Fidelidad y lealtad ante el intento de secesionismo

Por Carlos de Bustamante

(Viñeta de Ramón en El Norte de Castilla el pasado día 13 de junio)

La fidelidad consiste en cumplir lo prometido, conformando de este modo las palabras con los hechos. Somos fieles si guardamos la palabra dada, si nos mantenemos firmes, a pesar de los obstáculos y dificultades, a los compromisos adquiridos. La perseverancia está íntimamente unida a esta virtud, y con frecuencia se identifica con ella.

El ámbito de la fidelidad es muy amplio: con Dios, con la patria, entre cónyuges, entre amigos… Es una virtud esencial: sin ella es imposible la convivencia. Referida a la vida espiritual -que aun no tratándose aquí de ella tiene abundantes connotaciones con el meollo de este artículo-, se relaciona estrechamente con `el amor´, la fe y `la vocación´.

Dicho lo que antecede a modo de prólogo y antes de entrar en materia, digo a mis amigos y probables únicos lectores, que aun con similitudes a lo escrito en fechas no muy lejanas, la fidelidad y lealtad a las que ahora me referiré, han adquirido, para bien o para mal, importancia singular.

No, no me referiré a los indultos (¿insultos?), sino a lo que tras ellos se nos puede sí o sí avecinar. Si, porque como era de esperar, y bien lo sabia y sabe nuestro infumable presidente, al rebufo de los delincuentes de Cataluña, les han seguido de inmediato los sinónimos de eta. Sinónimos, por lo menos, en ser delincuentes convictos y confesos.

Va por otros derroteros este simple(?) comentario de título tan rimbombante.

Tampoco me referiré ahora a la “fidelidad a Dios” como acto de las virtudes teologales, sino a la “fidelidad a los compromisos adquiridos” con una persona o una institución. Esta fidelidad es una virtud humana llamada también “lealtad”, porque la palabra dada y el compromiso adquirido se convierten en “ley” para la propia conducta.

En todas las profesiones u oficios honestos, adquirimos ciertos compromisos. También los que nacen en cualesquiera de las naciones del planeta. E incluso ciudades y pueblos de cada una de las regiones que componen la patria donde nacimos. O digo más, `no donde uno nace, sino donde pace´. Lugares de acogida en los que son ineludibles deberes y derechos.

He nacido y pacido en España donde a cambio he adquirido   compromisos. Éstos no han sido circunstanciales, sino de por vida. Vida que he comprometido hasta tal punto que juré a Dios, entregarla hasta la última gota de mi sangre si fuera preciso.

¿Cuándo lo será? Podría preguntarme.

La respuesta está dada en los acontecimientos   que nos ha tocado vivir.

¿Y son los actuales? Ni afirmo ni niego.  Digo, que, según lo visto y oído, hay quien insistentemente y pese a haber sido condenados por delinquir, persisten con mayor firmeza, si cabe, en la fragmentación de España. Como no por  casualidad es éste uno  de los motivos  de nuestro   juramento-compromiso, pues  eso…

Cuando estos lugares, forman una nación y además con historia milenaria, no deben tener cabida los nacionalismos en una parte de ella. En   cualquier caso, en mi opinión, compartida por autoridades en la materia, “existe un sano nacionalismo, que es el patriotismo y que está alejado del populismo”. Patriotismo.

Habrá, digo, quien no considere importante dejar de cumplir lo que juraron o prometieron. Infidelidad. Ni juzgo ni acuso. Digo sí, que quien se halle en esta circunstancia, al no ser fieles a la palabra dada, tampoco son leales.  Y al incumplir la ley, se convierten en delincuentes porque han incumplido la ley que ellos mismos promulgaron cuando con la palabra dada y el compromiso adquirido la convirtieron en “ley” para la propia conducta.

Si para un simple ciudadano es humillante calificarlo de desleal y poco fiable, qué decir si el merecedor de semejantes calificativos ocupa algún cargo de responsabilidad en la nación en que nació y pació…

Ergo si en proporción al cargo, la infidelidad y deslealtad, son un grave incumplimiento de la ley jurada o prometida, sería -es- inaudito que el o los detractores de la misma ocupen altos cargos.

En consecuencia y si estos argumentos tienen alguna validez, si quien preside una   nación, por ejemplo, fuera desleal con ella o no le fuera fiel, procedería la inmediata dimisión o destitución… democrática, claro.

Mis amigos   y probables únicos lectores, habrán formado su opinión si    es desleal o está justamente siendo merecedor de condena el que, por infidelidad al estado que desgobierna por favorecer el secesionismo de una parte, debe abandonar sí o sí la poltrona que indigna, infiel, deslealmente  y sin -vergüenza `okupa´.

 

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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