«La sal» de Carmen Laffón

Por José María Arévalo

(Uno de los óleos de formato grande de la exposición)

Carmen Laffón (Sevilla, 1934) es una de las figuras creativas contemporáneas que más admiro, como lo demuestran los muchos post de este blog en que hemos comentado su obra. Y no lo hemos hecho de la exposición suya “La Sal de Carmen Laffón” que se celebró en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, en Sevilla, del 16 de septiembre de 2020 al 28 de febrero de 2021, comisariada por Juan Antonio Álvarez Reyes y Javier Hontoria, que incluía 37 obras recientes inusitadamente grandes, 20 de ellas inéditas, realizadas desde 2017, y también en primicia, 16 dibujos que realizó durante el pasado confinamiento, porque hoyesarte.com informaba que esta muestra había sido “concebida y realizada en colaboración con el Museo Patio Herreriano de Valladolid”, por lo que de inmediato pensé que vendría a continuación a nuestro museo de arte contemporáneo. Como no ha sido así (todavía no tengo noticias de plan alguno en ese sentido), vamos a comentarla sin perjuicio de volver a hacerlo cuando llegue a nosotros. Si es que viene, porque la colaboración ha podido consistir en la cesión, para esta muestra, de una o varias obras de las que la colección que custodia nuestro Patio Herreriano tiene de esta pintora.

En cambio, la pintora sevillana, figura clave del realismo español, Premio Nacional de Artes Plásticas en 1982,.expone sus cuadros de la sal estos días de abril y mayo en el Jardín Botánico de Madrid, en el Pabellón Villanueva, como comentaremos más adelante.

Esta muestra resulta más interesante de lo habitual ya que Carmen Laffón tiene su estudio -es el lugar central de su actividad artística- en la casa de verano familiar de Sanlúcar de Barrameda, en La Jara, frente al Coto de Doñana, y ello desde joven. Allí sigue trabajando habitualmente y el Coto de Doñana y su paisaje se han convertido en principal protagonista de su pintura.

Las salinas de Sanlúcar

Laffón presentó en esta muestra una mirada atenta a las salinas de Sanlúcar de Barrameda. La desembocadura del Guadalquivir, entre Cádiz y Huelva, y con el Coto de Doñana como motivo y testigo privilegiado del hecho pictórico, es el lugar desde el que la artista viene desplegando su pintura más suelta, libre y ambiciosa.

Las obras están realizadas en concentrados tonos grises y otras en encendidos tonos azules. Revelan un interés por el trabajo en serie y se centran en el estudio detenido de unos lugares, las salinas, que tal vez no sean el motivo mas habitual en la tradición de la pintura de paisaje.

“Toda obra de Laffón –recoge hoyesarte.com- requiere una mirada lenta. Obras que no se asimilan de un solo vistazo y que hay que recorrer, como espacios de amplitud desconocida en los que el elenco de matices es extraordinario. Tienen, en apariencia, una paleta más reducida, pero una mirada pausada permite comprobar una riqueza cromática tan asombrosa como la trama de texturas en la que se enreda la pintura.

Porque el espacio pictórico está gobernado por grandes montículos de sal, protagonistas de la serie, pero hay en estas pinturas una tensión entre imagen y materia que provoca en ocasiones que aquella se plegue a ésta. Las salinas se encuentran en el espacio que media entre el primer plano y el fondo, entre lo terroso y lo etéreo, entre lo sólido y lo líquido.

Las montañas de sal tienen una presencia rotunda pero no eluden cierto aspecto evanescente, como espectral. Y además de las salinas, otro grupo de pinturas radicalmente diferente en su tratamiento del color, pinturas que comparten la misma intensidad lumínica y una composición articulada en torno a una férrea línea del horizonte”.

En Sevilla y Sanlúcar

Carmen Laffón, desde su niñez, tuvo una vida diferente a lo habitual. Sus padres, que se habían conocido en la Residencia de Estudiantes de Madrid, deciden no llevarla al colegio. Su educación se lleva a cabo en su casa. Sus inicios en la pintura tienen lugar a los 12 años de la mano del pintor Manuel González Santos, amigo de la familia y antiguo profesor de dibujo de su padre, por cuya indicación ingresa en la Escuela de Bellas Artes de Sevilla a los 15 años de edad.

Tras cursar estudios en esta institución durante tres años se traslada a Madrid, en cuya Escuela de Bellas Artes finaliza su carrera. En ese mismo año, 1954, hace su viaje de fin de estudios a París, donde queda especialmente impresionada por la obra de Marc Chagall. Al año siguiente realiza una estancia de estudios en Roma con una beca del Ministerio de Educación. A su regreso a Sevilla en 1956 continúa pintando en la casa de verano familiar de Sanlúcar de Barrameda, en La Jara, frente al Coto de Doñana, que acabará siendo el  centro de su actividad como pintora.

La nueva muestra del Jardín Botánico

Escribe Manuel Hidalgo en El Español, comentando la nueva muestra del Jardín Botánico: “Amiga y colega de Fernando Zóbel, Gerardo Rueda y tantos otros, “conquenses” o no, desde sus tiempos de las galerías Biosca (su primera individual) y Juana Mordó (su gran mentora), Laffón ingresó en enero del 2000 en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando con un precioso discurso -podemos leerlo- titulado Visión de un paisaje, que fue contestado por su también buen amigo, el pintor Gustavo Torner.

En ese discurso de hace más de veinte años ya figuraban abundantes referencias al río Guadalquivir, a Doñana y a Sanlúcar de Barrameda. Justamente ahí, en la zona marismeña de Bonanza, a un paso de su casa de La Jara, se encuentran las salinas que son el asunto único de su exposición.

Las montañas de sal, las eras, los muros de tierra, los canales de agua, los cielos cambiantes y sus nubes, están separados por una raya tenue muchas veces, por una línea del horizonte que divide los cuadros, de gran formato algunos, en dos. La temática está serializada, como tan a menudo en Laffón, y exige de una contemplación detenida para disfrutar de las variaciones que se dan en un conjunto a primera vista monótono.

(‘La Sal, Salinas de Bonanza, Sanlúcar de Barrameda’, Relieve de Carmen Laffón. 30,5 x 61 cm).

Silencio, luz y aire

Es preciso ir descubriendo las diferencias y matices en unos contenidos y formas que tienden -en sus líneas, manchas y volúmenes- a la abstracción y que parecen ofrecer una superficie plana aunque están llenos de rugosidades y pequeñas acumulaciones matéricas en su rica textura. El blanco, el gris, el azul y los colores terrosos conforman la paleta de la artista, con concurrencias escuetas del verde oscurecido de los escasos vegetales.

En aquel discurso del 2000, Laffón hablaba del valor de lo menor, del paisaje sin adornos y del “goce del silencio, de la luz y del aire”. El silencio, la luz y el aire, precisamente, son elementos esenciales en La sal, exposición comisariada por Javier Hontorio y Juan Antonio Álvarez Reyes y coproducida por el Museo Patio Herreriano de Valladolid y el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (CAAC), donde ya se ha exhibido.

Más en la galería Leandro Navarro

En la cercana galería Leandro Navarro, en la calle Amor de Dios, se puede completar la visión de La sal con 35 piezas realizadas por Carmen Laffón durante el confinamiento. Es una pintura que invita a la relajación y al pensamiento, a un examen que puede aportar al espectador -según también lo que lleve dentro- paz o, quién sabe, desolación.

Tienda, bar y terraza

Entre las dos alargadas salas de exposición del Pabellón Villanueva, están el bar y la tienda en el mismo espacio, donde es inevitable detenerse para curiosear, comprar o reponer fuerzas.

Ropa, accesorios, perfumería, decoración, joyería, cocina…Todos los artículos recogen o se ilustran con motivos botánicos. Todos entran bien por los ojos por su buen gusto, pero, en general, tienen precios que hacen dudar al bolsillo. También se venden cuadernos y láminas enmarcadas o por enmarcar. Y postales alusivas al Jardín y a la exposición que, en tamaño convencional, y como en otros centros de arte de Madrid, parecen tener consensuado su precio en un euro.

Igualmente se venden libros, menos de los que uno desearía encontrar. Las tiendas de los museos y similares cada vez ofertan menos libros y más objetos que estimulan el deseo caprichoso y el regalo. Entre los libros del Botánico, destacaba el culto consabido, razonable y tan de moda a Ralph Waldo Emerson y Henry David Thoreau. ¡Todos a la cabaña del bosque! Como Beatriz Montañez, cuyo Nadiela (errata naturae) ya había llegado a la primera fila de novedades sin perder un segundo. También ví ese libro imprescindible y gozoso que es Jardinosofía, del antropólogo, filósofo y jardinero Santiago Beruete, que acaba de sacar, en Turner de nuevo y dándole una vuelta al tema de la naturaleza y el cultivo, Aprendívoros.

En el exterior del pabellón, hay una agradabilísima terraza, cuyo servicio, por falta de personal, se atiende a ritmo entre mexicano y portugués. El sábado ofrecía, al relativamente módico precio de 15 euros, un menú consistente en caldo, media empanada y ensalada cantábrica o quiche del día, más una bebida caliente. Pero yo me fui a comer callos a la terraza del Gijón.”

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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