Los lunes, revista de  prensa y red

“¡Crispemos! Hay que insuflar vida a un PSOE hueco”, de Pilar Marcos, “Covid: la pandemia de mentiras”, de Rafael Bardají, y “Vladimir Cerrón, un Lenin para los Andes por el luminoso sendero de La Habana”, de Federico Jiménez Losantos

( “¿MIR? ¿Qué MIR?”. Viñeta de Tomás Serrano en El Español el pasado día 5)

¡CRISPEMOS! HAY QUE INSUFLAR VIDA A UN PSOE HUECO

Artículo de Pilar Marcos publicado en El Debate de Hoy el pasado día 5

El método es sencillo: se trata de que no haya otra suma posible que la que Pedro Sánchez promueva debido al insuperable enfrentamiento entre los partidos de la derecha. ¡Ésa es la clave!

Decir PSOE, en los ochenta, fue mucho decir. Era decir 202 escaños, casi 100 diputados más que el siguiente (Alianza Popular), y eso que AP multiplicó por 10 su representación tras el hundimiento de la UCD. Era decir Felipe González y sus cumbres con Helmut KohlRonald ReaganMargaret ThatcherMijail Gorbachov… No es exactamente lo mismo que ‘la cumbre de los 26 pasos’ que simuló Pedro Sánchez con Joe Biden, o su indescriptible gira por Estados Unidos en busca de alguna entrevista televisiva con la que mostrarnos lo bien que se maneja en inglés.

Decir PSOE, en los noventa, fue decir 1992, con sus Olimpiadas de Barcelonaantes de que Cataluña fuera desespañolizada, y con su AVE y su Expo para Sevilla, también mucho antes de que empezaran a conocerse las corruptelas por aquellos fastos, que fueron después marca de la casa del socialismo andaluz. Decir PSOE fue contar disputas entre felipistas y guerristas; hablar de barones socialistas que gobernaban en casi todas partes, o que nos explicaran que había unos “renovadores por la base” en la siempre agitada Federación Socialista Madrileña.

Decir PSOE fue, durante mucho, mucho tiempo, mucho más que decir Gobierno. Ese tiempo muy lejano concluyó cuando el futuro dejó de ser lo que era. Fue al filo del cambio de siglo, con la mayoría absoluta de José María Aznar. ¿Se acuerdan? De entonces a ahora no solo el futuro, también el pasado, va a dejar va a dejar de ser todo lo que fue. Para bien y para mal, tanto da, porque han decretado que la única Historia que les importa será sustituida por el memorialismo, definido por ley del Gobierno del PSOE y sus socios de Podemos e independentistas. Y el memorialismo aspira a impregnarlo todo.

Quizá por todo eso ahora, en el arranque de estos nuevos años veinte, dices PSOE y te responde el eco del vacío. A los nostálgicos les evoca un pasado soñado de promesa socialdemócrata. A los realistas, una maquinaria de poder, tan ayuna de principios como ahíta de sectarismo, que solo se mantiene gracias a pactos mil veces negados para no espantar a los más fieles votantes. Y a los que allí mandan, decir PSOE les conmina a elevar el volumen del grito de la tribu para intentar insuflar nueva vida a unas siglas huecas gracias a una precisa taxidermia perfeccionada por su líder: Pedro Sánchez Pérez-Castejón.

Todas las alarmas saltaron el 4 de mayo en Madrid. Que esa chica Ayuso lograra, no ya solo ganar, sino acumular más votos que toda la izquierda junta, y que la otra, la médica-y-madre desconocida, adelantara al PSOE con un minipartido de ignotos activistas purgados de Podemos va más allá de lo soportable. En Madrid, el PSOE ya no es ni líder de la oposición. ¡Había que reaccionar!

La primera reacción fue apartar del Gobierno a aquellos miembros que acumulaban, por sí solos y por méritos propios, más rechazo -incluso- que el líder, y poner en su lugar amabilidad: hombres cordiales y mujeres sonrientes. José Luis Ábalos e Iván Redondo son los más depurados ejemplos de esa decisión.

La segunda, cartearse con los militantes para contarles que existe algo llamado PSOE que ahora hace suyas banderas, como la moda trans, de un Podemos en franco retroceso. Sí, en Franco, Franco, franco retroceso.

La tercera será intentar pasear por alguna calle de algún lugar de España sin ser abucheado. Veremos si alguna de las nuevas ministras-alcaldesas pueden llevar a Sánchez a sus pueblos sin pitada de reprobación. En Salamanca no pudo ser: allí los entusiastas vítores al Rey no lograron silenciar los abucheos dirigidos al presidente del Gobierno.

La cuarta, como siempre, resistir: quedan dos años y medio, y, si con 85 escaños todo fue posible, hay partido…

La solución para la recuperación no es más empleo ficticio pagado con más dinero público para inventar más organismos inútiles, sino más libertad y menos trabas para que la economía pueda crecer y crear empleo

La resistencia incluye cesiones, claro. A los de siempre, faltaba más. Y algunas son deletéreas. Que el dinero, por definición escaso, privilegie a Cataluña va a molestar -también- a los votantes socialistas del conjunto de España. Y que una de las pocas cosas que funcionan y de las que tenemos motivos para estar orgullosos -el MIR que garantiza la excelente calidad de nuestros médicos- pueda romperse para contentar al separatismo catalán, va a enfadar hasta a los raros militantes del PSOE que sigan pagando su cuota.

Además, antes de que se cumplan esos dos años y medio, como tarde a finales de 2022, habrá elecciones en Andalucía, antaño el más selecto feudo del voto socialista, que está empezando a comprobar que ninguna maldición bíblica impedía a la economía andaluza crecer y crear empleo. Porque esa maldición era una telaraña de organismos inútiles parasitando Andalucía. El ejemplo que ha contado El Español de AVRA (Agencia de Vivienda y Rehabilitación de Andalucía), con 29 millones de euros en sueldos (pagados con los impuestos de todos) para 584 trabajadores (sic) que solo logran adjudicar 188.000 euros en ayudas para rehabilitar viviendas andaluzas, es paradigmático de esos sistemas clientelares para amigos y familiares que actúan de sanguijuela contra la prosperidad de todos

Hoy, en Andalucía, el Gobierno de coalición PP-Ciudadanos, con el apoyo externo de Vox y bajo el liderazgo del muy moderado Juanma Moreno, está consiguiendo lo que parecía imposible: ganar pujanza económica gracias a la creación de más empresas y más empleo, con un protagonismo especial de los autónomos. Mientras, en el conjunto de España, encabezamos el liderazgo mundial en desempleo juvenil.

Increíble, pero cierto: la solución para la recuperación no es más empleo ficticio pagado con más dinero público para inventar más organismos inútiles, sino más libertad y menos trabas para que la economía pueda crecer y crear empleo. Más libertad y menos trabas: exactamente lo que se votó en Madrid el 4 de mayo.

Del PSOE solo quedan las siglas

El riesgo electoral es muy alto: que al pujante Madrid de Ayuso se sume la Andalucía de Moreno. ¿Y qué hacemos con Juan Espadas? Quizá le quede presumir de no haber quedado relegado a ese tercer puesto de Ángel Gabilondo. ¿Plata en vez de bronce? La plata y el bronce en política son un desastre. Y un resultado así, como aperitivo de las municipales y autonómicas de mayo de 2023, sería catastrófico para el PSOE. ¡Hay que reaccionar!

«Recuperación o crispación; esperanza o ferocidad», escribe a sus militantes el feroz cum laudem de la crispación que preside el Gobierno de España. «Nosotros hacemos (…) La oposición solo grita», contó en sus entrevistas en inglés.

Es dudoso que esa reacción -vociferar el aullido de la tribu- tenga capacidad taumatúrgica suficiente para insuflar vida a un organismo disecado. Y ése es el problema de fondo. Del PSOE quedan las siglas, y el resorte de poder que le permiten sus asociados como mal menor para evitar el mal mayor: ¡que viene la derecha! Un poder que Sánchez estrenó con 85 diputados -el peor resultado de la historia del PSOE- y que pugna por mantener, aunque vuelva a los 85 de la moción de censura.

El método es sencillo: se trata de que no haya otra suma posible que la que él promueva debido al insuperable enfrentamiento entre los partidos de la derecha. ¡Ésa es la clave! Que no haya más suma posible que aquella en la que esté el PSOE, tras un sistemático ejercicio de demonización de «la derecha extrema y la extrema derecha». No es tan difícil. Solo hay que azuzar la crispación, la animadversión y la rotunda desconfianza entre los socios potenciales al otro lado del campo. En esa tarea, además, Sánchez no está solo.

¡Crispemos! Hay que insuflar vida a un PSOE hueco.

Artículo en: https://eldebatedehoy.es/noticia/politica/05/08/2021/psoe-hueco/

COVID: LA PANDEMIA DE MENTIRAS

Artículo de Rafael Bardají publicado en Libertad Digital el pasado día 5

Una aclaración preliminar para que nadie se lleve a engaño: Yo sí creo que el coronavirus SARS-2 y la enfermedad que produce, la llamada Covid-19 existen. No creo que sean un invento de unos multimillonarios, sino de la manipulación genética de un virus en el ya tristemente famoso laboratorio de Wuhan. Al igual que Trump, yo digo que es un virus chino y que China es la nación que más favorecida ha salido de esta crisis. También creo que la Covid-19 mata, que no es una patraña, aunque, efectivamente, mata de manera muy desigual. Para acabar, también creo en la efectividad de las vacunas, al menos de las occidentales y no creo que me hayan inyectado un chip de Bill Gates en ninguna de las dos dosis que me han puesto.

Dicho todo lo cual, estoy convencido y alarmado ante la red de mentiras sobre la que se ha construido todo el entramado de respuestas al Covid. A nivel nacional y de las comunidades. Hace tiempo que dejé de leer periódicos y ver la tele (y mi vida no empeoró, si acaso todo lo contrario), pero ahora, en verano, he caído en la tentación de enchufarme a algún informativo (más que nada por la sección del Tiempo) y no puede más que decir que los medios españoles se han convertido en una auténtica fábrica de miedo. Ellos sabrán por qué -o por cuánto- pero es una auténtica desvergüenza el tratamiento que dan a la pandemia, únicamente orientado a generar miedo y obediencia ciega.

Ahora que se nos machaca con la 5ª ola, la imagen que se nos quiere inculcar es la de una situación casi apocalíptica, como si estuviéramos retrocediendo a marzo de 2020, el peor momento de la pandemia. Las autoridades vuelven a pedir confinamientos, toques de queda y mayores restricciones.

Un segundo dato que desmonta la supuesta gravedad de esta quinta ola es el hecho de que la Covid sigue matando a quienes mataba desde el primer momento: a los mayores

Es verdad, el virus no se ha ido, ni se va a ir. Pero no estamos tan mal como se nos pretende vender. Se habla de olas sin saber ni cuándo ni cómo empiezan; se sigue usando la incidencia acumulada de contagios como el mejor indicador de la situación sanitaria y no los ingresos en UCI, duración de la estancia en ellas y fallecimientos. Porque, simple y llanamente, estos últimos datos no permiten crear el clima de alarma social que quieren los gobiernos y que los medios nos sirven machaconamente en bandeja de plata.

Como se puede ver en la gráfica -y recurriendo solo a las cifras del ministerio de Sanidad, que ya sabemos que no son ciertas-  en la primera ola, de marzo a junio de 2020, hubo cerca de 30.000 fallecimientos por Covid-19; en la segunda ola, que empezó suave a finales de junio y estalló en septiembre, hubo unas 20.000 muertes; en la tercera, desde navidades del 20 a marzo de este año, 27.000 fallecimientos; en la temida cuarta ola, de abril a finales de junio, poco más de 5.000; y en la apocalíptica quinta ola en la que estamos desde comienzos de julio, 567.

Habida cuenta de que el único factor diferenciador entre unas y otras son las vacunas y, sobre todo, el número de personas con la doble dosis y el periodo de inmunización de dos semanas posterior a la segunda dosis, sólo se puede concluir que la cuarta y quinta ola no son tan letales como las anteriores porque las vacunas sí funcionan.  Y también se debe decir que si se siguen produciendo fallecimientos es por culpa de un gobierno como el de Sánchez que no ha cumplido con su plan de vacunación y que se muestra cicatero a la hora de obtener y repartir las dosis de las vacunas necesarias. Mucho sacar pecho allí donde va, pero tampoco aquí ha sabido hacer bien las cosas.

Lo que nos lleva a otra peliaguda cuestión: ¿Debe ser la vacunación obligatoria?

Un segundo dato que desmonta la supuesta gravedad de esta quinta ola, a pesar de cuanto se dice de la alta transmisibilidad de la variante India -hoy Delta-, que es verdad, es el hecho de que la Covid sigue matando a quienes mataba desde el primer momento: a los mayores. En Madrid, por ejemplo, de los fallecidos recientemente, el 65’7% eran mayores de 80 años. Si les sumamos los de más de 70, la proporción alcanza el 85%. Muertos menores de 50 años, a pesar de los altos contagios de los jóvenes, son el 1’22%. Y esta repartición por grupos de edad no es únicamente típica de Madrid.  Un periódico de la Comunidad Valenciana de cuyo nombre no quiero acordarme, publicaba escandalizado cómo esta ola baja la media de edad de los fallecidos, negando la propia información que llevaba la noticia: los fallecidos por encima de 70 años aumentaban, así como los de más de 60 años y sólo lograban “rejuvenecer” la estadística fusionando el grupo de mayores de 40 con los mayores de 50. Por debajo de eso, todo seguía igual. Y a nivel nacional es lo mismo.

¿Cómo es posible que sigan muriendo los mayores a pesar de tener muchos la pauta de vacunación completa?  Para empezar, no todos los muertos estaban vacunados gracias a la negativa de sus familias; en segundo lugar, por las patologías previas, que se agravan letalmente con la Covid, pero que, sin ellas, sigue siendo relativamente mortal. La edad sigue siendo el mayor factor de riesgo.  Ahora bien, no está claro que la estrategia de vacunación, comenzando por los mayores, haya producido los mejores y más rápidos beneficios para ellos y para todos. Y esta es la tercera razón que explica el número de ancianos que siguen muriendo con Covid: las vacunas no son una barrera total contra el virus. Como todas las vacunas, impiden la evolución hacia las fases más agudas y graves de la enfermedad. De ahí que un vacunado pueda contagiarse y contagiar. Aunque ambas cosas en mucha menor medida que un no vacunado.

La sociedad es algo distinto y superior que los individuos que la forman. Su sostenimiento exige ciertos compromisos, del ciudadano con las instituciones y con el resto de conciudadanos

Lo que nos lleva a otra peliaguda cuestión: ¿Debe ser la vacunación obligatoria? Está claro que, en España, la mayoría de contagiados no habían tenido acceso aún a las vacunas. Porque no ha habido suficientes dosis como para alcanzar ese ansiado 70% de la población imnunizada. España es el país con mayor índice de gente que quiere vacunarse. ¿Pero qué pasa en otros países, como Estados Unidos, donde hay vacunas de sobra, pero los ciudadanos ya no quieren ponérselas? Pues algo muy fácil de predecir: con una tasa de reproducción entre el doble y el triple que la original, la Delta se expande a velocidad de vértigo entre quienes han rechazado vacunarse y entre quienes no están inmunizados. De acuerdo con los datos más actualizados, el 95% de las muertes y por encima del 97% de las hospitalizaciones actuales son de ciudadanos americanos no vacunados. De los más de 161 millones de vacunados, 5.600 sufrieron una infección aguda, con hospitalización, y 1.141 fallecieron.  Esto es, el 0’0035 y el 0’0007% respectivamente. Y allí al igual que aquí, más del 85% de las muertes ocurría en la franja de edad de más de 70 años.

Por lo tanto, hay que decir que la vacuna funciona. Pero a pesar de su eficacia, no parece que sea posible abandonar el uso de la mascarilla ni de la distancia social. Por dos razones: una ya está dicha, los vacunados pueden contraer el virus y contagiar (aunque los estudios muestran un periodo muy corto de potencial contagiador); la segunda, porque los no vacunados son carne de cañón para contagiarse y propagar la epidemia.

Y esto nos arrastra a la más desagradable de las reflexiones: ¿Dado que los individuos tienen libertad para ser vacunados o rechazar dicha vacuna, es descabellado exigir el pasaporte Covid o prueba de vacunación para realizar determinadas actividades? Dicho de otro modo, ¿es discriminatorio y, por tanto inaceptable, separar en ciertas actividades no esenciales a vacunados de antivacunas? En mi muy personal opinión, sí, es discriminatorio, pero es aceptable siempre y cuando el acceso a la vacunación esté asegurado.

Soy trumpista y pro Vox pero no estoy en contra de la prueba de vacunación para acceder a determinados lugares o actividades

La sociedad es algo distinto y superior que los individuos que la forman. Su sostenimiento exige ciertos compromisos, del ciudadano con las instituciones y con el resto de conciudadanos. Ni vivimos en la jungla de todos contra todos, ni en el paraíso donde cada cual hace lo que le da la santa gana. No todavía al menos. ¿Debe primar la voluntad antivacuna, con el riesgo a enfermar y hacer enfermar a otros, sobre el de la seguridad sanitaria de los demás?

Sinceramente creo que deberíamos despolitizar el tema de la vacunación. En Estados Unidos el corte está claro. Cuanto más trumpista se es, más antivacunas se siente uno.  Y por lo que percibo en España, cuanto más pro Vox se es, más alto es el grito libertario contra toda medida que suponga someterse a un pasaporte de vacunación. No es mi caso. Soy trumpista y pro Vox pero no contra prueba de vacunación para acceder a determinados lugares o actividades. Un ejemplo, si se quiere infantil y tonto, pero claro: si se está de acuerdo en que los extranjeros en España tengan acceso a la sanidad pública mediante el co-pago, hasta que residan legalmente un determinado número de años a fin de hacer justicia a todos los españoles que llevan cotizando desde su primer trabajo, ¿no se estaría de acuerdo en que los enfermos de Covid que rechazaron vacunarse se hagan cargo de la factura de su tratamiento y que ahora pagaríamos todos?  Como esto parece impensable, por pura solidaridad humana, ¿por qué no exigir a todos lo mismo y aceptar el sacrificio de demostrar o no la vacunación? O quedarse al margen del ocio…  Por pura responsabilidad hacia los demás.

Estamos hablando de situaciones excepcionales hasta que la pandemia se convierta en endemia, como la gripe. Y si lo que se teme es la tentación autoritaria de los gobernantes, mejor no culpar al virus, sino a quienes elegimos. Y a nosotros mismos, personitas voluntariamente entregadas al hedonismo y a la negación de lo único seguro que hay en la viuda: que nos vamos a morir.  El Covid seguirá matando, pero en proporciones de una gripe aguda. Para que nos hagamos una idea de la escala, el año pasado, cerca de 100 mil españoles murieron de enfermedades cardiovasculares. Pero si con la vacunación podemos reducir al máximo el impacto de la enfermedad, bienvenidas sean las medidas que nos llevan a la inmunización grupal. ¿Quién se resistiría a una vacuna contra el cáncer?

Artículo en: https://gaceta.es/opinion/covid-la-pandemia-de-mentiras-20210805-0912/

VLADIMIR CERRÓN, UN LENIN PARA LOS ANDES POR EL LUMINOSO SENDERO DE LA HABANA

Artículo de Federico Jiménez Losantos publicado en Libertad Digital el pasado día 1

Hace cinco años, Vladimir Cerrón, candidato a la presidencia del Perú por el partido comunista Perú Libre, renunció ante la imposibilidad de lograr el 1% de los votos, que suponía la liquidación del partido, según la ley electoral. Cinco años después, no sólo ha formado un Gobierno, que preside un lerdo a sus órdenes bajo un sombrero con antena dentro y que dice llamarse Pedro Castillo, sino un poder popular, típicamente comunista, legal e ilegal, que liquidará el régimen constitucional peruano y forjará a sangre y fuego un modelo político totalitario, cuya cabeza será el partido, o sea, él, al que obedecerá el Gobierno, también suyo, y que impondrá, si los peruanos se dejan, una constitución que niega la democracia representativa y la condición de ciudadano, con derechos individuales imprescriptibles.

A cambio, las urnas, ignorantes del sentido correcto de la Historia, serán sustituidas por entes menos sórdidamente contables que los votos. Así, los «pueblos originarios», la «paridad de género», «las masas siempre traicionadas», los «sectores populares marginados por el capitalismo» y otras construcciones entre el marxismo y la brujería andina. La legitimidad ya no está en el ciudadano y su voto sino en la relación directa entre Naturaleza y Poder. Un discurso político telúrico y marxista-leninista que seguramente pasará por la antena del cono de Castillo, con Cerrón como Mago de Coz.

El Gobierno de todos los terrorismos comunistas

El éxito de Cerrón ha consistido en llevar al Gobierno del Perú a todos los grupos terroristas, marxistas y leninistas, maoístas o no, desde el primitivo ELN dirigido desde La Habana en los 60 y 70, hasta los grupos genocidas maoístas Sendero Luminoso y Movimiento Revolucionario Tupac Amaru (MRTA), que provocaron 70.000 muertos en la década de los 80 y los primeros 90 del siglo pasado, hasta la captura por Fujimori de Abimael Guzmán y el reconocimiento de su derrota, que incluía la cancelación temporal de la «guerra popular» iniciada en Ayacucho hace cuarenta años.

A mediados de los 60 del siglo XX se escindió el Partido Comunista del Perú en dos facciones, la pro-soviética y la pro-china de «Bandera Roja», predominante en la universidad y en los medios de comunicación. Desde entonces, caminaron por vías opuestas, teóricamente incompatibles. Pero en 2021 nada separa a un comunista de Sendero de uno del MRTA, a un guevarista y a un bolivariano cocalero del Cartel de los Soles, cuya Casa Común vuelve a ser La Habana y cuyo gigantesco aparato de propaganda es el Foro de Sao Paulo, el eje que se llamó ALBA en tiempos de Chávez y que ahora está tomando uno a uno todos los países hispanos —sólo se salva Brasil, de momento—, del México de AMLO a la Argentina de los Kirchner pasando por la Bolivia de Evo Morales, primer invitado de Cerrón cuando Sagasti y demás fantasmones oficiales admitieron el robo electoral a Keiko, con el Chile entregado cobardemente por Piñeira a la misma estrategia de una constitución telúrico-mágica, antiliberal y antidemocrática que anuncia el hombre bajo el cono de Cerrón. Y siempre con Cuba y Caracas detrás.

Cuando Cerrón se niega a condenar el terrorismo de Sendero hace algo más que presentarse como el hermano prosoviético del maoísmo peruano. Está reclamando la misma legitimidad marxista-leninista que Abimael Guzmán cuando rechazaba el capitalismo y la democracia. O que Béjar, el anciano guerrillero castrista del ELN ahora ministro de Exteriores. Por supuesto, llegará el indulto a Guzmán, promovido por Conare-Movadef y demás fachadas escolares y mediáticas senderistas, origen de Castillo. Cuarenta años después, Cerrón puede compartir con Guzmán la lectura correcta de la Historia. Tan correcta, que los ha llevado al Poder. Pero la base es la unidad de todos los comunistas del último medio siglo peruano. Y la guerra a los que los derrotaron en los 90 y les han dejado vencer ahora.

El discurso antiespañol, antiliberal y antirrepublicano

Se ha prestado atención, aunque tardía, y ninguna por parte del Gobierno, más social-comunista que nunca, al discurso antiespañol del hombre cono insultando «a los hombres de Castilla», como si Extremadura, patria chica de Pizarro, estuviera entre Palencia y Burgos. Al parecer, el maestrillo senderista —cuya relación con Guzmán ha atestiguado el ministro del Interior peruano en 2017— no sabe qué es Castilla, ni España, ni por qué «muchos felipillos» como dijo soezmente el champiñón de Cerrón ante el Rey, ayudaron a los conquistadores. Como tantas tribus sometidas por los aztecas a Cortés en México. La milenaria «armonía con la naturaleza» de la que presumió el lerdo en su discurso es tan falsa como todo lo demás. Pero ese repertorio de sandeces era menos importante que la negación del propio Perú independiente, cuyo bicentenario conmemoraba y condenaba. ¿Nadie en 200 años de república ha sido capaz de deshacer tanto desastre dizque «colonial», luego «virreinal» y al final, ya no se sabe qué tinglado estatal?

El Montonero hacía esta semana un inteligente análisis del fondo doctrinal del discurso del cono, que suponía de hecho la deslegitimación del sistema que le ha llevado, de rebote, mintiendo y con trampas, al Poder. Se trata de abolir el sistema liberal-democrático, el republicano del Perú, en favor de esos tinglados culturales neomarxistas del género, la naturaleza y otras legitimidades que eluden la cuestión más molesta para los comunistas, que es que nadie los vota libremente, en cuanto los conoce y los padece.

Por eso es tan importante Cerrón. En Libertad Digital hemos contado cómo él entiende y dice con toda claridad que empieza ahora un proceso revolucionario que incluye la liquidación de la legalidad actual, pero, sobre todo, esboza los mecanismos de violencia que la hagan irreversible, sin marcha atrás, al estilo venezolano, cubano o, simplemente, comunista. En pura doctrina leninista, Cerrón plantea un doble poder, el institucional, sea del cono o algún paralelepípedo caviar como Franke, el Varufakis andino, y el real, que es el del partido, o sea, el suyo, que actúa a través de las instituciones que domina y, si no las desborda en la calle, por la violencia.

Y para esa lucha violenta es fundamental recoger a toda la izquierda violenta del último medio siglo peruano, del ELN a Sendero y el MRTA. Y todos están dentro o se sienten dentro de esa estructura de poder que tiene a su favor lo plural y caótico que antes les condenaba a escisiones infinitas pero que se une ahora en un Poder con el que ya no soñaban, y con unas posibilidades inéditas, pero enormes, con apoyo de China, Rusia, Cuba y demás patulea foropaulista, narcofinanciada por los cocaleros, cuyo jefe es Evo Morales.

Nunca ha existido una coyuntura tan favorable para la implantación del totalitarismo comunista en Iberoamérica. Y salvo reacción militar interna o norteamericana, ninguna de las cuales aparece en el horizonte, va a durar el tiempo suficiente para aprovechar la red de corrupción mediática que es, en el fondo, la fuente de legitimidad internacional del comunismo. Si se estudia el modo en que los grandes medios escritos españoles han tratado la campaña electoral peruana, las denuncias de fraude contra Keiko y el buenismo tercermundista de los corresponsales acerca de Castillo, se verá que en Perú está pasando informativamente lo mismo que en Cataluña o el País Vasco, blanqueando a la ETA y a la CUP. Que, con Podemos, parte del Gobierno de Sánchez, son los partidos que representan lo mismo que Cerrón en el Perú. Lo más parecido a los juramentos de Castillo y Bellido son los de los bildutarras o podemitarras en las Cortes españolas. Y con la misma impunidad mediática, hija de la progrez y de la costumbre.

A lo largo del mes, iré publicando en LD textos sobre la ardiente actualidad peruana y sobre la memoria olvidada o blanqueada del terrorismo senderista, que bien puede decir, cuatro décadas después de sus primeros asesinatos, que ha recomenzado la «guerra popular». Y con más posibilidades que entonces de ganarla. La razón se llama Vladimir Cerrón.

Artículo en: https://www.libertaddigital.com/opinion/federico-jimenez-losantos/vladimir-cerron-un-lenin-para-los-andes-por-el-luminoso-sendero-de-la-habana-6806218/

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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