De cuando juré bandera

Por Carlos de Bustamante

(Viñeta de Ramón en El Norte de Castilla el pasado día 15 de mayo)

Cuando ingresé en la A.G.M. (Academia General Militar) tenía diez y siete años. Caballero Cadete. Año de gracia de 1951. Con ascendientes en la milicia desde múltiples generaciones, el espíritu militar rebosaba por cada poro de mi cuerpo.  Al decir espíritu, afirmo que no me llevó a la milicia interés económico alguno. La vocación en general, tiene poco que ver con lo material:  el dinero. Mucho, sin embargo, con “servir” a lo que nos comprometió la vocación a la milicia, u otros servicios según tipo de vocación de cada uno.  Servicio a España, en este caso, como España merece ser servida.

Sellé mi compromiso vocacional con toda solemnidad de la forma siguiente:

“Caballeros Cadetes: ¿Juráis a Dios y prometéis a España, besando con unción su Bandera, respetar y obedecer siempre a vuestros jefes, no abandonarles nunca y derramar, si preciso fuera, en defensa del honor e independencia de la Patria y del orden dentro de ella, hasta la última gota de vuestra sangre?”

«¡Sí, juramos!».

Fui absolutamente consciente del juramento a Dios y de la promesa a España.   No tanto con el significado de “y del orden dentro de ella”. Plenamente “en defensa del honor e independencia”. Y con no menos consciencia en “derramar, si preciso fuera, hasta la última gota de vuestra sangre”.  Con indudables fallos humanos, así viví la milicia durante cuarenta y cinco años de servicio activo. Sin que en situación de retirado deje de contemplar con total vigencia el juramento prestado.

Con sucesivos gobiernos de distintos colores y formas diversas de entender el servicio a la Patria, la fórmula de nuestro compromiso varió sustancialmente.  No puedo decir que, a mejor, puesto que añoro la nuestra como más completa.  Tampoco digo que mala; sencillamente, es la que hay. O la que toca. En la AGM la fórmula del juramento actualmente dice así:

“Caballeros y `Damas´ Cadetes: ¿Juráis o prometéis por vuestra conciencia y honor cumplir fielmente vuestras obligaciones militares, guardar y hacer guardar la Constitución como norma fundamental del Estado, obedecer y respetar al Rey y a vuestros jefes, no abandonarlos nunca y, si preciso fuera, entregar vuestra vida en defensa de España?». A lo que los Caballeros y Damas contestan:

«¡Sí, lo hacemos!».

Digo, mis amigos y   probables únicos lectores, que prefiero la “nuestra”. Con lo dicho, permitidme un comentario que quisiera   breve: lo no del todo comprendido “el orden dentro de ella”. Y   que lo veo ahora con claridad meridiana.

Ved antes, mis amigos, cómo define la RAE el “orden” y su antónimo el “desorden”. Los que, como dije, por entonces no acabé de entender:

RAE: orden establecido

1.-m. Organización social, política, económica, ideológica, etc., vigente en una colectividad.

RAE: DESORDEN:

  1. m. Confusión y alteración del orden.
  2. m. Perturbación del orden y disciplina de un grupo, de una reunión, o de una comunidad de personas.
  3. m. Disturbio que altera la tranquilidad pública.
  4. m. Exceso o abuso.

Ahora, con el, para mí y la mayoría de los españoles, insólito hecho de los secesionistas, creo no equivocarme si afirmo que los independentistas atentan con su despropósito contra el orden constitucional, para caer en un catastrófico desorden. En cualquier caso, contrario a lo que antes o ahora juramos y   prometimos, `a Dios´; `o por nuestra conciencia y honor´. En ambos, de responsabilidad suma para los que así se pronunciaron.

No creo precisas demasiadas conclusiones ni comentarios, que se deducen por sí solos. Sí digo, que ` míreme usted bien lo que hace…´ que el juramento a Dios en materia tan grave, “obliga gravemente”, claro. Y la conciencia y honor en la milicia, no son condicionamientos baladíes.

Para los que, como Tartarín de Tarascón, pretenden cazar leones, porque los creen ver en los pasillos de su casa, les digo que no pretendo aconsejar.  Yo… digo nada más.

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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