que reunir cerebros escogidos para determinar los modos y maneras que sustituirán a los antiguos, puesto que las nuevas circunstancias han propiciado una aceleración brutal de unos procesos que ya urgirán su puesta al día. Y por de pronto, los primeros en dar el salto en el vacío y adaptarse fueron los niños de colegio, expertos en un mundo de avances disparados que alcanza ya todos los niveles.

Muchos serán, por consiguiente, los problemas que habrá que resolver, aún suponiendo, tal como se espera, que la conmoción provocada por el virus que hoy nos aflige acabe siendo superada por la ciencia dentro de plazos que parecen vislumbrarse, ya que todavía queda un largo trecho por recorrer antes de que podamos referirnos al retorno, no ya a la situación de inicio – esa “nueva normalidad” que pretendieron colarnos de matute – sino aquélla en la que definitivamente se estabilice lo que será la situación futura.

El quid de toda esta cuestión de superar la huella del coronavirus será ver si sabemos superar el trance sin renunciar a una cultura y un pasado que son nuestros. Es decir, si aprovechamos el legado de una sociedad del bienestar que prometía, o si, impulsados por el actual desbarajuste, nos perdemos en dimes y diretes y nos dejamos gobernar por quienes lo que pretenden es sacar partido de la confusión reinante para imponer unas desacreditadas fórmulas antiguas como si fueran soluciones nuevas.

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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