Por Javier Pardo de Santayana

(Viñeta de Ramón en El Norte de Castilla el pasado día 26 de abril)
Me pregunto si no seremos demasiado sensibles, o si, quizá por el contrario, nos tragamos carros y carretas sin tan siquiera darnos cuenta de ello. O si, con unas cosas y otras hemos perdido ya la noción de la normalidad. Porque cualquiera de los dos supuestos es posible toda vez que nuestra situación actual difiere totalmente de la que considerábamos “la nuestra” hasta hace poco más de un año. Y si nos atrevemos a meditar un poco sobre lo que nos ocurre nos veremos obligados a admitir la posibilidad de habernos hecho a un aluvión de cambios ciertamente incómodos, de forma tal que somos ya incapaces de reaccionar como debiéramos.
Una de las constataciones evidentes podría referirse a la incapacidad que mostramos a la hora de mantener nuestros principios frente a la avalancha de “burradas” que nos intentan colar nuestros políticos aprovechando que nos pillan desarmados frente a determinadas maniobras que quieren desmontar aquel sistema orientado a lograr paz en nuestra convivencia y que sería fruto de la experiencia acumulada tras un siglo XX de experimentos fallidos y de guerras mundiales.
Me acabo de referir a unas “burradas”, y verán unos ejemplos de hasta qué punto las últimas informaciones que nos llegan merecen ese nombre. Sí, lo merecen si tenemos en cuenta que lejos de tratarse de disposiciones de matiz que pudieran revelarnos simplemente cuestiones de opinión desacertadas, son decisiones y proyectos que tienen la obsesión de desmontar pieza por pieza cuanto de bueno se hizo a la hora de crear todo un sistema de libertades y principios que mantuviera el impulso de una sociedad del bienestar consciente de sí misma.
Me refiero a la obsesión de aquellos gobernantes que hoy se mueven en los límites mismos de un consenso básico como aceptando determinados principios constitucionales pero con la intención de desmontarlos aprovechando todos los resquicios del orden desde el fingimiento y la manipulación más descarada; algo que hoy es factible aprovechando las facilidades ofrecidas por lo que ahora se conoce como la “posverdad”, el término que Keyes divulgó con ocasión de la crisis económica del año 2.008 y que se define como una distorsión deliberada de la realidad a la hora de “modelar” la opinión pública a base de una apelación emocional. Enfoque, por tanto, del juego político en los más crudos términos de engaño .
Así veremos como se sobrevalora en nuestros días al político que destaca en tal tarea, y cómo los ciudadanos se abandonan a los efectos de tan arteras maniobras por mucho que resulten evidentes. Y así llegarán a producirse determinadas situaciones definidas como ”de cuanto peor mejor”, o se aceptarán sin gran problema actuaciones contrarias a las convicciones de la mayoría. O veremos cómo somos capaces de tolerar “burradas” sin rechistar, como es que nuestros gobernantes se permitan caer en el mayor ridículo al promover sin que se les caiga la cara de vergüenza, la instauración de un lenguaje llamado “inclusivo”: esto es, de una jerga que es imposible manejar sin sonrojarse. ¿Y quién no lo hace ante tanto “niñe» y tanto “portavoza”? ¿O quién no juzga insoportable tanta ridícula y cursi “resiliencia” y los más que insoportables “apoderamientos” que hoy no se escapan de sus bocas? Supongo que nuestras ínclitas firmas académicas sufrirán de cursilería cuando lo oyen.
Pero peor aún es ver como estos bárbaros se atreven a entrar en terrenos que nunca debió traspasar nadie, y en su normativa destinada a la formación sexual de las menores (!) se arrogan, sin el permiso de los padres, la iniciativa de animar a las niñas – sí a las niñas – nada menos que a “explorar su clítoris” y cosas de ese estilo que estos se permiten presentar desde el convencimiento de que los hijos pertenecen al estado, entrometiéndose de esta manera oficialmente en los terrenos de lo más íntimo de la formación moral y humana de nuestras menores.
Pero ¿qué puede decirse de esa gente que hoy cobra sueldos oficiales y que llega al extremo más inicuo cuando, aprovechando esa vomitiva “Guía sexual” que no les ha pedido nadie, se permite denostar la excelsa figura de la Virgen?
Y sin embargo aquí no pasa nada.