En el fondo será el París de siempre

Por Javier Pardo de Santayana

(Un momento de la clausura de los JJ. OO.)

El escenario es la despedida de unos Juegos Olímpicos que en las presentes circunstancias dan para mucho asombro. Puede asombrarnos, por ejemplo, el esfuerzo de adaptación que se hace necesario para lograr que la cultura de unas islas del Pacífico trascienda de alguna forma el entorno de un acontecimiento de ámbito mundial pero de inspiración mediterránea, reto difícil que habrá exigido desbordantes dosis de imaginación. Como lo ha sido, por ejemplo, la creación de una esfera terrestre con sus océanos, islas y continentes a base de drones luminosos. Brillante prueba de osadía y de destreza en su conjunto que también ha permitido demostrar la habilidad de los medios españoles a la hora de mostrar la actuación de los representantes españoles en un contexto de emoción y empeño.

Supongo que en tales circunstancias será rutina poco menos que exigible el anuncio y la presentación de París como la próxima sede de los Juegos, que en este caso se celebrarán dentro de tres y no de cuatro años para recobrar el ritmo acostumbrado. Así tendremos ocasión de contemplar un reportaje sobre la capital francesa, con su Torre Eiffel y los innumerables atractivos clásicos que la convierten en un lugar de prestigio ya consolidado que quizá conoció tiempos mejores como los que allí viví siendo muy joven; cuando tuve la ocasión de patearlo a fondo durante cuatro veranos sucesivos. Eran los días de  Edith Piaff, Jacques Trenet, e Yves Montand. Los de la “Vie en rose”.

Pero ahora, en ese anuncio de futuro, lo que suena será nada menos que “La Marsellesa”. Así que, al constatar cómo los atractivos de la bella capital gala se refuerzan con el emocionante fondo del himno nacional francés acompañado del ondear de su bandera, me pregunto cómo reaccionarían nuestros compatriotas si su himno incluyera frases como las que escribió Rouget de Lisle, mas que siguen vigentes:  “¡Adelante, hijos de la Patria! ¡Ha llegado el día de la Gloria!”, ”¿Habéis oído aullar a esos feroces soldados? Vienen hasta nuestros brazos para degollar a vuestras hijas y vuestras compañeras”. O “¡A las armas ciudadanos! “¡Formad vuestros batallones! ¡Que una sangre impura empape nuestros surcos!

Detalles que no importan, en cambio, a nuestros vecinos los franceses, quienes no ven motivo para suprimirlas y las exhiben con orgullo al mundo entero – y con perfecta sincronización con su bandera – como una muestra de su respeto por la Historia y del  poderío del país y su cultura.

Digo esto porque mientras contemplo el reportaje tengo delante un periódico español en el que leo lo siguiente: “El odio a España se enseña en las escuelas de América”, para añadir después que “Los libros de texto recogen una historia deformada sobre la conquista”. Y una fotografía de portada en el que  “un joven arranca una cabeza de una estatua de Colón por las calles de Barranquilla (Colombia)”. Lo cual me hace considerar que tampoco andan muy lejos de estas actitudes y deseos algunos hoy relevantes compatriotas nuestros como los jordis, los garzones, los rufianes, y supongo que también quienes les votan.

Por lo cual me veo en la obligación de preguntarme en estas líneas cuándo decidirán entrar en juego nuestros intelectuales, historiadores y académicos para poner las cosas en su sitio. Y no digamos nuestros embajadores, desplegados por el ancho mundo para hacerlo pero que por ahora dan la impresión de seguir inactivos en sus relevantes puestos oficiales como si la situación no les importara o concerniera.

PS: Por supuesto que en esta reacción debe incluirse la defensa de la lengua española, desprestigiada por nosotros mismos: materia ésta sobre la que, como ustedes saben,  vengo escribiendo repetidamente ya que la situación actual es evidente para cualquiera que tenga dos dedos de frente. Tan es así que su denuncia mereció un articulo – versificado incluso – que pude leer recientemente en el prestigioso ABC, Tercera Página.

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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